Me queda todo muy claro: sanguijuelas

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Preparando una conferencia sobre corrupción, me reencontré con el caso de la Ruta del Sol 2 en el que la Superindustria, hace dos años, imputó cargos a las corruptas empresas de Odebrecht y del Grupo AVAL por violaciones a la libre competencia a través de un millonario soborno de US$6,5 millones a Gabriel García Morales, viceministro de Transporte y director (e) del INCO en el gobierno Uribe.

Estos hechos anticompetitivos de corrupción serán sancionados pronto por la SIC. Tienen una condena por daños y perjuicios de $800.000 millones a favor del Estado colombiano y una inhabilidad para contratar por 10 años, según sentencia popular del Tribunal de Cundinamarca, apelada ante el Consejo de Estado; y mandaron para la cárcel a José Elías Melo, hombre corrupto y sin escrúpulos, mano derecha de Luis Carlos Sarmiento.

Escribo esta columna no para contarles eso, pues ya lo saben, sino otra cosa. En esa investigación hay correos electrónicos que no solo desnudan la corrupción y las prácticas anticompetitivas de Odebrecht-Sarmiento, sino que también dejan al descubierto lo que en realidad pasa en la contratación de muchas obras de infraestructura. En no pocos casos, quienes se quedan con las licitaciones no son contratistas que hacen un trabajo honesto, sino sanguijuelas que conspiran contra el Estado desangrando el bolsillo suyo, el mío y el de todos. Eso que se llama erario. Estas sanguijuelas creen que el dinero del Estado es un botín destinado para ser succionado sin piedad.

Basta leer un correo (22/07/2009) enviado por Gustavo Ramírez (vicepresidente de Corficolombiana) a otro vicepresidente, Alejandro Sánchez, y al presidente de Corficolombiana, José Elías Melo, mano derecha de Sarmiento. En este email se resume la reunión que sostuvieron ambos vicepresidentes con el presidente de Odebrecht, Luiz Antonio Bueno Júnior, a quien en Colombia todos veneraban y admiraban, sobre todo en el gremio de los constructores.

Dice el correo: “Alejandro y yo nos reunimos dos horas con Luiz Bueno (…) En resumen su posición es la siguiente: (…) para Bueno es muy importante llegar a un acuerdo con Odinsa que permita reducir la competencia y mejorar nuestra rentabilidad en el tramo 2 (…) la propuesta/recomendación de Odebrecht es que hagamos una alianza con Odinsa y luego vinculemos a los demás interesados (OHL, Impregilo, principalmente) para asegurar el mejor negocio posible. (…) Con este acuerdo se lograría tener un gran proponente que no compita en precios, (…) y obtenga un buen negocio (…)”.

Como puede apreciarse, se trata, ni más ni menos, de una vulgar propuesta de cartelización para distribuirse obras públicas en Colombia, exprimir al Estado, eliminar la competencia y que al final el erario pague mucho más por lo que vale mucho menos, reitero, para que ellos se hagan un “buen negocio”. Sanguijuelas.

Leámoslo de su dedo y tecla, pues el email sigue: “(…) Odebrecht prefiere un negocio más definido (solo el tramo 2) pero de mayor rentabilidad y menor riesgo, lo que lograríamos asociándonos con Odinsa, cambiando pliegos, vinculando a otros interesados grandes y concentrándonos en este tramo, con una oferta bastante holgada”, lo que conduciría a evitar “enfrentarnos con Odinsa y los demás en una ‘guerra de precios’, sin cambiar el pliego y corriendo el riesgo de quedar por fuera del negocio o tener que hacer una oferta muy baja”. Sanguijuelas, diría yo.

Miremos entonces qué contestó la mano derecha de Sarmiento. Melo escribió: “Gracias por el correo. Me queda todo muy claro. (…) Me parece una alternativa, luego de revisar algunos números es hacer un acuerdo de no competencia con Odinsa y ellos se quedan con el tramo 3 y nosotros con el 2”.

Los cargos de la SIC se formularon por otros hechos como el soborno, porque este correo electrónico se encontró ocho años después y el caso de este específico cartel habría ya caducado. Empero, lo más importante es que, como diría el corrupto José Elías Melo, “me queda todo muy claro”.

Sí, me queda todo muy claro: varias de esas encopetadas empresas se reparten las licitaciones, sobornan a funcionarios, desangran al Estado con sus ofertas y son, reitero, unas sanguijuelas. Me queda todo muy claro.

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