Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

Liderazgos políticos democráticos (XI): Jorge Eliécer Gaitán

El análisis histórico de la vida integral de Gaitán, nos indica un caso excepcional de superación personal y consagración a los ideales de la socialdemocracia colombiana de su tiempo.

En la columna anterior, me ocupé de las notas introductorias, de algunas dimensiones históricas, de aspectos centrales de su formación y cargos desempeñados e inicié el abordaje de su pensamiento. Continuemos en esta dimensión y la culminación del ensayo.

La restauración moral de la República. Nos ha bastado proclamar que aspiramos a la restauración moral y democrática de la República. Y esa fórmula diáfana y sencilla ha sido entendida por las gentes de Colombia con toda la fuerza real y trascendente que encierra su contenido. La moral, unidad de conducta en el tiempo y en el espacio hacia un fin determinado de civilización y de cultura, se extiende a todas las relaciones entre los hombres, desde las materiales hasta las que se desarrollan en el más alto plano de la espiritualidad.

No es de esperar que los hombres que tienen de la política una concepción simplemente mecánica; que gozan de la sensualidad del mando por el mando mismo; del poder por el poder mismo y de la ganancia por la ganancia en sí, puedan sentirse impresionados por la consideración o el respeto de estos principios, porque su buen éxito depende de la inexistencia de estas normas.

Las democracias acaban de librar victoriosamente, en sangrientos campos de batalla, con denuedo y sacrificio increíble, la más dramática y heroica contienda de la historia contra el más estruendoso sistema de descomposición moral de nuestro tiempo sintetizado en el nazismo y el fascismo.

Y así el mundo presenció el espectáculo de un fascismo y un nazismo sostenidos, estimulados, mantenidos por el apoyo de los más afanosos ganadores de bienes con el menor esfuerzo que hacían alarde de principios socialistas, no porque tal fuera el propósito, sino porque el disfraz servía para el mejor aprovechamiento de las fuerzas renovadoras por la lujuria de su empeño.

Nunca hemos entendido que el tremendo desajuste que de tiempo atrás registra la vida colombiana pueda ser circunscrito a causas simplemente transitorias, anecdóticas o efímeras, sino que es el resultado de una abominable realidad histórica que no puede ser corregida con ardides estratégicos, con jugadas circunstanciales, con habilidades curialescas, con simples enmiendas burocráticas, sino abocándolas en conjunto, con un cambio de frente, con la creación de un clima distinto.

El proceso de selección de los escogidos a través de asambleas, convenciones y comités está convertido en bolsa negra de todas las concupiscencias, retrayendo de la política, o sea del servicio público, a quienes por tener profesiones y oficios no quieren arriesgarse en ajetreos para los cuales se sienten cohibidos por la dignidad de su vida. El encomio, estímulo y defensa de las virtudes primordiales del hombre, que eran esencia en las admoniciones políticas de un Santiago Pérez, de un Miguel Antonio Caro, o de un Rafael Uribe Uribe, tendría hoy el valor de una ingenua y cándida impertinencia.

¿No estamos demostrando a la juventud, con la más práctica y por eso más fecunda de las lecciones, que en política la sinceridad y la verdad no conducen al fracaso? ¿Qué se puede ser leal consigo mismo, que el triunfo en la vida no hay que esperarlo del caprichoso patrocinio de nadie, sino de la propia energía acumulada, cuando la conciencia arde como una llama en permanente holocausto a la verdad? ¿Qué ante la conciencia pública el prestigio de los hombres depende del historial de su propia existencia y no del ensalzamiento o el vituperio dispensados sin acato a una valorización de méritos intrínsecos? ¿Y no es por sí misma una saludable revolución de las variadas costumbres políticas ésta de que estamos dando ejemplo ahora, según la cual la designación de los mandatarios de un pueblo dejó de ser patrimonio exclusivo de reducidas asociaciones que laboran en el camino de la maniobra, lejos de la voluntad popular que apenas simulan respetar? En lo político, la democracia se expresa por la libertad que exista para hacer oposición a las fuerzas que tienen la personería del Estado. Y en el funcionamiento del Estado esas fuerzas de equilibrio están representadas por la autonomía de las funciones que son propias a cada una de las ramas del poder público, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, en orden a la armonía de un estado de derecho.

