Construir democracia

Max Weber (1920-2020)

Noticias destacadas de Opinión

Uno de los más importantes pensadores del siglo XX, que ha incidido en la evolución de las ciencias sociales en lo epistemológico, teórico y metodológico, ha sido Max Weber.

En estos días, en el mundo de las ciencias sociales, se están conmemorando cien años del fallecimiento de Max Weber. Hace pocos años en el Congreso Mundial de Sociólogos, que fue celebrado en Londres, fue reconocido como el más importante del siglo XX.

Como he sostenido, para la democracia colombiana el momento político contemporáneo es uno de los más críticos de los últimos 70 años. Ahora bien, al revisar los procesos históricos occidentales y latinoamericanos, encontramos que esos tiempos son propicios para el surgimiento de los teóricos. Sus elaboraciones sistemáticas han sido fundamentales para el enfrentamiento creativo de situaciones límite; tal fue, por ejemplo, el caso de Keynes. Otra gran contribución previa, encaminada a la comprensión del desarrollo estructural del sistema capitalista, fue la planteada por Max Weber, quien conocedor de las múltiples imbricaciones existentes entre la economía y la política, buscó explicar, mediante el empleo de la herramienta heurística, que es el tipo ideal, las tres clases de dominación legítima: la carismática, la tradicional y la legal.

Para facilitar el desciframiento de algunos aspectos de la complejidad de nuestro momento político, me ocuparé de presentar dimensiones generales del autor y el tratamiento que le dio a la problemática de la dominación. Según mi percepción, son desarrollos del pensamiento weberiano, no siempre dotados de la misma consistencia comprensiva del maestro, los aportes del funcionalismo, el estructural-funcionalismo, el conductismo y las teorías políticas sistémica y cibernética. Así mismo, de las lecturas del pensamiento complejo de Morin, puede inferirse que él, y sus más importantes discípulos se han ocupado de Weber. En el campo de quienes han controvertido con seriedad algunos de los planteamientos weberianos, encontramos, por ejemplo, las objeciones que, desde el análisis neo-marxista, han formulado Poulantzas y Establet, entre otros.

Aspectos generales. Revisando la evolución de su complejo pensamiento, podríamos sostener que, partiendo inicialmente de una formación jurídico-histórica, fue penetrando sistemáticamente en las disciplinas económicas, sociológicas y metodológicas, alcanzando la elaboración de trabajos pioneros en los campos particulares de la sociología política, económica, religiosa, jurídica y musical. Recordemos que Weber es reconocido como autor universal. Más al reflexionar sobre la especificidad de la tradición sociológica, es conveniente tener en cuenta que es parte fundamental de ese esfuerzo comprensivo y diverso que, partiendo de Pareto, Durkheim, Znaniecki y Simmel, es continuado por Marx, el propio Weber y Wright Mills.

Tomemos distancia: Weber fue un original y creativo pensador. Un sabio que, aplicando la concepción de la racionalización, buscó incursionar con erudición, en diversas disciplinas (historia, sociología, economía, política, metodología y religión). Siendo un hombre independiente, no tuvo como preocupación formar una escuela con discípulos u organizar un equipo de partidarios políticos. Consciente de las incidencias de los procesos históricos en la evolución de la ciencia, esperaba que su pensamiento fuera superado y enriquecido en el futuro. Centrémonos ahora en el manejo de la problemática de la dominación.

Sobre la dominación. Dentro de las elaboraciones weberianas, una de las más importantes está vinculada a sus aportes en el campo de la sociología política; de la sociología de la dominación. Al rastrear la evolución de la actividad política, Weber busca precisar diversas formas en que se ha ejercido la dominación y cómo ella se ha legitimado. Reconociendo de un lado, la importancia y características del Estado moderno y de la burocracia, como la forma más pura de dominación legal, observa, sin embargo, que “la organización política no ha tenido siempre el vigor estructural del Estado moderno.”

