Por: Mauricio Botero Caicedo

Manipulando y dosificando el hambre

Para hacer frente a la aguda crisis alimentaria de Venezuela, el Gobierno de Maduro creó los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), medio por el cual el Gobierno distribuye los alimentos prioritarios. Más allá de las dudas sobre su eficiencia (es decir, si pueden abastecer en forma suficiente y oportuna a la población), el mecanismo es polémico por su inocultable componente político. En teoría, los CLAP deben distribuir sin distingo de afiliación o simpatía partidista. En la práctica, se han convertido en una forma de discriminación.

Para el diputado Stalin González, “los consejos comunales chavistas, colectivos chavistas y CLAP chavistas se roban la comida del pueblo ante sus ojos para después revenderla en el mercado negro”. Un alto funcionario chavista le confesó al diario El Nacional: “Si llega comida para todos, muy bien. Pero si hay que priorizar, se prioriza. No voy a dejar de darle a un revolucionario para entregarle comida a un opositor”. (En el lenguaje callejero estadounidense, clap es una enfermedad venérea).

Hace algo menos de 60 años Fidel Castro compareció en la televisión cubana para anunciar el establecimiento del sistema de racionamiento en el país: era el nacimiento de la “libreta de abastecimientos”, la manipulación de la hambruna que desde entonces acompaña a los cubanos hasta el día de hoy. Con la “libreta” nació la Oficina de Control de Distribución de Alimentos (Oficoda). Castro, según el portal Cubanet.org, inauguró el más sofisticado, complejo, refinado y efectivo mecanismo represivo totalitario de todo el planeta. La libreta era el control total de la población cubana.

La escritora Anne Applebaum, en su más reciente libro, La hambruna roja. La guerra de Stalin contra Ucrania, afirma: “Sobre la hambruna que asoló Ucrania en los años 30, que hay que conocer estas tragedias porque pueden volver a suceder… En el caso de la hambruna ucraniana se sumaron varias circunstancias, pero, sobre todo, años ‘de propaganda del odio’ —se describía a estos kulaks, los campesinos ricos, como enemigos del pueblo que estaban deteniendo el progreso— y una población asustada y hambrienta”.

El contexto que dibuja el libro es el siguiente: las requisas de comida ordenadas por los líderes del Partido Comunista, cada vez más duras, sumadas a otras medidas, como la prohibición del comercio y de viajar en busca de alimento, agravaron de tal manera la crisis alimentaria que siguió a la colectivización forzosa de las explotaciones agrícolas de la URSS, que se alcanzó esa cifra brutal de 3,9 millones de muertes por hambruna entre 1932 y 1933. Se calcula que murieron unos cinco millones de personas en toda la URSS. Para Applebaum, “Rusia sigue usando métodos de la URSS para controlar el poder”.

El socialismo es un sistema que no ha funcionado, no funciona y jamás va a funcionar. Manipular y dosificar la alimentación, con la finalidad de mantener el control político y social sobre la población, en un régimen socialista no es una opción: es una necesidad. Socialismo y hambruna son dos caras de la misma moneda.

Apostilla: Maduro, acompañado de Rusia y China, insiste en que Estados Unidos solo busca adueñarse del petróleo de Venezuela. Como bien lo señalaba un ingenioso, uno asume que, para Maduro y sus simpatizantes, la única pretensión de Rusia y China es adueñarse de las arepas venezolanas.

 

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