La consigna del mundo moderno en administración pública se resume en la eficiencia y ésta no puede existir sin la organización; y la organización es fruto de un empeño real, decisivo y humano, no producto de la simple enunciación. Yo tengo el concepto de que la democracia, repudiando la escoria de los ineptos que a su sombra pretenden alimentar su pereza, es un sistema que puede ser más eficiente que la dictadura. El régimen liberal, según la oligarquía, lo constituyen los actos realizados por el grupo que en determinados momentos detenta físicamente el poder.

El hombre es un ser social. Pero el hombre no es solamente un ser fisiológico, espiritual y económico, sino también un ser social. Todo lo que diga estimular su cooperación, su organización para la defensa de sus intereses, traerá ventajas a la sociedad. Aun cuando no lo piensen así los espíritus estratificados, para nuestro país como para todos los países resultará siempre perjudicial una formación sindical endeble. La organización de los trabajadores colombianos es incipiente si comparamos la mínima porción sindicalizada con la vasta zona trabajadora sin organización. Y aun cuando esto tampoco lo hayan pensado los espíritus inhibidos por el prejuicio, es a la sombra de organismos sindicales imperfectos o viciados como pueden operar los mercenarios que llevan al seno de los grupos obreros los mismos vicios de simulación, corrupción y fraude que afectan a los políticos profesionales. (Plaza de Santamaría, 1945).

El país político y el país nacional. En la actuación del hombre consciente hay una perspectiva histórica y a diferencia de las escalas inferiores y de los tipos mínimos de la especie humana, en las cuales el acto corresponde nada más que al momento, hay un futuro previamente establecido.

La tragedia de las contradicciones. Y otra cosa aparece clara al pueblo cuando observa los hechos de la realidad: que hay hombres que trabajan, se esfuerzan, luchan, y ese esfuerzo y esa lucha apenas les produce para la diaria subsistencia. Y al mismo tiempo, en nombre del movimiento por el cual el pueblo había desbordado sus entusiasmos, gentes sin calidad política, simples comerciantes, hombres sin ideal, individuos venidos de todas las zonas partidistas, sin esfuerzo, sin lucha, sin razón y sin causa se enriquecen de la noche a la mañana.

Entonces el país se pregunta: ¿qué está sucediendo en este valle de Dios? ¿Cómo es posible que los que están unificados en sus conceptos, en el fondo y en los sistemas, presenten esta pugna tan áspera, tan honda? ¿Por qué dividen al partido si están sosteniendo las mismas tesis? Y el pueblo, naturalmente, se desconcierta. Acompañadme a sacar una conclusión, una conclusión patente y clara. El pueblo, meditando en sus problemas económicos, en sus problemas sociales, en la educación de sus hijos, en el enriquecimiento de la agricultura, en la bondad de sus campos, en la defensa del parto de sus mujeres, en la curación de la sífilis, en la lucha contra el alcoholismo, en la destrucción de los parásitos, en la campaña contra el paludismo, en la defensa del hombre y la grandeza de Colombia que se asientan sobre la salud, la inteligencia y la capacidad del colombiano. Ese es vuestro sentimiento, el sentimiento de todo el pueblo que me escucha ahora.

En Colombia hay dos países: el país político que piensa en sus empleos, en su mecánica y en su poder y el país nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura, desatendidos por el país político. El país político tiene rutas distintas a las del país nacional. ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo!

El régimen oligárquico. Cuando en un país la política llega a extremos tales, de espaldas a los intereses de la nacionalidad, podemos afirmar sin vacilaciones que se ha implantado el régimen oligárquico. Porque no creáis, como algunos sofistas han querido hacerlo pensar, que la oligarquía es solamente el dominio de la plutocracia. ¡No! Esa es la oligarquía plutocrática. Ni que oligarquía es únicamente el dominio de la aristocracia. ¡No! Esa es la oligarquía aristocrática.

Oligarquía es la concentración del poder total en un pequeño grupo que labora para sus propios intereses, a espaldas del resto de la comunidad. El país político, o la oligarquía que es la misma cosa, selecciona a los hombres, los infla, los llena de importancia aun cuando no la tengan. De ahí los internacionalistas que jamás han abierto un tratado de derecho internacional; los constitucionalistas que jamás en su vida han sabido lo que es el derecho constitucional; los miembros de comisiones parlamentarias que deciden sobre códigos penales y no han asistido jamás a las aulas universitarias.

