Nada que agradecer

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La llegada de las primeras vacunas a Colombia se convirtió en un circo. Fue difícil encontrar a un funcionario, local, regional o nacional, que no cayera en la tentación de hacer del asunto un espectáculo político.

Nada de lo que pasó está bien ni es motivo de celebración. Qué bueno que hayan llegado las vacunas, pero el papelón que hicimos no tiene nombre. La escena que se desencadenó en el país desde el momento en que los noticieros empezaron a transmitir el aterrizaje del avión de DHL parecía más un cuento de García Márquez llevado a las pantallas que otra cosa.

El presidente, la vicepresidenta y algunos ministros, todos con chalecos reflectivos, en el aeropuerto, listos para la foto, recibiendo un minúsculo contenedor de vacunas arropado con la tricolor nacional; las selfies haciendo la V de la victoria; la caravana por la 26 que parecía la procesión de la llegada del papa; las docenas de motos, de patrullas, de camionetas blindadas... Todo, lamentable.

Como si semejante show por la muy tardía llegada de apenas 25.000 vacunas (50.000 dosis) no fuera suficiente, al otro día empezaron las peregrinaciones por Colombia. Ministros de carteras que nada tienen que ver con la salud, alcaldes, gobernadores y el propio presidente de la República viajando a las regiones para aparecer en la foto. Solo en este país del realismo mágico es posible que se retrase varias horas la aplicación de una urgente vacuna para que un ministro, el de Justicia, alcance a llegar y pueda sonreír ante las cámaras.

Miles de millones de pesos que todos pagamos fueron necesarios para la puesta en escena. Viáticos de cientos de escoltas, hoteles, alimentación, gasolina de quién sabe cuántas Toyotas, complejos dispositivos de seguridad, aviones, helicópteros y ambulancias. Al terminar la maratónica jornada del primer día, manchada por el lamentable espectáculo mediático, en el país fueron administradas 18 vacunas.

Detrás de todo este teatro del absurdo del presidente y de un sinnúmero de funcionarios de menor rango, hay un mensaje que quieren imponer: “Sus gobernantes venimos a salvarlos de la muerte y, gracias a nosotros, podrán acceder de manera gratuita a la anhelada vacuna”. Nada más lejos de la realidad. Los colombianos no podemos caer en la trampa de pensar que tenemos que darles las gracias a los funcionarios públicos que tuvieron que ver en la consecución, logística y aplicación de las vacunas. Se trata, en realidad, del cumplimiento de una obligación que, por los cargos que ostentan, recae sobre sus hombros. Es así de simple.

El presidente, los alcaldes, gobernadores y en general el sistema de salud colombiano tienen el deber de garantizar el acceso oportuno a la vacuna para todos. Tampoco es cierto el cuento, promovido en redes por algunos militantes del partido de gobierno, que la vacuna va a ser gratis gracias a la gestión del Centro Democrático. La vacuna la pagamos los contribuyentes, no una organización política, con los cuantiosos impuestos que operan en el país.

Ya estuvo bien de show. Que los gobernantes se pongan a cumplir con su obligación de vacunarnos a todos. Una tarea que, por cierto, hasta ahora está bastante retrasada.

@federicogomezla

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