Por: Luis I. Sandoval M.

Movimientos sociales y participación política

No solo los partidos políticos hacen política, también la hacen movimientos sociales y organizaciones de sociedad civil. Todos son actores que se mueven en el ámbito de lo público, contribuyen a formar la opinión pública y entran en contienda por los bienes públicos. Por eso hoy, en todas partes, los movimientos participan con el voto en las definiciones políticas. 

“En las sociedades contemporáneas, la creciente complejidad de sus estructuras y la politización de muchas cuestiones que en otro tiempo eran dejadas al libre acuerdo de sus protagonistas han multiplicado el número de actores políticos colectivos y han acentuado su diversidad. Una clasificación esquemática nos señala tres grandes tipos de actor colectivo: los llamados movimientos sociales, los grupos de interés y los partidos políticos” (Vallés – Martí i Puig, 2015). 

No existe prohibición, sí condiciones,  para la participación política de movimientos sociales, organizaciones comunitarias, étnicas, gremiales, profesionales, civiles en general. La prohibición existió para los sindicatos, juntas comunales y cooperativas. Nuevas leyes, coherentes con la Constitución de 1991, abolieron esa prohibición. Ejemplo: “Los organismos de acción comunal podrán participar en los procesos de elecciones populares, comunitarias y ciudadanas” (Ley 743, Art. 20.J, 2002). 

En Europa, Estados Unidos y América Latina los movimientos toman posición, invitan a votar y/o se coaligan con partidos para crear opciones viables al momento de las elecciones parlamentarias o presidenciales. Sindicalistas, ambientalistas, feministas, indígenas, líderes de paz han llegado a ser gobernantes en muchos países. Recuérdese a Lech Walesa en Polonia, Vigdís Finnbogadóttir en Finlandia,  Evo Morales en Bolivia… Inclusive exintegrantes de movimientos guerrilleros han llegado a los máximos cargos como Pepe Mujica, anterior presidente de Uruguay.

Los hechos que se anotan obedecen a la necesidad de buscar solución a las limitaciones de la representación centrada en partidos. Los partidos políticos experimentan una aguda crisis en todas partes. Los movimientos no sustituyen los partidos, pero la tendencia a profundizar la democracia haciéndola más participativa, deliberativa y directa conduce a que adquieran excepcional relieve antiguas y nuevas ciudadanías (sindicatos, juntas comunales, cooperativas, comunidades étnicas, universitarios, recicladores, animalistas, LGBTI, trabajadores sexuales, antiextractivistas, víctimas, recuperadores de tierras, promotores y defensores de derechos, activistas anticorrupción, ONG). Redes sociales y redes virtuales (Facebook, Twitter, WhatsApp…) son elementos imprescindibles hoy para hacer política. 

La participación política de los movimientos sociales no desconoce su constitución plural. Ello quiere decir que al interior de una central de trabajadores, una confederación comunal o una organización étnica territorial se da una diversidad de puntos de vista políticos que no puede desestimarse. Por eso la decisión de participación política es necesario tomarla mediante amplia y sosegada deliberación, ojalá en eventos asamblearios, de tal manera que descanse en mayorías o consensos legítimamente construidos. Siempre las posturas minoritarias deben ser respetadas.     

Las condiciones del proceso colombiano están llevando a una creciente participación política de los movimientos. El movimiento de los educadores ha elegido senadores de la República por décadas. En esta coyuntura en que se juegan cartas tan fundamentales para el país como la consolidación de la paz, el combate a la corrupción y el avance social, se advierte renovado interés por la política en los movimientos.

Los movimientos descubren que pueden ser un factor definitivo en la conformación de una alternativa transformadora de gobierno. Aspiran a que un gobierno de nuevas mayorías incluya en su programa lo más sustancial de la agenda social. Y que esté dispuesto a cumplir los acuerdos fruto de la legítima protesta social. 

En lógica de vida –vivir, buen vivir y convivir–  los movimientos están dispuestos a inclinar la balanza para elegir el próximo presidente de Colombia.  

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