Los partidos se conservatizan en el poder. En los países democráticos su estructura política presupone la existencia de fuerzas de la oposición. La oposición abre un paréntesis, no sólo es un derecho sino una necesidad en un país democrático. Ahí radica su fuerza en que haya un gobierno que gobierna y una oposición que en virtud de su crítica controla, limita o impulsa al mandatario para que su actuación sea mejor.

Valga un ejemplo: cuando regresé a Colombia en 1928, desde esta misma tribuna auguré para Francia tristes destinos. Me bastaba haber observado que allá existía un país político que le volvía la espalda al país nacional. Y así pereció Francia. Sólo se salvó cuando llegaron los nuevos conductores en su mayoría desconocidos, los apasionados, los inconformes, los impolíticos. No sólo era un desconocido el general de Gaulle sino un desplazado.

Por la democracia, a la carga. Para el país político la política es mecánica, es juego, es ganancia de elecciones, es saber a quién se nombra ministro y no qué va a hacer el ministro. Es plutocracia, contratos, burocracia, papeleo lento, tranquilo usufructo de curules y el puesto público concebido como una granjería y no como un lugar de trabajo para contribuir a la grandeza nacional. Para nosotros es distinto. En esta lucha estamos y estaremos. Nadie puede detenernos. Sólo si se presentara al debate presidencial un candidato del partido conservador, volveríamos a meditar en la actitud que ante la nueva situación debamos asumir.

Nuestro movimiento es lucha de hombres que quieren redimirse y tienen fuerzas para ello. Porque nos sentimos capaces para esa lucha; porque no tenemos odios; porque respetamos personalmente a nuestros adversarios y a los que no piensan con nosotros, estamos y queremos estar en esta batalla de perfil nacional. Nuestra lucha es pacífica. ¡Tenemos el concepto de que la vida es una cantera y que la piedra de esa cantera no se transforma en catedral o en estatua sino con los cinceles de la pasión y de la voluntad!

Hombres de pasión; hombres que aún creéis en el colombiano fuerte, vigoroso y sin miedo. ¡Adelante! Pueblo: ¡por la restauración moral de Colombia, a la carga! Pueblo: ¡por la democracia, a la carga! Pueblo: ¡por la victoria, a la carga! (Teatro Municipal, 1946).

El partido liberal de Colombia es el partido del pueblo. El liberalismo reconoce que siendo el ideal de la democracia la decisión mayoritaria, su fuerza y realidad residen, en última instancia, en las condiciones y virtudes del hombre que vive en comunidad. Esta razón le obliga a cumplir la misión de defensa, estímulo del hombre colombiano, exaltando la conciencia de su propia dignidad, su carácter, el sentido de la responsabilidad, la tenacidad en la realización y el sentimiento de que el esfuerzo por la victoria de sus ideas políticas encuentra compensación en el bienestar colectivo.

Una asociación de hombres libres. El partido liberal es una asociación de hombres libres en busca de un sistema de beneficio para todos los colombianos, y afirma que sus intereses deben someterse a los de la Nación, y no los de la Nación a los suyos. Por esto, el partido declara contrario al bien de la patria convertir la actividad política en una simple actividad electoral y la conquista del poder en una contribución democrática.

El liberalismo considera el fraude y la coacción electoral. El liberalismo considera el fraude y la coacción electoral, en todas sus formas, como el más grave atentado contra la democracia, y cree necesaria la adopción de sanciones penales realmente aplicables.

Solidaridad de Colombia con los Estados Unidos. El liberalismo es partidario de la solidaridad de Colombia con los Estados Unidos y en ningún caso confunde a las grandes fuerzas democráticas que en esa Nación batallan por el mismo ideal de los demás pueblos con los grupos imperialistas, cuya actividad es funesta para la democracia del norte, como para la de los otros países. El liberalismo entiende que la realidad de la amistad entre los Estados Unidos y los demás países de América tiene como bases principales la defensa conjunta de la estructura republicana y democrática, el intercambio comercial con ventajas equivalentes a la no intervención en las determinaciones políticas internas.