Weber entiende por dominación la probabilidad de hallar obediencia a un mandato determinado. Es un caso especial de poder. Para que exista dominación deben existir los siguientes componentes: i. Un individuo o grupo de dominadores. ii. Un individuo o grupo de dominados. iii. La voluntad de los dominadores de influir en la conducta de los dominados y una expresión de esa voluntad (mandato). iv. Evidencia de la influencia de los dominadores en términos del grado objetivo de sometimiento al mandato; y v. Testimonio directo o indirecto de esa influencia, traducido en términos de la aceptación subjetiva con que los dominados obedecen el mandato. (Bendix, 1970). Buscando elaborar comprensivamente esta problemática, plantea tres tipos de dominación. Veamos.

En la dominación carismática, el poder de mando puede ser ejercido por un líder [profeta (Jesús), héroe (Simón Bolívar) o demagogo (Benito Mussolini)], capaz de probar que posee carisma, por medio de los poderes mágicos, revelaciones, heroísmo u otros dones extraordinarios. Los que obedecen al líder son discípulos o prosélitos, que creen en sus virtudes extraordinarias más que en las reglas estipuladas o en la dignidad de una posición que la tradición santifica.

Ahora bien, ¿cómo podríamos caracterizar la dominación carismática? Digamos que el líder carismático no reconoce reglamentos, instituciones, ni costumbres, como fuentes de su poder. Su palabra es obligación y, por supuesto, que hay ausencia de control y crítica para sus actividades. Su cuerpo administrativo está integrado por apóstoles, partidarios o discípulos, según el caso. La legitimidad del poder se basa en las decisiones autoritarias del jefe que, a su vez, debe encarnar un ideal de sí mismo y se basa en la devoción a la santidad, heroísmo y carácter excepcional del líder. Sus partidarios obedecen incondicionalmente los dictados y acciones del jefe, y un ejemplo típico de ella, puede ser el caudillo militar¹.

La dominación tradicional está fundada en la convicción del carácter legítimo, inherente a la autoridad que ha existido siempre, y el poder de dominación se ha adquirido en virtud de una herencia que se refleja en manos de una autoridad personal. La legitimidad del mando se da en la medida que éste concuerda con el uso y la costumbre. Esta dominación, se basa en la creencia en la santidad de las tradiciones en vigor y en la legitimidad de quienes se llaman al poder en virtud de la costumbre. Sin embargo, la decisión arbitraria de quien tiene el poder, es aceptada por la figura de autoridad que en sí misma representa.

Esta dominación se caracteriza porque el jefe tradicional se orienta por las reglas que le dicten la equidad y la justicia, sin que existan principios fijos y formales. Su cuerpo administrativo está integrado por servidores, reclutados entre los esclavos, los libertos, los miembros de la familia, los vasallos y los prebendados. La legitimidad del poder está basada en un hombre que es llamado al poder en virtud de la costumbre y de la tradición, y gobierna a sus servidores, súbditos y pares, a título personal. Un caso típico de ésta, nos es dado por el patrimonialismo².

Finalmente, conceptualiza la dominación legal. Ésta es de carácter racional; tiene por fundamento la creencia en la validez de la legalidad de los reglamentos establecidos racionalmente y en la legitimidad de los jefes designados de acuerdo con la ley.

Se da cuando un sistema de reglas aplicado judicial y administrativamente es válido para todos y cada uno de los miembros de la comunidad. Quienes ejercen el poder deben haber sido elegidos a través de mecanismos legales. Su organización es permanente y exige que toda gestión se tramite por expediente. En este tipo de dominación, impera el derecho. Las normas, reglamentos y códigos, constituyen un conjunto de prescripciones que deben ser cumplidas. El cuerpo administrativo debe estar integrado por funcionarios calificados, que deben cumplir funciones públicas, instituidas por leyes y repartidas en competencias diferenciadas. La legitimidad del poder está basada en la soberanía popular; en las elecciones populares. Es considerado legítimo el poder que se ejerce según la ley. Existe un supuesto general en que se funda: la creencia en la racionalidad de las leyes, reglamentos y normas instituidas legítimamente. El jefe del gobierno, es elegido conforme al orden impersonal del derecho y los gobernados son ciudadanos con derechos y deberes regulados. El ejemplo más típico de la dominación legal es la burocracia.

