Por: Marcos Peckel

Los hijos de Isis

Unos 42.000 extranjeros se unieron a las filas del Estado Islámico en los años del califato desde 2014, cuando éste fue declarado por Abu Bakar al Bagdadí en la mezquita Al-Nuri, en Mosul, ciudad que había sido ocupada por los yihadistas días antes. Unas 5.000 mujeres, de medio centenar de países, muchas adolescentes, hicieron lo propio, la mayoría de las cuales fue al califato a “contraer matrimonio” con algún combatiente; otras fueron atraídas por la ideología, una nueva forma de vida, “empoderamiento” y la oportunidad de ser alguien en ese gran proyecto que en su momento significó el califato.

Se estima, según datos del Centro Internacional de Estudios del Radicalismo (CIER), adscrito al King College de Londres, que unos 5.000 a 6.000 occidentales se unieron a las filas de Isis; unas 700 mujeres, la mayoría británicas. Algunas llegaron a Siria con sus hijos, dejando atrás a sus maridos. Según Luis Almagro, secretario general de la OEA, unos 80 latinoamericanos se unieron a las filas de los yihadistas, la mayoría de Trinidad y Tobago.

Con la caída del último bastión del califato en la población siria de Baghuz, quedó en evidencia la gravedad y sensibilidad del problema de las mujeres y niños de Isis. En los campos de refugiados a los cuales se han confinado hay aproximadamente 4.000 niños, de los cuales hay un millar confirmados como nacidos en el califato, aunque cifras de CIER estiman en unos 5.000 las criaturas descendientes de combatientes de Isis y sus “esposas”.

Las mujeres de Isis no se dedicaron únicamente a parir niños, también asumieron tareas de gran importancia para el califato. La notoria brigada Al Khansaa, que operaba principalmente en Raqqa y Mosul, las capitales del califato, vigilaba que las mujeres se ciñeran al estricto código de conducta y vestimenta. Mujeres de Isis fueron partícipes de atrocidades contra traidores y enemigos del califato. Algunas se dedicaron a la exitosa propaganda en línea para reclutar combatientes, hombres y mujeres.

El sufrimiento de las madres de Isis se evidenció en los últimos días, tras el sangriento final del califato. Occidente debate acerca de qué hacer con esas madres, la gran mayoría viudas, que se plegaron a la causa radical en su adolescencia, sobrevivieron, varias con sus hijos, y ahora desean retornar a sus países de origen. Algunas que lo habían hecho anteriormente siguieron militando en la organización terrorista, responsables de atentados o intentos en Marruecos, Indonesia, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, entre otros países, lo que encendió las alarmas.

Son miles los niños y mujeres que languidecen en los campos de refugiados y prisioneros en Siria e Irak esperando su destino. Inglaterra ha despojado de la nacionalidad a algunas madres, mientras Estados Unidos, Bélgica, Alemania, Rusia, etc. se niegan a recibir de regreso a las “novias de Isis” y sus vástagos nacidos en la peor de las circunstancias.

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