Por: Salomón Kalmanovitz

Los problemas del DANE

Los problemas de elaborar la estadística en el país son viejos. En 1973 la inflación arreciaba y un presentador de noticias de televisión acusó a funcionarios supuestamente comunistas del DANE de ajustar las cifras para perjudicar a la administración de Misael Pastrana. El director de ese entonces, Álvaro Velásquez Cock, salió a defender su institución y la forma técnica como llevaba a cabo las encuestas de costo de vida. Más recientemente, en 2004, César Caballero renunció a la dirección del instituto al desconocer la orden de Presidencia de ocultar unos datos sobre delincuencia urbana que mostraban un aumento preocupante del fenómeno, algo que no iba con la visión que se pretendía proyectar de las bondades de la política de seguridad democrática.

Caballero hizo la siguiente declaración: “mi criterio como funcionario y ciudadano es que la información del DANE no le pertenece al Estado, sino a la sociedad colombiana, y que tan pronto el DANE sienta que los datos cumplen con el rigor técnico debe hacerlos públicos de la manera más rápida y transparente posible”.

El pasado director del DANE, Mauricio Perfetti, daba sus ruedas de prensa desde la Casa de Nariño cuando sus datos eran favorables al Gobierno —ya fuera de desempleo o crecimiento económico— y les bajaba el volumen cuando no eran tan buenos, lo cual hizo arrojar sospechas sobre su veracidad. Acá se daba de nuevo el caso de que la información le pertenecía al Estado y no a la sociedad.

El actual director del DANE ha mostrado otra faceta del papel que puede jugar el director de una entidad que debe ser esencialmente técnica, al desacreditar los resultados pasados de la gestión. En efecto, José Daniel Oviedo llegó al DANE y lanzó su primera bomba contra el censo de población de 2018, afirmando que las proyecciones que existían se habían descachado en 10 %: no éramos 50 millones de habitantes como se había calculado anteriormente, sino 45,5 millones, sin aportar las evidencias de lo que había sucedido. Me puse a buscar los datos por departamento y ciudad y no los ha producido, pero se anuncian para finales de junio. Oviedo también revisó a la baja el crecimiento económico de 2017 del 1,8 % al 1,4 %. Uno no sabe a qué atenerse: si creerle al interesado en atemperar el desplome del crecimiento desde 2015, en defensa del gobierno de Santos, o el del uribismo, que busca exagerar el mal desempeño de su antecesor.

En un debate sobre control político organizado por la senadora María del Rosario Guerra, del Centro Democrático, mentora de Oviedo, este se despachó contra el Censo Agropecuario de 2014 que se ejecutó en época electoral, contra el criterio de su director de entonces, Jorge Bustamante, quien decidió renunciar. Oviedo también controvirtió las cifras sobre pobreza multidimensional por la baja representatividad de la población rural encuestada.

Uno esperaría que el director del DANE trabajara discretamente en la mejora de la calidad de las estadísticas y que solo cuando obtuviera resultados verificables los anunciara a la opinión pública por medio de comunicados escritos, dejándoles las ruedas de prensa a los políticos. Generar noticias escandalosas sobre la estadística vulnera la credibilidad de la institución que dirige y debe defender. Más necesario que nunca es darle independencia al DANE, que su director sea nombrado por una junta directiva de técnicos y no pueda ser removido por el gobierno de turno.

 

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