Por: Ricardo Bada

Mutis y la radio

Allá por el año 1959, el gran Álvaro Mutis, padre y compinche de Maqroll el Gaviero, purgaba en el Palacio Negro de Lecumberri, la cárcel más renombrada de México, un delito que no había cometido. Casi año y medio pasó en el infierno de sus crujías, y en la correspondencia que mantuvo entonces con la entonces tan sólo periodista Elena Poniatowska, una mexicana de ascendencia polaca nacida en París, Mutis le revelaba cuál era su escape:

“Oigo mucha música. En un pequeño radio que compré cuando llegué a México con los pocos dólares que me quedaron a la llegada, después del viaje. Te cuento que soy un melómano furibundo, voraz, inagotable. Y aquí, un concierto de Vivaldi, una obra de Bartók, o una buena dosis de Bach o de Brahms, adquieren calidades y virtudes de droga heroica. Ríete de la morfina y demás inofensivos sucedáneos”.

Días después, Álvaro Mutis retorna al tema de la radio y en sus palabras se asoma un recuerdo presidido por la ciudad en donde vivo: “Por la XELA —¡qué sería de mí sin mi radio y sin esa emisora!— pasan la 3a. sinfonía de Bruckner. Es como veranear en Bad Neuheim y atragantarse de Pumpernickel, Apfelstrudel y vino del Rin (¿dónde se pone la H?). ¡Ay mis clases de alemán en Colonia, qué tiempo más hermosamente perdido!”.

Y un poco más adelante, en la misma carta, este retrato a vuelapluma: “Sigue este viejito Bruckner insistiendo en sus violines y sus trompetas y oboes en el fondo, con una terquedad tan deliciosamente alemana y luterana que logra sacarme de la cárcel y distraerme. Bruckner murió a los 65 años sin haber tenido una novia, casi sin haberle hablado a una mujer, y toda su vida fue organista en un pueblito perdido del Tirol. Ahora entiendo por qué fue toda su vida tan tímido”.

Tres meses más tarde, a Álvaro Mutis se le escapa un suspiro de alivio:

“No he podido escribirte en estas últimas semanas, hasta ahora que me devolvieron mi radio que estaba descompuesto, he vuelto un poco a la vida con esa segunda sangre que es para mí la música”.

Todas estas citas, que no reflejan nada más que un aspecto muy parcial de la estancia del creador de Maqroll en la cárcel de Lecumberri, se hallan en un librito de muy apasionante lectura, Cartas de Álvaro Mutis a Elena Poniatowska, publicado por Alfaguara. A quienes se interesen por la literatura epistolar en particular, y por la buena literatura sin más adjetivos, se lo recomiendo de todo corazón. Y les confieso que cuando escucho por los auriculares la voz de Álvaro, anunciando la sintonía de HJCK, emisora que tengo programada permanentemente “en antena” en mi computadora, abro el libro al azar y rara es la vez que no me encuentre citas de lo más sabroso.

 

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