Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

¡A marchar!

Desolador ver al Gobierno temblando con el paro del 21 de noviembre, el cual se volvió día festivo pues Iglesia católica, universidades, colegios, jueces y magistrados, empresas y obreros decidieron no trabajar ese día, porque están tan aculillados como el subpresidente Duque.

El Gobierno, en vez de apaciguar los ánimos, optó por propalar mensajes de terror y curiosamente empezó a circular un video en el que un encapuchado promete que el 21 lloverá plomo contra la fuerza pública, lo que no fue más que otro gesto grotesco de desinformación que solo puede estar patrocinado por gentes cercanas al Gobierno y a su partido. Veremos si la Fiscalía identifica al encapuchado de ese incendiario video, y no me extrañaría que hubiera sido grabado en alguna dependencia de inteligencia militar u oficial, o con su concurso.

Risible recordar que Uribe, Duque y lugartenientes del Centro Democrático, en las épocas de Juan Manuel Santos, invitaban a marchas y exigían su renuncia, sin que entonces les pareciera que estaba en peligro la democracia. Bastó que cambiaran de acera, para que lo que antes era parte de su virulencia hoy sea motivo para intentar disuadir a opositores e inconformes de su derecho a protestar. Hay hasta lambones que, con el cuentazo de que van a tumbar a Duque, andan propagando el pánico sobre lo que pasará el 21 de noviembre y hay otros que, honrando el talante paramilitar que los caracteriza, amenazan con hacerles frente a los manifestantes a sangre y fuego.

A Duque no lo va a derrocar ninguna marcha, no porque no lo merezca ni porque sea buen gobernante, sino porque aquí no existe el liderazgo para sostener un movimiento beligerante como en Chile, entre otras cosas, porque los medios y sus directores, en su mayoría gobiernistas, son los primeros en espantar a los ciudadanos que quieren legítimamente marchar. Si Duque mismo y su entorno sienten que está tambaleando es por su propia culpa y por el desgobierno que propician. Por eso se ofrece verosímil la tesis de que un buen día de estos la cosa se ponga tan color de hormiga que el mismo Duque tenga que contemplar su posible renuncia, como lo he vaticinado apenas se inició este cuatrienio inútil.

En las dificultades se conoce al estadista. Duque ha confirmado que no puede con lo que le está tocando soportar. Muestra de ello, por ejemplo, ha sido el trasteo de Carlos Holmes Trujillo al Ministerio de Defensa y el nombramiento de Claudia Blum en la Cancillería, designaciones que en nada mejorarán al Gobierno y al país.

El timonazo con el que Duque pretende enderezar este desastre es baboso. Cambiar a Botero por Carlos Holmes es lo mismo. Ambos ministros, el saliente y el entrante, tocan la misma partitura, han sido cómplices de los mismos yerros y ninguno tiene la menor intención de hacer algo que pueda molestar al presidente eterno, que es quien quita y pone ministros de Defensa.

Y sacar a Claudia Blum de su voluntario exilio al potro de la Cancillería, para prolongar el desgastado discurso rimbombante de Carlos Holmes contra Maduro, es exponerla a un seguro fracaso que nadie quiere para ella, incluidos quienes por razones personales y profesionales la apreciamos a ella y a su distinguida familia. La única ventaja que tiene Claudia es que después de como le fue a Carlos Holmes en la Cancillería a nadie le podría ir peor, y menos a ella que sabe nadar en aguas turbulentas. Ojalá que ahora de canciller no le toque repetir el trance difícil de que Uribe la llame a testificar, como ya ocurrió en la época siniestra de la Seguridad Democrática con ocasión del ruidoso y fallido litigio que por calumnia promoviera el hoy senador contra el entonces presidente de la Corte Suprema, César Julio Valencia, en el que con otros colegas tuve responsabilidades como abogado.

Si otro fuese el mandatario, seguramente habría liderado una gran crisis ministerial para cambiarle el tono y el destino a su desastroso y criminal gobierno. Veremos qué queda después del 21; por lo pronto, a marchar.

Adenda. “La chocoanita podría ser prepago, pero escogió la legalidad”. La desafortunada y racista frase se le ocurrió a Carlos Estrada, director del SENA, para exaltar las virtudes de una mujer chocoana. No hay derecho a tanta estupidez.

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2019-11-17T00:00:59-05:00

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