Por: Salomón Kalmanovitz

Los peligros del populismo

El populismo, entendido como la movilización de las masas por un líder carismático que les promete concesiones, no ha sido frecuente en Colombia. El más radical fue Jorge Eliecer Gaitán con su programa de lucha del pueblo contra la oligarquía. Gaitán se perfilaba como ganador de la elección presidencial de 1950, pero fue asesinado por la derecha extrema en abril de 1948, provocando una insurrección urbana y la intensificación de La Violencia, que sirvió para perpetuar a la dictadura laureanista (1950-1953) y al gobierno militar de Rojas Pinilla.

Más frecuente han sido las promesas de ciertos políticos al pueblo para lograr su apoyo electoral sin provocar ninguna ruptura con el bloque de poder. Tenemos una forma de populismo derechista, enarbolado por Álvaro Uribe, en el que combina el programa de ley y orden con la erradicación de la insurgencia y algunas concesiones al pueblo que salen baratas, siendo acompañadas de reducciones de los ingresos públicos. Se condensa en el lema del partido Centro Democrático: “más salario, menos impuestos”. Hay también populismo judicial, al pretender negar sentencias de las altas cortes vía referendo, obliterando el poder judicial.

El aumento real del salario mínimo para el 2019 del 3 %, promovido por Uribe, ha sido identificado por algunos economistas como una de las causas del disparo del desempleo al 12,8 % de la fuerza de trabajo, a pesar de que supuestamente la economía está creciendo por encima del 3 %. A esto se le añade la promesa de una prima de medio mes para los trabajadores que ganan hasta tres salarios mínimos, algo que el ministro de Hacienda Carrasquilla ha descalificado puesto que le puede aumentar los costos de la nómina del Estado y disparar el déficit fiscal, atentando nuevamente contra el empleo de la población. Otra promesa populista es la de reducir la jornada de trabajo de 48 horas, aunque el expresidente la encubrió con una flexibilización de la jornada y el pago por horas efectivamente laboradas.

El Centro Democrático defendió una reducción de los impuestos a los más ricos en la ley de financiamiento, lo que ha producido un faltante de $8,5 billones en el presupuesto de 2020, algo que empeorará en la medida en que se venza la vigencia de otros impuestos temporales en el 2021. El ministro Carrasquilla ha dado un parte de “tranquilidad” al buscar llenar este hueco fiscal mediante la emisión de nueva deuda pública. La caída de los precios del petróleo obligó al gobierno anterior a aumentar la deuda nacional del 35 % del PIB en 2012 a 50 % en 2018. El gobierno actual va a aumentar este monto al 54 % en 2022, algo que puede poner en riesgo la calificación de grado de inversión que se ha ganado Colombia. Ello le aumentará el costo de su endeudamiento y espantará la inversión de extranjeros y nacionales. La razón es que la pérdida de confianza ha propiciado la devaluación del peso colombiano en 12 % durante el último año, solo superado por Argentina, tendencia que se puede simplemente empeorar.

El populismo tiende a hacer concesiones al pueblo sin contar con los recursos para financiarlas, algo que Álvaro Uribe ha buscado implementar muy tardíamente en su carrera política. Sería bueno que él y su partido las reconsideren cuidadosamente: se trata de políticas que ponen en riesgo las finanzas públicas, echando para atrás la tradición de seriedad y búsqueda de estabilidad macroeconómica de que ha hecho gala el país hasta ahora.

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2019-09-30T00:00:02-05:00

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