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Miedo, inmortalidad y muerte

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Arturo Guerrero
26 de febrero de 2021 - 03:00 a. m.
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El miedo está en el centro de importancia cuando se habla del coronavirus. Sin miedo no funcionarían las previsiones de bioseguridad asumidas por los gobiernos. Sin miedo la población haría fiestas y tertulias como solía antes de la aparición del contagio. El miedo se refiere ante todo a la posibilidad de la muerte.

La relación entre el miedo y la muerte fue planteada por E. M. Cioran de modo certero. Decía el pensador rumano, fallecido hace 25 años, que “quien ha superado el miedo puede creerse inmortal; quien no lo conoce lo es”.

Los inmortales, por excelencia, son los jóvenes. En efecto, estos no conocen el miedo a la muerte sencillamente porque su ser imberbe es plenitud de vida. Cuando un ser humano respira fogosidad, en lo último que piensa es en la muerte. Y no pensar en la muerte es una de las formas de la inmortalidad.

Más aún, es la forma más excelsa de la inmortalidad puesto que destierra de la mente la mera probabilidad de desaparecer como ser vivo. Es una sensación irreal, por supuesto, pero libera a los muchachos de la terronera de morirse, por lo menos hasta cuando sienten cabeza al enfrentar la partida de un pariente cercano, abuelo, tío, incluso alguno de los padres

En este momento los jóvenes salen del gremio de los inmortales e ingresan a la grey incontable de quienes le temen a la propia muerte. Ahora son mortales, como el común de los mortales, y sienten el esencial miedo a la muerte. De ahí en adelante la humanidad se divide en la gran mayoría que le teme a la muerte y la excelsa minoría de los que logran superar el miedo.

Según Cioran, estos últimos “pueden creerse” inmortales. Obviamente no lo son, pero están autorizados a pensar en alguna forma de inmortalidad propia. Este filósofo ácido y sarcástico no se refiere específicamente al miedo de la muerte, sino al miedo en general. Sin embargo establece una ligazón entre miedo y muerte.

Hay quienes no conocen el miedo, hay quienes conociéndolo lo superan, hay quienes se creen inmortales, hay quienes son inmortales. Esta es la gradación de la estrecha relación entre los dos fenómenos. Lo interesante estriba en que es posible superar el miedo, y en que gracias a esta faena una persona consigue al menos la presunción de la inmortalidad.

No logrará recuperar el estado de gracia de la juventud, para ser efectivamente inmortal, pero al menos su ánimo será el de quien sabe que morirá y mantiene a raya el horror de la desaparición y de sus concomitantes pesadumbres. Es decir, estará vivo por entero y aceptará las etapas complejas y fecundas que traen los años.

Ante personas armadas con esta postura filosófica, el virus y sus padecimientos pasarán de largo. Las defensas del organismo funcionarán de la mejor manera. Y el cerebro secretará las hormonas responsables del equilibrio adecuado de los miembros.

Es elemental saber que el triple cuidado de mascarilla, jabón y distanciamiento equivale a la consigna criolla de “no dar papaya” ante la presencia pandémica. Los que superan el miedo no son tontos, no se exponen.

arturoguerreror@gmail.com

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Atenas(06773)26 de febrero de 2021 - 03:49 p. m.
Apelar al siempre taciturno M.Cioran y sus desgarraduras, es una forma poco pía de asimilar esta burla a la vida q' el patógeno nos restregó en la cara y con ello recordarnos lo q' escribiera J. Manrique " Ved de cuán poco valor son las cosas tras q' andamos y corremos" en las coplas al muerte de mi padre.
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