Por: Mauricio Botero Caicedo

¿Mentiras oficiales y constitucionales?

“La mentira se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente. El daño ha sido incalculable y alcanza zonas muy profundas de nuestro ser . Nos movemos en la mentira con naturalidad… De ahí que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de toda tentativa seria de reforma”: Octavio Paz.

En repetidas ocasiones, al país le han dicho que la llamada “mermelada” (“cupos indicativos”, según el alto Gobierno) no es nada diferente a la transferencia de recursos presupuestales para llevar a cabo “inversión regional”. A la “mermelada” se le ha pretendido cubrir con una pátina de legalidad (por no hablar de legitimidad). Mucho nos tememos, sin embargo, que en realidad detrás de esta confitura gubernamental se esconde una telaraña de corrupción de dimensiones incalculables. Es lo que Octavio Paz llama la “mentira oficial y constitucional”. De llegar a tener éxito en sus pesquisas, es muy probable que la Fiscalía encuentre una “olla podrida” en que no sólo caigan los que se beneficiaron de la “mermelada”, sino los que generosa y desprendidamente la repartieron.

La “mermelada” hizo florecer en Colombia una casta política corrupta, como aquella de la que forman parte el Ñoño Elías y Musa Besaile, traficantes de votos que unidos constituyen el bloque electoral más grande del país y que le aportaron a la reelección del presidente Juan Manuel Santos 300.000 votos. Según informes de prensa, “la Fiscalía tiene evidencias de que el Ñoño Elías obtuvo coimas por no menos de $20.000 millones de la firma Odebrecht. Pero esa cifra puede ser escandalosamente inferior a la tajada que recibió por la asignación a dedo de $90.000 millones de los «cupos indicativos» entre 2010 y 2014, y por la contratación múltiple generada en entidades del orden nacional y local o por Gobernaciones y Alcaldías bajo su influencia directa”.

Y si el Ñoño y Musa prenden el ventilador, es mucho el excremento que va a volar por encima del zarzo. Los dos cordobeses podrían empezar a explicarle al país, como lo señala en excelente artículo la periodista de La Silla Vacía Laura Ardila, cómo la “mermelada” “se convirtió en una de las fuentes de financiación de muchos congresistas de la coalición oficial, debido a que los alcaldes beneficiados con los proyectos contrataban a los que, a su vez, patrocinaban la reelección del político que la gestionó”. Por todo ello, dice Ardila, “Elías a lo mejor podría explicar quién y cómo negociaba esos cupos desde los Ministerios de Hacienda e Interior, a cambio de lograr apoyos para el Gobierno en sus reformas legislativas, especialmente las tributarias. Y también si es cierto o no que él y otros senadores cobraban el diez por ciento de comisión y si esto lo sabían o no en el alto Gobierno”.

Cuando el Ñoño y Musa estaban en su apogeo, eran huéspedes de la Casa de Nariño y formaban parte de las comitivas presidenciales a muchos eventos, especialmente los deportivos. Hoy, en donde no es mucho lo que puedan aportar, se les trata como papel higiénico usado. Por más que a uno le repugnen los políticos venales, el trato que se les ha dado al Ñoño y a Musa da cierto asco. El Ñoño, según la revista Semana, comentaba al respecto: “No sabía que desde el Gobierno me odiaran tanto, qué lástima no haberlo sabido antes”. Antes de aportar los 300.000 votos, se sobreentiende.

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