Por: Jorge Iván Cuervo R.

Mujeres escritoras y escritoras mujeres

Tremendo revuelo causó la ausencia de escritoras en un evento en la Biblioteca Arsenal de París el pasado 15 de noviembre en el contexto del Año Colombia-Francia 2017, hecho que dejó ver cierto sesgo de discriminación en la escogencia de mujeres en los festivales literarios, puede que no como una política de Estado de parte del Ministerio de Cultura en Colombia, pero sí denota una ausencia de una política de acciones afirmativas, que es la mejor forma de evitar la discriminación.

El debate tuvo dos aristas: una indicaba que en la selección de quienes van a festivales literarios hay un sesgo que favorece la presencia de los hombres sobre las mujeres, y ello representa de alguna manera el mercado editorial. La razón para ser invitado al festival colombo-francés era que el autor o autora tuviera obra traducida al francés, y eso excluyó a varias mujeres en Colombia. Es una decisión del mercado editorial contra la que no pueden las políticas de Estado.

Otra visión indicaría que esto se da porque las mujeres tienen menos oportunidades que los hombres de ser publicadas, conocidas y traducidas a otros idiomas, lo que facilita una tendencia de mayores hombres en la literatura, pero también aplicaría para la ciencia y la filosofía a lo largo de la historia, donde la proporción de hombres es mucho mayor que la de mujeres.

Tiene que llegar el momento en que el género deje de ser relevante para este tipo de selecciones, pero mientras subsistan patrones de discriminación deben promoverse acciones afirmativas en favor de grupos discriminados. No hay razón para pensar que por ser hombre, mujer o transgénero se tenga más o menos talento para escribir, pero sí es cierto que cuando una mujer decide ser escritora, el mundo, tal y como está diseñado, se lo hace más difícil.  Se le exige más, debe someterse a tests más rigurosos para lograr reconocimiento y, en general, no puede deshacerse de “sus deberes” como mujer en el hogar, en el trabajo, con los hijos, si los tiene. Al hombre le queda más fácil, y ya es emblemática la figura de la mujer que se sacrifica por su marido para que este pueda escribir.

Ese debate valdría la pena darlo, y ahí cabrían varios de nuestros ilustres escritores, incluido nuestro Nobel, traído al debate de manera torpe por Catalina Ruiz-Navarro señalando su literatura de machista, confundiendo la realidad con la literatura de ficción y atribuyendo responsabilidades inconducentes como bien lo refutó Carolina Sanín en la revista Arcadia.

La mujer que escribe es una anomalía, hay que preguntarle por qué lo hace, cómo logra combinar sus deberes con la escritura, qué de su naturaleza hay en su obra.  Al hombre no le toca lidiar con ello. No he visto la primera pregunta a un escritor: ¿Escribe antes o luego de llevar los niños al colegio? ¿Sus amantes son fuente de inspiración para el próximo libro? ¿Sufre algún tipo de acoso en las editoriales para ser publicado?

Sí, aunque no nos guste reconocerlo, las mujeres tienen menores oportunidades de poderse dedicar a ser escritoras, y cuando lo hacen deben luchar contra mercados editoriales que les exigen más que a los hombres y contra contextos sociales que les recriminan esa suerte de abandono vital que supone “ponerse a escribir”.

Si a las mujeres les queda difícil ser escritoras, más difícil para una escritora seguir ejerciendo como mujer, por eso casi siempre hay más hombres en los festivales literarios.

@cuervoji

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