Por: Andrés Hoyos

Maquiavelismos

NICOLÁS MAQUIAVELO ESTÁ PIDIENdo visa para venir a Colombia. Viene, dicen, a echarle un vistazo al zaperoco actual que nos tiene a los colombianos sumidos en una dramática maraña de maquiavelismos. Tomemos por caso la espectacular extradición de 14 jefes paramilitares la semana pasada. ¿Por qué se hizo y qué consecuencias traerá? Aunque sólo soy un pobre discípulo de don Nicolás, intentaré desenredar en algo la madeja.

Me parece dudoso que los ‘paras’ sigan confesando en USA sus crímenes no narcotizados. Puede que algunos se avengan a decir cosas que dañen al Gobierno y a sus aliados, porque quizá se sienten traicionados, pero esos eventuales testimonios se darán lejos del fragor de los procesos locales, de modo que el Gobierno sí deriva un beneficio de haberlos extraditado. Se llevaron, además, a los principales testigos en contra de los parapolíticos, ya que este tipo de acuerdos se hacen con el comandante y no con segundones. Maquiavelo diría que entiende en esto al Príncipe.

De otro lado, había la casi certeza de que el grupo extraditado se le iba a atragantar al sistema judicial colombiano, como se le han atragantado bocados similares en el pasado reciente. Nada dicen sobre esto los opositores, quienes cambiaron de doctrina a marchas forzadas, pues hasta hace poco sostenían que el Gobierno jamás extraditaría a sus cómplices. Ahora aseguran que la extradición de los 14 significa el fracaso de la Ley de Justicia y Paz. Cierta o falsa, esta afirmación falla por lo coja. Más certero sería decir que durante los últimos veinte años el paramilitarismo significó el fracaso del sistema judicial colombiano como un todo, en su misión de detener la violencia contrarrevolucionaria, provocada por una violencia revolucionaria que no fue frenada en su momento.

A muchos nos parece lamentable depender tanto de la voluntad de un hombre intransigente, como Álvaro Uribe. Lamentable e ineludible: de él dependemos. No obstante, en el lado opuesto del espectro político la lucidez es tan escasa como el hielo en el Sahara. No presumo que a los opositores les falten entendederas, hay entre ellos mucho doctor. Lo que pasa es que odian al Presidente con tal vehemencia, que son víctimas de su propio odio. Si Uribe dice “blanco”, ellos no sólo dicen “negro” sino que explican con pelos y señales que el “blanco” en realidad esconde espantosas intenciones concebidas para dañarnos. Así es imposible formular alternativas políticas sensatas.

Ahora bien, lo más interesante es que bajo los maquiavelismos cruzados se suelen esconder paradojas notables. Esbozo una: si alguna vez la izquierda colombiana quiere tener una oportunidad de ganar la Presidencia, es necesario que Álvaro Uribe termine más o menos bien su tarea de gobierno (y que no haya segunda reelección). Porque para entonces el uribismo habrá perdido a los infalibles jefes de campaña que lo hacen imbatible en materia electoral. Hablo de Marulanda, de Jojoy y del difunto Reyes. De otro lado, mal que bien el proceso actual está sacando de circulación a los jefes paras, que amenazaban a la izquierda casi por deporte. ¿Habrá sustitutos? Mi conclusión, no consultada con Maquiavelo, es que sí los habrá, pero que nunca tendrán la peligrosidad de quienes tomaron el avión hacia Estados Unidos el martes 13 de mayo de 2008.

Me permito, por ende, ofrecer todavía otra conclusión maquiavélica: los enemigos del Gobierno critican la decisión de extraditar a los jefes ‘paras’ porque no pueden alabar nada de lo que haga Uribe, pero allá en sus fueros internos sienten alivio de que se hayan ido.

andreshoyos@elmalpensante.com

 

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