Elección popular de alcaldes, gobernadores y designado. El liberalismo es partidario de que el presidente, el primer designado, los gobernadores y los alcaldes de las capitales y ciudades que tengan determinada población o determinado presupuesto sean elegidos popularmente.

Preparación técnica y social para las fuerzas militares. Para el liberalismo las fuerzas militares de Colombia representan una expresión vital de la patria. El ejército no debe ser mirado como entidad de simples fines militares en caso de guerra, sino como cuerpo que tiene una misión de trascendencia social en tiempo de paz. De ahí que su preparación técnica para el primer objetivo debe ser elevada al plano científico que han impuesto las exigencias modernas. Y que, para el segundo, se le debe vincular a la actividad social creando solidaridad de acción entre el pueblo y el ejército. (Plataforma del Teatro Colón, 1947)

En esta intervención gaitanista, se encuentran otros aspectos fundamentales que permiten conocer el pensamiento comprensivo que, de la realidad nacional e internacional, tenía Gaitán para esta época. Ahora, complementemos su pensamiento con la presentación y el análisis de dos discursos reconocidos como clásicos que Gaitán legó a la posteridad: su Oración por la paz (febrero 7 de 1948) y El silencio es grito (febrero 15 de 1948). En ellos se recogen dimensiones críticas del ambiente político imperante en el país, justamente sesenta días antes del asesinato del caudillo.

La oración por la paz. En esta pieza podemos señalar varios aspectos simbólicos trascendentes: las banderas negras; el carácter nacional de la manifestación; el silencio de la multitud; la disciplina de las masas del partido liberal y el dominio de la conciencia popular ejercido por el caudillo en la plenitud de su vocación y prestigio políticos. Es un discurso en donde las ideas centrales expuestas son: i. La defensa del derecho a la vida. ii. La exigencia de paz. iii. El cumplimiento de la ley. iv. La defensa de los derechos de los débiles; y v. El ejercicio civilizado y democrático del poder. Leamos incisivamente el conjunto de la elaboración:

“Señor presidente Ospina Pérez: Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria.

En todo el día de hoy, excelentísimo señor, la capital de Colombia ha presenciado un espectáculo que no tiene precedentes en su historia. Gentes que vinieron de todo el país, de todas las latitudes –de los llanos ardientes y de las frías altiplanicies– han llegado a congregarse en esta plaza, cuna de nuestras libertades, para expresar la irrevocable decisión de defender sus derechos. Dos horas hace que la inmensa multitud desemboca en esta plaza y no se ha escuchado sin embargo un sólo grito, porque en el fondo de los corazones sólo se escucha el golpe de la emoción. ¡Durante las grandes tempestades la fuerza subterránea es mucho más poderosa, y ésta tiene el poder de imponer la paz cuando quienes están obligados a imponerlas no la imponen!

Señor presidente: ¡aquí no se oyen aplausos: sólo se ven banderas negras que se agitan!

Señor presidente: vos que sois un hombre de universidad debéis comprender de lo que es capaz la disciplina de un partido, que logra contrariar las leyes de la psicología colectiva para rescatar la emoción en su silencio, como el de esta inmensa muchedumbre. Bien comprendéis que un partido que logra esto, muy fácilmente podría reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa.

Ninguna colectividad en el mundo ha dado una demostración superior a la presente. Pero si esta manifestación sucede, es porque hay algo grave, y no por triviales razones. Hay un partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre siga derramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión de la conciencia general. No me he engañado cuando he dicho que creo en la conciencia del pueblo, porque ese concepto ha sido ratificado ampliamente en esta demostración, donde los vítores y los aplausos desaparecen para que sólo se escuche el rumor emocionado de los millares de banderas negras, que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres villanamente asesinados. Señor presidente: serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.

Amamos hondamente a esta Nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable.

Señor presidente: en esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!

Os pedimos que cese la persecución de las autoridades; así os lo pide esta inmensa muchedumbre. Os pedimos una pequeña y grande cosa: que las luchas políticas se desarrollen por los cauces de la constitucionalidad. ¡No creáis que nuestra serenidad, esta impresionante serenidad, es cobardía! Nosotros, señor presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!

