Por: Armando Montenegro

Locomotora varada

ESTÁ VARADA UNA DE LAS LOCOMOtoras con las que el gobierno quiere jalar la economía.

Un estudio de Fedesarrollo muestra la magnitud del desastre de la agricultura colombiana (www.fedesarrollo.org.co, Tendencia económica). Desde el año 2001 hasta 2008, este sector creció a una tasa de sólo el 2,2% anual, la mitad de la del PIB, 4,3%. Y pasó de representar el 9,4% de la economía a sólo el 6,9% ¡Se contrajo en casi una cuarta parte en ocho años!

La agricultura colombiana tuvo en esos años un crecimiento bastante inferior al de ese sector en Brasil, México, Chile y Perú.

Fedesarrollo insiste en que este comportamiento no se debió a la situación mundial que, por el contrario, en esos años gozó del boom de los precios de los commodities, y que sigue siendo favorable en la actualidad. Tampoco se originó en la inseguridad, porque precisamente en esos años mejoraron los problemas del secuestro y la extorsión.

El estancamiento agrícola tampoco tuvo su raíz en la tasa de cambio, porque la revaluación de Chile o Brasil fue tan severa o más que la de Colombia. Es más, otros países desarrollaron, en medio de la apreciación cambiaria, grandes exportaciones de nuevos productos: México, tomates y aguacate, con ventas anuales de US$1.200 millones y US$621 millones, respectivamente; Perú, espárragos, US$236 millones; Chile, uvas y manzanas, US$1.966 millones y US$1.105 millones, respectivamente; Costa Rica, piña, casi US$500 millones. En la oferta agrícola de Colombia no hay nada nuevo.

La crisis de Colombia, dice Fedesarrollo, tampoco se debe a la escasez de tierras, pues ellas son abundantes. Tampoco se halla en la baja inversión pública, pues, en términos nominales, ésta se triplicó en los dos gobiernos de Uribe.

Dado que la agricultura no está varada por la situación internacional, la inseguridad, la revaluación y la falta de inversión pública, Fedesarrollo sostiene que la causa hay que buscarla en una política económica equivocada. En Colombia se dan incentivos artificiales para producir bienes agropecuarios que no pueden ser exportados debido a sus altos costos unitarios. La mejor tierra se usa en forma ineficiente y el país es incapaz de aprovechar la buena situación internacional para desarrollar una renovada oferta exportable. Por eso, la agricultura representa un volumen cada vez menor de la producción nacional y no puede ofrecer empleos y crear las condiciones para reducir la pobreza en el campo.

La inversión pública en el sector se limitó a realizar dudosas transferencias a grandes agricultores. No incentivó la modernización y, posiblemente, sustituyó el esfuerzo privado para hacer inversiones que se iban a dar de todas maneras. Debió dirigirse a crear bienes públicos como la investigación agrícola y mejorar la infraestructura de transporte rural.

Eso sí, Fedesarrollo no analiza el costo, en términos de producción, que tuvieron la contrarreforma agraria narcoparamilitar y el desplazamiento forzado de cientos de miles de personas.

Si el Gobierno quiere acelerar el crecimiento de la agricultura, además de la restitución de tierras apropiadas por los delincuentes —su prioridad hasta ahora—, tiene que rectificar las erróneas políticas que la han condenado al estancamiento. Muy poco de esto, por el momento, se ha puesto sobre la mesa. Si no lo hace, nunca se prenderá esta locomotora.

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