Por: Arturo Guerrero

Myriam Bautista y sus abuelas de la nada

Las mujeres colombianas más impetuosas e insumisas de finales del siglo XIX y bien avanzado el XX no fueron feministas. Quebraron la usanza milenaria de su género –cocinar, lavar, tejer, criar, buscar marido, obedecer-, en lucha individual y sin proponer una doctrina de liberación de sus congéneres.

No obstante plantaron los cimientos de lo que luego sería la única revolución victoriosa y duradera del siglo pasado, la emancipación de las mujeres. En su tiempo sus nombres y obras fueron borrados de los anales públicos. Hoy están muertas. Alguien se propuso exhumar del olvido a estas abuelas de la nada.

La periodista Myriam Bautista, forjada en Semana y El Tiempo, resolvió perfilar sus contornos. Para ello echó mano del subgénero periodístico conocido precisamente como perfil, del cual fue precursor Marcel Schwob. Solo que, a diferencia del gran escritor francés, no agregó fantasía a sus relatos.

¨Traté de meterme en su piel para interpelarlas e interpretarlas como si se tratara de esas viejas amistades con las que se dialoga de manera permanente¨: así devela su método de investigación Bautista, conocida entre sus viejas amistades como La Compañera.

Una escritora, una política, una periodista, una pintora, una ginecobstetra y una antropóloga son las invitadas póstumas a su libro Rebeldes. Osadas y transgresoras mujeres colombianas, publicado por Intermedio Editores.

Tras superar el primer capítulo, lastrado por errores de edición, el lector se adentra en una tertulia femenina donde se entera del contraste entre la prolongadísima sociedad colombiana del XIX y los gestos de estas damas que vivieron por adelantado el XXI. ¡Si es que acaso aquí ya llegamos a este siglo! Veamos:

La escritora Soledad Acosta de Samper describe las cuatro épocas de la vida de una mujer: "En la niñez vegeta y sufre; en la adolescencia sueña y sufre; en la juventud ama y sufre; en la vejez comprende y sufre. La vida de la mujer es un sufrimiento diario".

María Cano, Flor del Trabajo, especie de reina de belleza proletaria, condensa el lema de sus discursos que arrebataban multitudes: "Soy una mujer y me duele que de mi entraña pudiera salir un esclavo". Débora Arango, ninguneada por pintar mujeres desnudas en lugar de paisajes, y por no haberse casado, fulmina: "El cuerpo es el paisaje más próximo… Mis hijos son mis cuadros".

"Soy completa, absoluta y definitivamente soltera, digo yo, que, porque no he querido casarme, y dicen mis amigas que al fin buenas amigas bogotanas, son más falsas que un marido fiel, que porque no he tenido con quién hacerlo", así escandaliza Emilia Pardo Umaña a su legión de lectores en El Espectador.

La antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda determina que la familia colombiana, lejos de ser única, monógama y católica, es múltiple y alcanza por lo menos 400 variables. 

La pionera de la educación sexual, médica Cecilia Cardinal de Martín, consigna el salto impulsado por sus estudios: "Nos pudimos dar ese gusto de decir que los orgasmos sí los teníamos y que nos gustaba, o que no los teníamos… Se dio a las mujeres la posibilidad de decir sí soy un ser sexual y me gusta que me acaricien y que me besen". 

N. B. Rebeldes se lanza hoy a las 5.30 en Lerner norte de Bogotá, con presentación de la periodista Gloria Cecilia Gómez.

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