Impedid, señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo menos que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia. Señor presidente: ¡nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de nuestros corazones sólo os reclaman: que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que os traten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!

Os decimos finalmente, excelentísimo señor: bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio. ¡Mal aventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!”

El silencio es grito. Coetáneamente a la Manifestación del Silencio, que se celebró en Bogotá el 7 de febrero de 1948, se efectuaron otras manifestaciones en distintas ciudades colombianas. En las de Manizales y Pereira perecieron veinte personas como fruto de la represión gubernamental de la que fue inculpado el gobernador Muñoz Botero. Gaitán viajó a Manizales para homenajear a las víctimas y allí pronunció, el 15 de febrero, su oración: El silencio es grito. El texto es una demostración empírica de su capacidad para interpretar el dolor de los humildes y proyectarlo creativamente. Notemos que el silencio de los muertos se transforma en: i. Grito de justicia. ii. Fuente para acrecentar la capacidad de lucha. iii. Acicate para vencer los obstáculos. iv. Acrecentamiento de la indomable capacidad de triunfo del partido liberal; y v. Posibilidad de restablecer la justicia y la paz. Veamos, cuidadosamente, su estructura general:

“Compañeros caídos en la lucha: discurría vuestra existencia de hombres buenos, de gente honrada y sencilla, sobre las mansas aguas, hacia el destino de todo humano vivir, cuando un golpe aleve de hombres malos y crueles os arrojó hacia las playas del silencio y de la muerte.

Verdad es que los hombres de ánima helada os arrancaron de nuestro lado, de nuestros brazos, de nuestras luchas, pero sólo consiguieron multiplicaros en lo íntimo de nuestra devoción, de nuestro recuerdo y nuestro afecto.

Verdad es que vuestras pupilas ya no se encienden en luz de amor por vuestras madres, por vuestras novias o por vuestros hijos: hombres malos las apagaron.

Verdad es que vuestras gargantas no serán ya el alegre clarín para cantar los cantos de la democracia que nuestras huestes cantan: hombres malos las silenciaron.

Verdad es que vuestros corazones no vibrarán más al ritmo de las emociones de los libres que las ideas liberales alientan: hombres malos los detuvieron.

Verdad es que vuestros brazos y vuestros músculos no modelarán ya sobre la tierra o en el taller el crecer del fruto y la riqueza de que la patria ha menester: hombres malos os lo impidieron.

Verdad es todo esto. Dolorosa verdad, angustiosa verdad, que golpea con golpe de ola en la noche sobre nuestro corazón. Pero es verdad a medias. La tiniebla de vuestras pupilas se ha trocado en luz de estrella conductora de nuestras gentes del partido liberal.

El silencio de vuestras gargantas es ahora grito de justicia en nuestras gargantas; el desaparecido ritmo de vuestros corazones es ahora indomable raudal de energía para nuestra fiera voluntad de lucha.

Vuestros miembros inmovilizados son ahora centuplicada fuerza que nos empuja sin tolerar descansos; y que no ha de suspenderse hasta devolver a la República al camino de la piedad, del bien y de la fraternidad, que hombres de aleve entraña les han robado.

Verdad es, compañeros de lucha, tronchadas vidas, buenas y humildes, que os lloramos. Pero nuestro decoro no nos impide lloraros adentro. Y en el río interior de nuestro llanto ahogaremos las dañadas plantas que envenenaron con su perfidia el destino de la patria.

Compañeros de lucha: sólo ha muerto algo de vosotros, porque del fondo de vuestras tumbas sale para nosotros un mandato sagrado que juramos cumplir a cabalidad. Seremos superiores a la fuerza cruel que habla su lenguaje de terror a través de iluminado acero letal. El dolor no nos detiene, sino que nos empuja. Y algo profundo nos dice que al destino debemos gratitud por habernos ofrecido la sabia lección y la noble alegría de vencer obstáculos, de dominar dolores, de mirar en lo imposible nada más que lo atrayentemente difícil. ¡Vuestras sombras son ahora la mejor luz en nuestra marcha!