Reflexiones finales. Para quienes hemos tenido una profunda vocación democrática y estamos empeñados en contribuir a cristalizar en América Latina, y particularmente en Colombia, regímenes que institucionalicen la democracia participativa, el conocimiento de los fundamentos epistemológicos, teóricos y metodológicos de origen weberiano, han sido decisivos.

Ahora, cien años después de su fallecimiento, encontramos hechos, procesos, sociedades, configuraciones de poder, surgimiento de liderazgos, desarrollos científico-tecnológicos..., bien diversos a los que fueron objeto del esfuerzo analítico-comprensivo weberiano. Sin embargo, su pensamiento sigue siendo un punto de referencia obligado para quienes aspiramos a desentrañar -con dimensión de profundidad- la complejidad de lo sociopolítico contemporáneo. Las permanentes menciones a sus trabajos, por parte de los más significativos científicos sociales de nuestro tiempo, así nos lo indican.

Conviene, entonces, estar atentos a los soportes investigativos que, sobre la situación colombiana se han adelantado en las mejores universidades. Allí encontraremos luces que pueden contribuir creativamente a dar respuestas a los atrasos de nuestra democracia y a las salidas que en el campo internacional, y en las variables económica, política, social, cultural y ambiental, hay que organizar y preparar, para cambiar el actual desenvolvimiento de las dominaciones que se pretenden perpetuar en Colombia.

roasuarez@yahoo.com

Referencias

¹ Sugestivos comentarios sobre carisma y vocación, pueden verse en Nisbet. La formación del pensamiento sociológico. Amorrortu. Buenos Aires. 1969. Tomo I, pp. 102-115.

² Teniendo en cuenta que las dominaciones no se dan puras, observo que en la campaña presidencial colombiana de 1990, el autocandidato del Movimiento de Salvación Nacional, plasmó en su “Acuerdo sobre lo fundamental” y en varias intervenciones televisadas y radiodifundidas, elementos significantes de la dominación tradicional, combinados con algunos componentes de las dominaciones legal y carismática.

Lecturas iniciales

BENDIX, Reinhard. Max Weber. Amorrortu. Buenos Aires. 1970. pp.15-29; 273-427. BERLIN, Isaiah. Cuatro ensayos sobre la libertad. Alianza. Madrid. 1988. pp. 66-105; 187-243. BOBBIO, Norberto. Igualdad y libertad. Paidós. Barcelona. 1993. pp. 70- 79; 117-123; 126-139; 151-154. FREUND, Julián. Sociología de Max Weber. Península. Barcelona. 1972. pp. 9-117; 195-218; 253-256. LYOTARD, Jean Francois. La condición postmoderna. Informe sobre el saber. Cátedra. Madrid. 1987. POPPER, Karl R. El desarrollo del conocimiento científico. Paidós. Buenos Aires. 1967. pp.434-442. POULANTZAS, Nicos. Poder político y clases sociales en el estado capitalista. Siglo XXI. México. 1970. pp.180-183; 446-459. RADKAU, Joachim (2011). Max Weber. La pasión del pensamiento. FCE. México D.F. pp. 168-224; 363-398; 631-717; 865-972. ROA, Hernando. Karl Marx y Max Weber. Científicos sociales. Esap. Publicaciones. Bogotá. 1996. pp. 59-85. WEBER, Max. Economía y Sociedad. FCE. México. 1969. Tomo I. pp. 170-204. Tomo II. pp. 695-889. ______ El político y el científico. Alianza Editorial. Madrid. 1970. ______ Ensayos de sociología contemporánea. Martínez Roca. Barcelona. 1972. pp. 11-94; 195-324. ______ Ensayos sobre metodología sociológica. Amorrortu. Buenos Aires. 1973. pp. 175-269. ______ Historia económica general. FCE. México. 1976. pp. 15-27; 236-253; 285-309. ______ The protesthant ethic and the spirit of capitalism. Charles Scribner’s Sons. New York. 1958. pp. 47-79; 155-185.

Comparte en redes: