Por: Martín Jaramillo
#EconomíaParaMiPrima

Memenomics, para mi prima

Semana curiosa. La opinión internacional pierde la cabeza con un mensaje alarmista de una niña de 16 años, Estados Unidos habla de destituir a su presidente y en Colombia, como siempre, seguimos intentando defendernos de unos rentistas que quieren recibir un cómodo sueldo a costa del resto. Ahora quieren una #LeyDeEconomista que obligue a quienes se hacen llamar economistas a pagarles por certificar lo mismo que ya certifica el Ministerio de Educación.

Pero, por fortuna de mi prima y mía, también hubo economía. El dólar sigue dando de qué hablar, empieza el debate de la reforma pensional y mi Twitter se desbordó en apoyo e interés cuando pregunté si debía usar un meme en el examen de la clase que oriento de Fundamentos de Economía.

Al principio no era más que un mal chiste, pero después parecía más una oportunidad. Thomas Carlyle decía, hace unos 150 años, que la economía no es una ciencia alegre, sino lúgubre, triste y desoladora. Esa percepción ha cambiado poco desde entonces. La impopularidad de la economía y su desconexión con la opinión pública nos advierte a los economistas de un reto poco explorado: el de mostrarles a nuestros estudiantes (y a mi prima) la cara alegre de esta ciencia.

Pero los memes no solo nos sirven para despertar interés por la economía, también son muy importantes ahora que estamos en épocas de elecciones. Le explicaba a mi prima que hoy en día nuestros ojos y nuestra atención están más en los celulares que en la calle y los periódicos. Por eso los memes y las vallas políticas terminan siendo bienes sustitutos: ambos nos permiten lograr el mismo objetivo publicitario.

—¿Compiten?

—Sí, prima. Los periódicos están en una crisis económica precisamente porque el internet se ha llevado buena parte de la publicidad.

—Pero ¿cómo así? Si la gente no paga por memes, pero por el periódico sí pagan.

—Prima, la gente sí paga por los memes, y también por usar Facebook y Google, solo que no pagan con dinero sino con atención.

—No entendí.

—Así es, prima. Una página que comparte memes en Instagram como “Queboleta” no te cobra a ti por ver memes porque tú no eres la clienta: eres el producto. Con una millonada de seguidores, la página vende a otros la oportunidad de dirigirse a ti en publicidad.

Pero para entender el efecto de los memes en la política, puede ver uno el estudio de Heidi Huntington de la Universidad Estatal  de Colorado, una prueba cuantitativa de su potencial.

Después de varios experimentos, la autora encuentra que los memes de política casi nunca logran convencer a alguien que piensa distinto. Eso sí, los resultados del análisis estadístico muestran que las personas que sí están de acuerdo con el mensaje del meme terminan creyendo que fue muy persuasivo.

A lo mejor los mensajes simples y argumentos cortos que vemos cada día de nuestros activistas de teclado son útiles para convencer aún más a los ya convencidos, pero sirven poco como sustituto a la razón, al argumento y al debate de las ideas. Poco sirven para convencer a quienes piensan diferente.

Una más, otra de las cosas que encontró el estudio es que cuanto más chistoso es un meme, más efectivo es para comunicar un mensaje. Por fortuna, puedo enseñarle a mi prima a tener pensamiento crítico, porque en el sentido del humor nunca se le debe pedir instrucción a un economista: mis chistes son prueba de ello.

@tinojaramillo

[email protected]

883427

2019-09-28T01:30:59-05:00

column

2019-09-28T01:45:01-05:00

jrincon_1275

none

Memenomics, para mi prima

25

3783

3808

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Martín Jaramillo

Jóvenes sin ideas, para mi prima

Pagarles menos a los jóvenes, y a mi prima

Impuestos corporativos, para mi prima (II)