Compañeros de lucha: os habéis reincorporado al seno de la tierra. Ahora, con la desintegración de vuestras células, vais a alimentar nuevas formas de vida. Vais a sumaros al cosmos infinito que, desde la entraña oscura e insomne, alimenta al árbol y a la planta que sirven de alegría a nuestros ojos y de pan a nuestro diario vivir. Pero algo más a darnos a través de vuestro recuerdo, ya que la muerte en lo individual no es sino un parpadear de la vida hacia formas más elevadas de lo colectivo y de su ideal.

Compañeros de lucha: al pie de vuestras tumbas juramos vengaros, restableciendo con la victoria del partido liberal los fueros de la paz y de la justicia en Colombia. ¡Os habéis ido físicamente, pero qué tremendamente vivos estáis entre nosotros!

¡Compañeros: vuestro silencio es grito. Vuestra muerte es vida de nuestro destino final!

A pesar del alcance político y admonitorio de estas dos intervenciones públicas, la violencia ejercida contra el partido liberal continuó. En efecto, en su editorial del 13 de marzo de 1948, el diario bogotano El Tiempo dice: “En el curso de año y medio se han cometido, para dolor de Colombia, incontables delitos, crímenes pavorosos, matanzas despiadadas, como las de Siachoque, Duitama, Moniquirá, Chita, Chiquinquirá, Paipa, Pauna, en Boyacá; como las de Sandoná y Jenoy en Nariño; Los Santos, Suratá, San Andrés, Vélez y Mogotes en Santander; Pereira y Manizales en Caldas; Mompox, en Bolívar; San Cayetano en Cundinamarca; Anserma Nuevo en el Valle. Decenas y decenas de muertos. Vidas sacrificadas por el sectarismo de autoridades parciales; destrozadas por fusiles oficiales. Y hasta el momento no se ve por parte alguna esa implacable acción de la justicia que había sido anunciada”.

Cuando no tenía contendores políticos que pudieran disputarle su ascenso a la Presidencia de la República, el 9 de abril de 1948, Gaitán es asesinado por Juan Roa Sierra –un ser patologizado– a la salida de su oficina en la carrera 7ª con Avenida Jiménez. La reacción del pueblo produjo en Bogotá el hecho político reconocido como “El bogotazo” [1], acompañado de manifestaciones y hechos de violencia abierta en las ciudades más importantes del país. Aunque no consta en autos, se considera que los intereses del capital fueron los determinantes de su asesinato.

Observemos que Carlos Lleras Restrepo, jefe del partido liberal, sostuvo el día de su entierro simbólico, en el discurso pronunciado en el Parque Nacional: “Por semanas, por meses, por años, mantuvo con el pueblo un diálogo ininterrumpido cuyo solo recuerdo causa asombro, y llegó un momento en que ya no fue posible distinguir entre esas dos voces: la de Gaitán y la del pueblo”. “Atrás queda el gesto vanidoso de quienes creen poder sacar de sus propias cabezas todos los programas políticos, como si éstos no tuvieran que ser forzosamente la sistemática y ordenada interpretación de los anhelos populares. Atrás queda el aristocrático aislamiento de los grupos rectores. Atrás las orientaciones imaginadas en círculos estrechos, que no se cree necesario explicar abiertamente en el aire libre del ágora”. “No podrá ya hacerse en Colombia una política que merezca tal nombre, sino con el pueblo. Nada remediaremos con alejarnos de las masas y con hacer que se sientan extrañas a nosotros.” (El Tiempo, abril 21 de 1948, p. 13).

Semblanza final. Teniendo presente una comprensión cuidadosa de su vida, deseo sintetizar lo que se me presenta como un conjunto preciso de cualidades que Gaitán fue perfilando y modelando, desde su juventud hasta la plenitud de su liderazgo político [2].

Jorge Eliécer Gaitán Ayala fue un líder político con sentido de grandeza y de la historia que, a base de estudio, consagración y desarrollo de su inteligencia, fue plasmando una rica personalidad. Era de un trato sencillo y directo que, con autodisciplina, le permitió adquirir una gran confianza en sí mismo y facilitó su afirmativa vocación de triunfo profesional y político. Como fruto de profundas convicciones fue poseedor de una fina sensibilidad social y un radical sentido de la justicia. Amante del derecho y del ejercicio de su profesión, fue respetuoso del saber, la intelectualidad y el orden jurídico. Además de su experiencia europea (1926-1928), en el parlamento colombiano pudo escuchar oradores de la talla de Benjamín Herrera, Luis Cano, José Vicente Concha, Laureano Gómez, Enrique Olaya Herrera, y recibir la benéfica influencia de Rafael Uribe Uribe.

