Por: Jorge Eduardo Espinosa

Martínez - Petro

La abogada Catalina Botero lo resumió perfectamente: sí, el video que muestra a Gustavo Petro recibiendo fajos de billetes fue publicado por la senadora Paloma Valencia para desviar el incómodo debate al fiscal Nestor Humberto Martínez. Sí, es imposible que Petro, -uno de los 3 citantes a Martínez- tenga garantías con el fiscal. Y sí, las garantías en el debate fueron violadas. Sin embargo, dice Botero, “nada de eso exime a Petro de dar todas las explicaciones que la sociedad y sobre todo sus votantes merecen”. Las explicaciones, incompletas, llegaron luego en un hilo de Twitter en el que Petro recuerda cómo el desaparecido DAS, a través de sus escoltas, lo perseguía y lo chuzaba. Luego, tratando de dar contexto sobre lo que podría ocurrir en la fecha del video, digo podría porque dice no recordar el momento exacto, explica quién es el señor que aparece allí, Juan Carlos Montes, cómo y por qué conoce al arquitecto Simón Vélez, y para qué podría ser la plata recibida. Insiste, además, en que todo ocurre en la casa en la que vivía, y dice también que no cree que el DAS lo haya grabado, sino alguien más -no sabemos quién- que buscaba chantajearlo “en búsqueda de posibilidades de empleo futuro”. Esto, por cierto, parece un motivo muy preciso para no tener idea ninguna de su identidad.

Las explicaciones, como dice en La Silla Vacía Héctor Riveros, abren muchos interrogantes y parecen, incluso, enlodarlo más. En eso, creo, se parece al episodio del fiscal Martínez y el contenido de las conversaciones con Jorge Enrique Pizano. En el video de Petro, por ejemplo, se habla de “ir en el negocio”, “usted va en él”, hay dichos de “porcentajes” y nombran a un político que luego terminaría condenado por parapolítica, Javier Cáceres Leal, antiguo Polo Democrático Independiente y luego -oh, qué sorpresa- militante de Cambio Radical. En las conversaciones de Martínez, a pesar de lo que repite el fiscal con libreto en mano, se mencionan delitos que se pudieron haberse cometido, hay frases contundentes como “esos son unos pícaros, marica”, y otras como “una denuncia en este momento...”. Esta comparación entre los casos, lo sé, indignará a quienes defienden la presunción de inocencia de Petro, a quienes creen que 20 millones entregados en un video viejo y sin contexto no puede ser considerado, bajo ninguna escala, en el mismo nivel de gravedad que un abogado que omitió denunciar lo que luego se convertiría en el escándalo de corrupción más grande de América Latina. Que, además, tiene dos muertos, y un fiscal con serios cuestionamientos éticos y morales que sin duda comprometen su labor al frente de la Fiscalía.

Este dilema nos pone a los periodistas frente a una discusión que no es menor: ¿en qué proporción debemos informar de dos hechos, ambos relevantes, ambos con personajes en teoría opuestos, que surgen la misma semana y que cuestionan hasta el más íntimo de nuestros prejuicios? El petrista encarnizado bien puede leer las explicaciones del político de sus amores y, en un hermoso acto de fe, creerle, cerrar el capítulo y seguir adelante. El periodista, en cambio, no. Así como tengo tantas dudas sobre el fiscal Martínez, sobre su idoneidad para ejercer un cargo público tan importante, un video de un senador, ex candidato presidencial, referente de la oposición, líder de los Decentes, recibiendo plata y siendo filmado en secreto, solo me genera inquietudes, sospechas, preguntas. ¿Acaso formularlas, enunciarlas, hablar de ellas en la radio o escribirlas en esta columna me convierten en un “periodista prepago del poder”, en un “arrodillado de los poderosos”, en un “enemigo de Petro porque sí”? Todos aquellos que reclaman equilibrio a los medios, sensatez al momento de hablar del video, decencia para no olvidar el episodio Nestor Humberto Martínez, parecen olvidar que fueron los medios los que destaparon lo que tiene enredado al fiscal. Fue Noticias Uno y su grupo de periodistas, fue El Espectador y sus revelaciones posteriores, fueron los columnistas de distintos medios, fueron los debates en las radios de la mañana, la tarde y la noche, fueron los periodistas que entrevistaron más de una vez al senador Robledo, al mismo Petro, a Angélica Lozano, han sido ellos los que han mantenido en la agenda la pregunta más importante: ¿por qué no ha renunciado el señor Martínez?

Lamento leer en estos días “tanta laxitud con los compinches ideológicos”, como escribe el ex ministro Alejandro Gaviria. Héctor Riveros, en La Silla Vacía, proponía un ejercicio interesante: cambie en el video la cara de Petro -en el caso de sus seguidores, claro- por la de cualquier político que desprecie, y analice lo que sentiría, escriba las preguntas que haría, redacte unos trinos de lo que publicaría. Parece, si se hace honestamente, que serviría para desenmascarar el doble estándar que con tanta frecuencia aplicamos impulsados por los odios y por los amores. Yo, por ejemplo, creo que Martínez debió renunciar hace semanas, y que las explicaciones de Petro son tan pobres, tan dudosas, que sus votantes deberían estarse preguntando, seriamente, si ese es el político que necesita este país.

Posdata: por cierto, esto fue lo que escribí, hace dos semanas, sobre el fiscal Martínez.

@espinosaradio

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