Mirada a los grecolatinos

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Me pregunta Gustavo Álvarez Gardeazábal si conozco en qué momento el grupo llamado grecolatino pasó a llamarse grecoquimbaya. Es una duda que siempre he tenido. Con motivo de la inquietud anotada, me propuse indagar más sobre el caso, y para el efecto consulté algunos textos y me dirigí a varios amigos que podían resolverla. Debe saberse, ante todo, que los grecoquimbayas no desplazaron a los grecolatinos, sino que coexistieron ambas denominaciones. Eran los mismos.

Josué López Jaramillo halló la siguiente precisión en El hada Melusina, epistolario sentimental de Silvio Villegas, sobre quién fundó el grecolatinismo: Otto Morales Benítez, prologuista de dicha obra, manifiesta que a Silvio Villegas “siempre se le ha señalado como padre de una escuela, agrupación, tendencia, que se ha denominado grecolatinismo”, y cita estas palabras del propio Villegas: “Haciéndome un homenaje que no me merezco se me ha considerado como el progenitor de un movimiento literario que ha tenido su casa matriz en la capital de Caldas y que suele denominarse con el nombre de grecolatinismo”.

José Vélez Sáenz dice que “cuando Arias Trujillo escribió su célebre carta a una reina de belleza (Josefina Dugand), y publicó su Risaralda (1935), el grecolatinismo pasó a ser grecoquimbayismo, por el fuerte contenido indiano, tropicalista, de la obra de Arias”. Aquí está la respuesta para Álvarez Gardeazábal.

El grupo se consolidó hacia el final de la década de los años 40 a 50, según afirma Octavio Jaramillo Echeverri en su libro ¿Qué es el grecolatinismo? Brillaba entonces en Manizales una pléyade de escritores formada, entre otros, por Silvio Villegas, Fernando Londoño Londoño, Antonio Álvarez Restrepo, Roberto Londoño, Arturo Arango, Gilberto Alzate, pertenecientes a la generación del 30. Otro grupo no menos importante venía de la generación del 10 y estaba constituido por personajes de la talla de Aquilino Villegas, Bernardo Arias, Rafael Arango, Francisco Marulanda, Emilio Robledo.

Existen diversas versiones sobre quién los bautizó como grecolatinos. Jaime Lopera dice que pudo ser Guillermo Valencia al oír un brillante discurso de Fernando Londoño, o Aquilino Villegas en una tertulia con Alzate Avendaño, o el cronista Luis Tejada. Ahora bien, ¿de dónde proviene el nombre de grecoquimbayas? Augusto León Restrepo cree que “como sus gestores y sus exponentes pasaban de la literatura a la oratoria y la política, los enemigos que cosechaban, para bajarlos del Olimpo, los aterrizaban con el apelativo de grecoquimbayas, peyorativo y descalificatorio”. Lo mismo considera José Jaramillo Mejía.

Los grecolatinos o grecoquimbayas marcaron una época. Eran altas figuras de las letras, la política y la oratoria, y esa escuela se prolongó por mucho tiempo. Quedó extinguida con la muerte, en mayo de 2019, de César Montoya Ocampo, el último grecolatino que quedaba. Él los define así: “Cultos en latines, conocedores de los meandros históricos de Grecia y Roma, formados en las academias de Cicerón y Demóstenes. Exquisitos en cultura, emperadores de la palabra. Hicimos historia en los areópagos con vivacidad mental apabullante”.

escritor@gustavopaezescobar.com

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