Por: Juan Carlos Rincón Escalante

María Fernanda Cabal es experta en producir cortocircuitos mentales y caos

La senadora María Fernanda Cabal es experta en argumentos cuyo propósito es causar dolor de cabeza en quien los escucha. Su última cátedra magistral sobre retórica amañada tiene como objeto desacreditar a un periodista de The New York Times (TNYT). Vale la pena estudiar de cerca sus estrategias pues son las mismas que políticos (y opinadores y fanáticos y un largo etcétera) de todas las corrientes ideológicas utilizan para generar caos y sabotear cualquier tipo de debate útil para Colombia.

El sábado pasado, Nicholas Casey publicó en TNYT un artículo diciendo que en Colombia hay militares que se sienten presionados para dar “resultados”. En otras palabras, que hay motivos para estar alerta en un país donde hace poco más de una década hubo miles de casos de personas inocentes que fueron asesinadas por miembros del Ejército y luego disfrazadas de guerrilleras para ser presentadas como “bajas en combate”.

Las interpretaciones que propone Casey en el artículo han generado muchos debates y críticas justificadas, pero de eso no se trata esta columna. (Vean este análisis de La Silla Vacía sobre el tema).

Quiero hablar de la peor respuesta posible a las denuncias de TNYT: la de María Fernanda Cabal.

En su cuenta de Twitter, la senadora sacó su antorcha y convocó a su número no despreciable de seguidores a que hicieran lo mismo. Va una lista de cosas que dijo:

1. “Empezó la propaganda Soros para desprestigiar a quienes nos protegen”.

2. “Nicholas Casey es corresponsal en Venezuela y jamás ha sido perseguido por Maduro”.

3. Casey es un “alfil comunista”.

4. Publicando una foto de Casey, escribió: “este es el «periodista» (comillas de ella) que en 2016 estuvo de gira con las Farc en la selva. ¿Cuánto le habrán pagado por este reportaje? ¿Y por el de ahora, contra el ejército de Colombia?  #CaseyEsFakeNews”.

Cabal siguió, pero todos sus argumentos dan vueltas sobre la misma idea: lo que dice Casey es falso pues se trata de un periodista comprado, aliado de las Farc y protegido por Nicolás Maduro.

El truco del engaño de la senadora es que el argumento suena persuasivo, es incendiario y, por ende, tiene bastante eco entre sus seguidores. Pero en realidad es un grito carente de lógica.

Las falacias ad-hominem consisten en ignorar lo que alguien dice y centrarse en atacar a la persona que lo dice. Están diseñadas para causar cortocircuitos mentales: quienes las escuchan pueden verse tentados a declararse convencidos porque están ante un espejismo que aparenta tener una lógica contundente.

Lo lindo es que es fácil desarmar la estrategia de Cabal haciendo un ejercicio mental:

Supongamos que en el artículo Casey haya dicho que dos más dos da cuatro.

Imaginemos, también, que lo que ha dicho la senadora sobre él es cierto y estamos ante una persona que se dejó sobornar.

El hecho de que el periodista esté comprado, ¿significa que dos más dos, entonces, no da cuatro? Por supuesto que no.  

En un debate lógico, de argumentos serios, las características de la persona que dice algo no tienen nada que ver con la validez de eso que dijo. Es como si yo, en esta columna, dijera que la crítica de Cabal a Casey no tiene valor porque lo dijo una uribista que defendió el No en el plebiscito. No, esa no es la razón. Los tweets de la senadora son perversos porque no hacen más que producir cortocircuitos lógicos.

Lo curioso es que siempre —siempre— que alguien hace una denuncia, hay políticos que responden igual que Cabal. En Venezuela, la vieja confiable es decir que cualquier crítica proviene de “la oligarquía colomboestadounidense” y por ende ni siquiera hay que sentarse a mirar lo dicho. En Estados Unidos, Donald Trump exige ignorar cualquier cosa publicada por un medio que no sea Fox News porque se trata de “noticias falsas”. En Rusia, cualquier artículo que no haya sido publicado en los medios estatales esconde una conspiración para derrocar a Vladimir Putin. Y así podríamos seguir dando ejemplos hasta el infinito.

Criticar dando argumentos sólidos permite abrir conversaciones, incluso entre personas que piensan distinto. En el caso de Casey, por ejemplo, la conversación puede girar en torno a la interpretación dada a los documentos del Ejército y al uso de fuentes anónimas. Eso es provechoso para el país y para la democracia.

Pero la senadora Cabal optó por el sectarismo: una salida fácil, políticamente rentable, engañosa y muy dañina. Parece contenta de condenarnos a peleas inútiles y mantener vivo el caos de esta patria boba.

@jkrincon

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2019-05-20T23:11:55-05:00

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2019-05-21T00:05:31-05:00

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María Fernanda Cabal es experta en producir cortocircuitos mentales y caos

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