La importancia de los archivos para construir la verdad del conflicto armado

hace 1 hora
Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

Los segundos apellidos

Nos visitó el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. No tiene segundo apellido como Rodríguez Zapatero, a quien se le conoce por este último, no exactamente por su pasado brillante. Lo que sucede es que en España parece ser más sonoro el segundo apellido que el primero. Por ejemplo, el maestro Pablo Picasso se llamaba Pablo Ruiz Picasso, pero firmó todas sus obras como Picasso y no como Ruiz. Pero la verdad es que tenía muchos más nombres que colores. Para ser exactos, tenía todos estos: Pablo Diego Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispín Cristiano Santísima Trinidad Ruiz Picasso.

El español que no quiso prestar el florero el 20 de julio se llamaba José Luis González Llorente y todos los libros de historia hablan del florero de Llorente y no el florero de González. A nuestra gloria literaria, García Márquez, lo llaman en España Márquez. Tengo a la mano un libro de una extensa entrevista que a nuestro compatriota le hizo en 1969 el español Miguel Fernández Braso (Miguel Braso, para ser exacto) en donde a lo largo de la charla lo llama Márquez, y así lo presenta en el lomo del libro: Gabriel G. Márquez.

A nuestra gloria de la televisión, Fernando González Pacheco, se le conoció siempre como Pacheco, quizá por su origen español. Jamás le dijeron González. El cantante, hijo del famoso torero Luis Miguel Dominguín, no se conoce como Miguel Dominguín Bosé, sino como Miguel Bosé. Es que a veces el segundo apellido es más sonoro, porque madre no hay sino una. Sin embargo, entre nosotros referirse a alguien por su apellido materno es signo de mal nacido y, por consiguiente, un insulto.

¿Qué tal que en Colombia tuviéramos la misma costumbre española de llamar a las personas por su segundo apellido? El presidente no sería Iván Duque Márquez, sino Iván Márquez.

 

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