Por: Rodolfo Arango

Luis Villar Borda

EXISTEN SERES HUMANOS CUYA grandeza sólo se reconoce plenamente después de su muerte. Uno de ellos es el filósofo del derecho Luis Villar Borda.

Intelectual incansable, profesor universitario, congresista y diplomático, este bogotano nacido en Nueva York es digno ejemplo de sabiduría, generosidad y honestidad. En lugar de dedicarse a propagar sus ideas, el maestro Villar Borda optó por difundir, traducir y publicar el pensamiento filosófico y jurídico, clásico y contemporáneo, desde su cátedra en la Universidad Externado de Colombia. Su dedicación a la Serie de Teoría Jurídica y Filosofía del Derecho, editada en su Alma Máter, le permitió publicar más de cincuenta  obras. A la inicial cavilación sobre la viabilidad del proyecto por la escasa lectura y las dificultades económicas de los colombianos, siguió el rotundo éxito editorial de los textos de bolsillo.

Como humanista de izquierda, al profesor Villar Borda le preocupaban la justicia, los derechos humanos, la democracia, el pluralismo y la convivencia, entre otros. Víctima de la persecución política cuando joven, dedicó en su madurez sus esfuerzos intelectuales a la causa de los humildes y de los oprimidos. A su interés por la teoría jurídica sumó su preocupación por los inmigrantes, los extranjeros y los desplazados. También los temas del federalismo, del desarrollo territorial, de la ciudadanía activa, de la globalización y de la migración, fueron abordados por él con solvencia y erudición. Más de dos décadas de enseñanzas a jóvenes abogados externadistas dejaron una indeleble huella de su paso por la academia. Lo que pudo ser una vida holgada llena de privilegios, fue una existencia dedicada al estudio y al servicio de sus congéneres.

Los frutos del espíritu se reflejaban para él de forma admirable en las obras de Immanuel Kant y Hans Kelsen. No el uso de la fuerza sino la paz por vía del derecho caracteriza su enfoque normativo de la justicia, en contraste con concepciones realistas que priorizan las salidas de facto y el populismo propio de regímenes autoritarios. Décadas de recepción de la teoría jurídica kelseniana llevaron a su nombramiento en el prestigioso comité mundial para la publicación de las obras completas del jurista austriaco más importante de todos los tiempos. En Colombia el “maestro del Externado” publicó sendos libros en conmemoración de los doscientos años de la inmortal obra Sobre la paz perpetua de Kant y del trigésimo aniversario del fallecimiento de Kelsen.

Pero no todo fueron letras en la vida de Luis Villar Borda. Por fortuna, meses atrás, en cena ofrecida al mayor conocedor de la obra kelseniana, el profesor Stanley L. Paulson, superando los normales achaques de la edad, nuestro querido amigo aceptó hacer una excepción y salir de noche de su casa pese al frío bogotano. En velada inolvidable entre amigos, Luis relató –para sorpresa de los asistentes– sobre sus vivencias y amistades en Alemania Oriental, primero como estudiante y luego como embajador. Lo memorable vino al final. Reveló que tras la caída del muro se enteró de que había sido espiado y sus comunicaciones interceptadas durante años por agentes de la dictadura comunista. No habría podido ser de otra manera. Para la “Stasi” o policía secreta germano-oriental resultaba demasiado exótico un estudiante y luego embajador proveniente de una república desconocida, que hablaba fluido alemán y poseía una gran cultura universal. Cuando años más tarde el ex embajador agraviado visitó las instalaciones oficiales para conocer la información personal recogida por los agentes, los allí presentes se dieron vuelta para observar quién era la persona tan importante a la que entregaban un cerro de archivos de inteligencia. Los comunistas desconocían que Luis siempre hacía público su pensamiento político en libros, los cuales no requerían ser interceptados sino que invitaban e invitan a ser leídos. 

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