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Los carteles del narcotráfico conocen cómo manejar el mercado y cómo emplear para su propio beneficio las desacertadas y fracasadas políticas de las autoridades.
El consumo de cocaína no ha tenido un crecimiento acelerado en los últimos años. La variedad de oferta de drogas sintéticas y las obtenibles con receta explican la moderación en el crecimiento del consumo de cocaína. La demanda se estima en unas 600 toneladas, casi la tercera parte se comercializa en Estados Unidos. Teniendo en cuenta los decomisos, se requieren aproximadamente 220.000 hectáreas de hoja de coca para abastecer la demanda.
Si hay un exceso de producción, el precio se reduce sustancialmente afectando las ganancias de los narcotraficantes. Una restricción en la oferta, si bien sube los precios, determina que los consumidores puedan buscar otras drogas y el negocio se afecta en el mediano y largo plazo.
Antes de 1980 la producción de hoja de coca se realizaba en Perú y Bolivia; en Colombia la producción era marginal, en el país el negocio era la transformación de la hoja de coca en cocaína y su mercadeo en Estados Unidos. Colombia, que no se ha caracterizado por la eficacia controlando el contrabando, sí lo fue para restringir el ingreso de la hoja de coca, con el resultado que las siembras se trasladaran al país, lográndose una integración vertical. Se inicia la fumigación de los cultivos, el efecto fue controlar el exceso de oferta y mantener un nivel apropiado de los precios. Desde el punto de vista ambiental, de salud pública e ineficacia, la fumigación es probablemente la política más errada. Durante los años 2001-2006, cuando la fumigación con glifosato estuvo en auge, se “erradicaron” con este sistema 804.686 hectáreas de coca, pero el área solo se redujo en 67.000 hectáreas, por cada 12 hectáreas erradicadas por fumigación sólo una es efectivamente retirada del mercado. Por incentivos perversos generados al finalizar el acuerdo con las Farc y por prohibición de fumigar los cultivos de hoja de coca con glifosato el área cultivada ha crecido en Colombia.
Lo anterior sería un motivo de preocupación para los narcotraficantes, pues la producción se habría disparado y los precios irían en caída. Esto no ha ocurrido. Si bien el área cultivada en Colombia se ha triplicado en el período 2012-2017, no hay evidencia de un aumento similar en la oferta de cocaína. Simplemente se ha reducido el área en Perú y en Bolivia. Para bien del narcotráfico otra política viene en la ayuda de controlar la oferta: las incautaciones. A medida que crece el área sembrada aumentan los decomisos de cocaína, regulándose así la entrada de este alucinógeno y permitiendo, dada la estabilidad de consumo, mantener niveles adecuados de precios.
En el año 2013, el área sembrada en Colombia era de 48.000 hectáreas y los decomisos de cocaína producidos en el país fueron de 167 toneladas. En 2015, el área crece a 96.000 hectáreas y los decomisos en 253 toneladas. En 2016, el área llegó a 146.00 hectáreas y se decomisaron 362 toneladas; el año pasado se tuvieron 180.000 hectáreas de área cultivada y 435 toneladas de decomisos, cifras récord.
Este manejo de la oferta y manejo del mercado sería la envidia, por ejemplo, de los países productores de petróleo para regularizar su mercado.
Es más conveniente buscar políticas alternativas adecuadas para la sociedad y no para la delincuencia.
