Por: Madame Papita

A lo cubano

Pisar La Habana es meterse en una tarjeta postal congelada en los años 70, llena de grandes edificios y monumentos que nos enseñan el valor que los cubanos le dan a su historia, su cultura y sus raíces. La alegría es contagiosa, no solo al escuchar su música en cada rincón de la ciudad, es maravillarse con la amabilidad y calidez de su gente, y vivir la sorprendente restauración de la ciudad vieja.

Esta mezcla que se respira en cada esquina ha traído un significativo crecimiento turístico y, por ende, un cambio en la oferta gastronómica. Una oferta diversa, que flirtea entre la comida nacional y coqueteo con algunos platos internacionales que aparecen y desaparecen de acuerdo a las temporadas de algunos productos propios y foráneos. Cuba se cocina lenta y sabrosamente al son de tradiciones del Caribe y de su posibilidad de autoabastecerse.

Hoy quiero mostrarles La Habana a través de varios lugares que visité y que harán de su paso por esta joya del Caribe un recuerdo entrañable en su memoria y en su paladar. Para muchos sonará como una historia de una turista más, pero en realidad es un viaje lleno de emociones, de conocer y de entender la fortaleza de un pueblo que se mantiene recio gracias a su cultura y su identidad.

El Cocinero, mirando a la chimenea (@elcocinerohabana): Al final del barrio Vedado colindando con Miramar se encuentra un lugar mágico para un almuerzo ligero o unos buenos mojitos con una delicia de música entre chill out, rock y nuevas tendencias. Justo al lado se encuentra la Fábrica de Arte Cubano (FAC), un multiespacio cultural donde la música en vivo, las exposiciones, el teatro, el cine y el arte contemporáneo se mezclan con este vecino lleno de magia habanera. La terraza del lugar es inigualable, con vista a la gran chimenea de una antigua fábrica de aceite que además tiene un espacio VIP para cenas privadas y un bar con vista a Miramar. Les recomiendo comenzar con unas frituritas de malanga acompañadas de un rico ají de miel y las empanadillas de queso azul con una salsa agridulce que hacen la combinación perfecta. De fuerte hay desde frescas ensaladas (que son una bendición) o algunas tapas como los chorizos parrilleros, las patatas bravas y los sándwiches; los reyes de la carta son el codito de cordero al romero, la langosta grillé y el tuna tataki.

La Guarida (@laguaridahavana): Este es uno de los sitios que a pesar de su antigüedad sigue siendo un referente de la buena comida de la ciudad. En pleno centro de La Habana, Concordia #418, es reconocido porque fue una de las locaciones principales de la famosa película de Tomás Gutiérrez Alea, Titón, y Juan Carlos Tabío: Fresa y chocolate. En una casona casi derruida, luego de atravesar un segundo piso lleno de ropa colgada y sábanas limpias llegan a un tercer piso donde la comida local se mezcla perfectamente con un amplia selección de rones. El salón de puros tiene un ambiente de club de antaño que invita a un buen coñac, a otro ron local y, por supuesto, a los mejores puros cubanos entre Montecristo, Partagás, Romeo y Julieta o Cohiba. Todo en La Guarida parece como sacado de la ficción, y vale la pena. Es una experiencia única y un lugar obligado por donde han pasado todas las celebridades mundiales que visitan la ciudad. Mis preferidos en la carta: el conejo provenzal con caponata de olivas y el rabo de toro con risotto de azafrán. Una experiencia sin lugar a dudas ¡de película!

La Chuchería Sport Bar (@Sportbar_lachuchería): Ideal para ir a desayunar después de trotar por el Malecón en una mañana soleada habanera. Muy cerca del emblemático hotel La Riviera encuentran este café inspirado en los bares temáticos de deportes norteamericanos pero en este caso es un homenaje al béisbol, el deporte nacional. Huevos, sándwiches, ensaladas y hasta tapas con el mejor jugo de mango que me he tomado en La Habana, dulce y con mucha pulpa, y un excelente café cubano para descansar de un fresco paseo con vista al mar.

En el Callejón del Chorro, justo al lado de la plaza de la catedral, se encuentra el Paladar Galería Orozco (Paladar es el nombre que les dan a los “restaurantes” privados o casas, donde abren sus puertas a propios y foráneos para comer) donde por un muy buen precio encuentran auténticas y generosas viandas locales: langosta al ajillo, arroz espumoso, tostones de boniato, carne asada con su mojo criollo, ropa vieja, bistec de cerdo encebollado y hasta una paella vegetariana con un toque de plátano tostado que fue una revelación de sabor. Mientras llega su comida disfrute del callejón y sus personajes con un daiquiri helado. Les aseguro una tarde inigualable (ah, y tiene wifi gratis).

Habana Blues: En la ciudad hay muchas referencias al cine nacional y este restaurante hace un homenaje al clásico homónimo de Benito Zambrano. Además de su rica comida cubana, entre pescados, mariscos, arroces y pastas, el atractivo principal del lugar es que los meseros, el personal de bar y el o la anfitriona (hostess) son actores quienes desde la llegada de sus comensales al lugar entran en una dinámica de conversación y atención con el cliente que motiva al cubano a querer ir y ser parte de ese performance. Para un extranjero puede pasar desapercibido el detalle, pero seguro sentirán un ambiente muy cálido y se conmueven con verlos cantar y declamar a los grandes poetas latinoamericanos. Yo por lo menos salí profundamente enamorada del amor y de estos entrañables personajes.

Antes de salir de La Habana vieja pase por Mojito Mojito, son los mejores de la zona y los grupos musicales que se presentan todas las tardes son realmente excepcionales, dignos de un país donde se respira arte, calidad y orgullo por su música, por su comida, por su cubanía.

@chefguty

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