Fue un ser apasionado, sincero y grato con todos aquellos que tuvieron significación en su existencia. Con un positivo y natural sentido de lo popular, fue liberal-socialdemócrata, nacionalista y progresista que creyó en el valor de la palabra. La conjunción de sus calidades y cualidades; sus convicciones; y su labor en beneficio de los intereses de la mayoría de la población, lo hicieron acreedor a ser reconocido como un caudillo.

Ideológicamente, está ubicado dentro de la socialdemocracia. El contexto de la población dentro del cual desarrolla su labor está configurado por un 70% rural y 30% urbano. Su extracción social puede ubicarse entre baja alta y media baja (urbana). Como líder, defendió prioritariamente lo popular y forjó por sí mismo su prestigio intelectual, político, cultural y social. Como aparato político para su labor, organizó transitoriamente (1933) la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR) y posteriormente se reincorporó al partido liberal. Los medios de comunicación usados fueron la prensa de reducida circulación; una radio incipiente; conferencias y discursos múltiples en plaza pública y recintos cerrados.

Un perfil general de Gaitán, lo podríamos condensar así: caudillo popular; intelectual; jurista; parlamentario; profesor y rector universitario. Conocedor profundo de la realidad nacional, internacional y de la problemática del Estado. Consagrado lector y brillante conferencista. Para él “una gran satisfacción era la de lograr un objetivo por el camino del personal esfuerzo”. Los cargos desempeñados más importantes fueron: representante; senador; segundo Designado a la Presidencia de la República; ministro de Educación y del Trabajo y alcalde de Bogotá. Miembro de la Academia de Jurisprudencia y de la Comisión Redactora de los códigos penales. Era el Jefe Único del partido liberal y candidato a la Presidencia de la República en 1948 con las más altas probabilidades de triunfo para 1950.

Su ejercicio profesional estuvo concentrado en la abogacía (penalista); la juridicidad y la política, con incursiones periodísticas (fundó el semanario Jornada). Su moralización de la política estuvo centrada en la denuncia contra la corrupción oligárquica. Estando en la plenitud de su prestigio político, organiza la Manifestación del Silencio, para protestar contra la violencia gubernamental en distintos sitios del país.

Visto en perspectiva, se me presenta como uno de los más grandes caudillos políticos del siglo XX en Colombia y América Latina. Forjador de un nuevo destino y una nueva fe para la base popular, para la base liberal y conservadora de aquel entonces; y también, para importantes sectores de las masas comunistas, aunque tuvo serios distanciamientos con las directivas de este partido al cual no perteneció jamás.

Jorge Eliécer Gaitán es un ejemplo para quien desee triunfar mediante el ejercicio de la inteligencia, la consagración y el valor. Nuestra juventud debe saber que existen colombianos cuya vida, obra y vocación vale la pena imitar y superar; que tienen luz propia, saberes y oficios dignos de ser retomados y proyectados. Uno de ellos es Gaitán. Sin embargo, es uno de los grandes desconocidos y se le ha pretendido olvidar y extrañar, aunque algunos políticos “gaitanean”. Su vida y obra son una realización objetiva del valor histórico de sus ideas, de su lucha, de su consagración y de su vocación política socialdemócrata.

Referencias

 [1]Se me presenta útil la lectura contextual que, de este hecho, hace Gabriel García Márquez en Vivir para contarla. Norma. Bogotá, pp. 330-363

[2]De la relectura ampliada de sus intervenciones parlamentarias, académicas y en plaza pública; de su producción teórico-jurídica y de su labor profesional, podrá inferirse que los contenidos de esta semblanza están respaldados empíricamente por una vida excepcional. Para tal efecto véanse, especialmente, los textos de A. Alape; A. García; J. A. Osorio; J. Villaveces; y A. Zalamea, indicados en la bibliografía básica.

