Por: Cartas de los lectores

Los kurdos y la guerra en Siria

La guerra de los gobiernos de Irak y Siria y las potencias aliados contra el Estado Islámico en el Oriente Próximo es atroz, despiadada y sanguinaria, igual que las respuestas de las milicias yihadistas del Estado Islámico. En ambos lados, el terrorismo y las crueldades de la guerra han generado destrucciones, crímenes, genocidios y millones de refugiados. Son dos países devastados y en ruinas, focos de dos encarnizadas guerras por un nuevo orden en los dominios de las riquezas de petróleo y gas en el Oriente Próximo.

La expansión del Estado Islámico sobre las principales reservas energéticas de ambos países generó respuestas inmediatas de las potencias y de las monarquías de la región. En Irak, la caída del régimen de Sadam Husein generó un vacío de poder que ha tenido grandes repercusiones en la estabilidad política de la región. Igualmente, la guerra en Siria ha traído más inestabilidad y apariciones de nuevos actores en los conflictos regionales.

Uno de los actores más visibles en el nuevo péndulo de los conflictos regionales es el pueblo kurdo a través de diferentes organizaciones políticas y militares en Turquía, Irak y Siria. Las milicias de sus diferentes organizaciones rebeldes han sido bastiones claves para frenar la expansión del Estado Islámico sobre regiones petroleras estratégicas. Milicias que han recibido apoyo financiero y entrenamiento militar de fuerzas especiales de Estados Unidos y sus aliados.

De esa manera las organizaciones kurdas como los peshmergas y la Unidad de Protección Popular, entre otras fuerzas, se han convertido en determinantes en las estrategias de los aliados para frenar los avances del Estado Islámico. Pese a que la mayoría de los kurdos son sunitas como los yihadistas del Estado Islámico, su diferencia radica en que mientras los del Estado Islámico buscan conformar un califato islámico para acabar con las actuales fronteras nacionalistas, los kurdos quieren más autonomía y sueñan con el establecimiento su propio Estado.

Los kurdos son un pueblo sin patria, la minoría étnica más grande en el Oriente Próximo. En consecuencia, reclaman la constitución de un Estado en sus ancestrales asentamientos. Su población se calcula entre 50 y 60 millones, repartida en Turquía, Irak, Irán y Siria.

Sus luchas por tener una patria son milenarias. En la Primera Guerra Mundial apoyaron a las fuerzas aliadas contra el imperio Otomano y fue así como lograron el reconocimiento como estado independiente de Kurdistán. Reconocimiento que se dio con el Tratado de Sèvres, el cual no fue ratificado y luego sustituido por el Acuerdo de Lausana de 1923, mediante el cual las potencias Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón se repartieron de acuerdo con sus intereses económicos y estratégicos el territorio del imperio Otomano y establecieron las fronteras de Turquía.

Tratado que marcó el epílogo del Estado de Kurdistán y el reparto de su territorio entre Turquía, Irán, Irak y Siria. En aquella coyuntura los soviéticos trataron de anexar el territorio del efímero estado a Azerbaiyán. Un elemento que hay que tener en cuenta en las actuales rivalidades es que los territorios dominados por los kurdos son tierras fértiles para la agricultura y la ganadería, poseen inmensas reservas de petróleo y gas, riquezas codiciadas por las potencias.

Parte de las conflictividades en los territorios dominados por los kurdos obedecen a que en Irak se explota el 75 % del petróleo, en Irán el 50 % y más del 90 % de las reservas de crudos de Siria y Turquía.

Hace poco, un estudio de reveló que la región kurda de Irak tiene reservas de gas que superan los 100 billones de metros cúbicos. En efecto, por ese valor estratégico las potencias se han visto obligadas sellar alianzas militares con sus distintas organizaciones kurdas para afrontar los avances del Estado Islámico. En Turquía, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), la principal fuerza independentista kurda, al igual que otras organizaciones, son macartizadas por el gobierno. En virtud de que el gobierno de Ankara tiene serias preocupaciones por la consolidación del movimiento nacionalista kurdo y por eso mantiene en la ilegalidad a los partidos kurdos.

José E. Mosquera.

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