Por: Aura Lucía Mera

¡Los padres del odio!

Me robo el título del columnista de El Comercio, Vicente Albornoz Banderas, “El Padre del Odio”, en el que describe la situación que ha vivido Ecuador últimamente y de la cual ningún país está a salvo. Abro comillas: “Odio. Porque parece que eso es lo que abunda en el país, pero no es verdad. Lo que abunda es la utilización del odio por gentes hábiles en fomentar y explotar los resentimientos y la furia reprimida que hay en toda sociedad”.

“Porque todos odiamos a alguien, pero algo en la sociedad nos dice que eso no puede convertirse en un ataque violento”. “No podemos agarrar una piedra y romperle la cabeza”.

“Pero El Padre del Odio (léase, Correa) lo convirtió en algo permitido, en algo aceptable. El odio para él es algo normal... que puede ir más allá. Para él, insultar es bueno, correcto, merecido. Su versión del odio puede convertirse sin ningún problema en un proceso judicial contra alguien que opina diferente. Puede ser utilizar todas las instituciones del Estado para amedrentar al enemigo, o para perseguirle tributariamente”.

“Correa es el Padre del Odio en Ecuador, no porque haya sido el primero que odió, sino porque transformó el odio en algo a aceptable. Insultar dejó de ser algo indebido. ¿Cómo iba a ser indebido si el presidente, el hombre más poderoso del país, insultaba a medio mundo desde sus cadenas sabatinas?”.

“Él, como Padrino del Odio, creó el ambiente para que este país se rompa en dos”.

No se por qué me acuerdo de frases expresidenciales a las cuales nos acostumbramos como “le rompo la cara, marica”, o que justificaban falsos positivos de jóvenes inocentes “porque no estarían recogiendo café”, o que calificaban opositores como “castrochavistas... enemigos de la paz... guerrilleros”.

Sí, señores (y señoras, jóvenes y jóvenas). Aquí tuvimos ocho años de un presidente que nos enseñó a odiarnos y a odiar a cualquiera que pensara diferente. Luego pasó cuatro años atizando el odio a su sucesor porque logró firmar un acuerdo de paz. Partió Colombia en dos con la polarización, exacerbando odios y pasiones primitivas, y actualmente ejerce como presidente eterno, desde la sombra (una sombra sin sombra), atizando más ese odio enfermizo y demente, que contagia lo que toca.

Ese sujeto, actualmente en “tela de juicio”, juega ahora a la víctima, gritando por micrófonos abiertos que su único pecado es su amor por el país... alcahueteando marchas y crispando los ánimos en vísperas electorales, sin importarle un rábano las consecuencias de estas actuaciones para Colombia.

Aquí también tenemos un Padre del Odio. Pero con la diferencia de que en Ecuador prima la sensatez y a la CONAIE se desligó de los azuzadores del odio y están impidiendo que su país se rompa en dos.

Posdata. Estas pequeñas diferencias que hacen el trágico nudo de la historia... (Unamuno)

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2019-10-15T00:00:00-05:00

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