Bibliografía básica

ALAPE, Arturo, (1983). El Bogotazo: memorias del olvido, Fundación Universidad Central, Bogotá. ARENDT, Hannah, (1959). The human condition, Double Day Anchor Books, Garden City, N.Y. ARRUBLA, Mario, et al., (1978). Colombia hoy, Siglo XXI, Bogotá. BOBBIO, Norberto, (1993). Igualdad y libertad, Paidós, Barcelona. ECHANDÍA, Darío, (1981). Obras Selectas, 5 tomos, Banco de la República, Bogotá. FALS BORDA, Orlando, (1986). “El nuevo despertar de los movimientos sociales”. En: Revista Foro No. 1, Bogotá. FERRI, Enrico, (1968). The Positive School of Criminology, Edit by Stanley E. Group, Pittsburgh University Press. GAITÁN, Jorge Eliécer, (1924). Las ideas socialistas en Colombia, Centro Gaitán, Ed. facsimilar, Bogotá. ______, (1928). Criterio positivo de la premeditación, Traducción del original italiano. Revista “La Scuola Positiva”, Bogotá. ______, (1968). Antología de su pensamiento, Ediciones Suramérica, Bogotá. ______, (1983). Defensas penales, Temis, Bogotá. _____, (1984). La Constituyente de 1947. Un ejemplo de democracia representativa, Centro Gaitán, Bogotá. ______, (1985). Escritos políticos, El áncora Editores, Bogotá. ______, (1988). El debate sobre las bananeras, Centro Gaitán, Bogotá. GARCÍA, Antonio, (1974). Gaitán y el camino de la revolución colombiana, Ediciones Camilo, Bogotá. GÓMEZ BUENDÍA, Hernando, (1999). ¿Para dónde va Colombia?, Tercer Mundo-Colciencias, Bogotá. JARAMILLO URIBE, Jaime, Ed., (1970). Antología del pensamiento político colombiano, 2 vols., Publicaciones del Banco de la República, Bogotá. LEAL BUITRAGO, Francisco, (1973). Análisis histórico del desarrollo político nacional 1930-1970, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá. LÓPEZ, Alejandro, (1931). Idearium liberal, Ediciones La antorcha, París. MOLINA, Gerardo, (1977). Las ideas liberales en Colombia de 1935 a la iniciación del Frente Nacional, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá. MONTAÑA CUÉLLAR, Diego, (1963). Colombia: país formal y país real, Ediciones Suramérica, Bogotá. MORALES, Otto, (1987). Liberalismo destino de la patria, Plaza & Janés, Bogotá. NATIONAL ARCHIVES OF THE UNITED STATES, DEPARTMENT OF STATE, (1948). Colombian revolution files and Bogotá consular reports (1946-1948), Washington, D.C., OCAMPO, José Antonio, (2004). “Economía y democracia”. En: PNUD 2004b, Aguilar Nueva York. OSORIO LIZARAZO, José Antonio, (1979). Gaitán: vida, muerte y permanente presencia, Carlos Valencia Editores, Bogotá. PALACIOS, Marco, (1971). El populismo en Colombia, Ediciones El Tigre de Papel, Bogotá. PIZARRO LEÓN GÓMEZ, Eduardo, (2004). Una democracia asediada, Norma, Bogotá. ROA SUÁREZ, Hernando, (2005). El liderazgo político, UPN, Bogotá, 4ª Edición. ______, (1994). Jorge Eliécer Gaitán. Caudillo liberal, ESAP Publicaciones. SÁNCHEZ, Gonzalo, y otros, (1983). Bandoleros, gamonales y campesinos: el caso de la violencia en Colombia, Áncora Editores, Bogotá. URIBE URIBE, Rafael, (1979). Obras selectas. 2 vols., Cámara de Representantes, Colección Pensadores Políticos Colombianos, Bogotá. VALENCIA, Luis Emiro (ed.). (1968). Gaitán: antología de su pensamiento económico y social, Ediciones Suramérica, Bogotá. VILLAVECES, Jorge, ed., (1968). Los mejores discursos de Gaitán, Editorial Jorvi, Bogotá. WEBER, Max, (1970). El político y el científico, Alianza Editorial, Madrid. ZALAMEA, Alberto, (1999). Gaitán autobiografía de un pueblo, Zalamea Fajardo Editores, Bogotá.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernando Roa Suárez

¿Qué líderes políticos necesitamos?

La importancia del liderazgo político