Por: Patricia Lara Salive

No más “Santrich”

El país no puede seguir girando en torno a Santrich. Aquí hay problemas y prioridades que no se atienden por el embeleco de insistir en temas que hace rato han debido chulearse: el primer semestre del año se perdió, por ejemplo, en el debate de las objeciones presidenciales a la JEP, con el que Duque recibió una derrota contundente y se retrasó, en el parlamento y en el Gobierno, la atención a temas fundamentales como el ascenso del desempleo y de la pobreza, y la reinstalación del paramilitarismo en ciertas zonas como Córdoba, Montes de María y Bajo Cauca, asunto ante el cual el Gobierno cierra los ojos. Y durante el viaje a Londres, en lugar de oír al presidente hablar de temas de interés internacional, lo escuchamos dando declaraciones sobre Santrich, ¡por Dios!

Y el proceso de paz tampoco puede depender de Santrich. Como bien lo dijo esta semana un editorial de El Espectador, “Jesús Santrich no es la paz”. Y “su comportamiento desafiante”, agregó este diario, “no debería opacar el cumplimiento que tantos otros excombatientes han hecho de lo pactado”. En efecto, más de 10.000 exguerrilleros, de cerca de 13.000, se han reincorporado, han cumplido los acuerdos, están dedicados a desarrollar proyectos agrícolas, turísticos, artesanales, de confección, y cultivan la ilusión de consolidar nuevas familias y desarrollar una vida en la legalidad.

Y tampoco debería opacarse el cumplimiento que de las obligaciones desprendidas del Acuerdo han hecho otros dirigentes del partido FARC, como los que ocupan curules en el Senado, comenzando por su jefe, Rodrigo Londoño (Timochenko), Griselda Lobo (Sandra Ramírez, viuda del fundador de las Farc, Manuel Marulanda), Jorge Torres Victoria (Pablo Catatumbo), Julián Gallo (Carlos Antonio Lozada) y Judith Simanca (Victoria Sandino), quienes no solo han asistido puntualmente a sus citas con la Jurisdicción Especial para la Paz y han aguantado con estoicismo las andanadas del Centro Democrático, sino que también han enviado con frecuencia mensajes de reconciliación e, incluso, como lo hizo la senadora Lobo, han llegado hasta regalarle al senador Uribe una matica con motivo del final del año.

Justamente lo que queríamos era ver a esos antiguos combatientes echando lengua en vez de bala —como diría el maestro Darío Echandía—, desarrollando su vida de manera normal y haciendo aportes positivos al país. Y esos logros, que no solo son del gobierno anterior sino también de este, no vamos a permitir que los echen para atrás los Márquez, los Paisas, los Romañas y, ahora, Santrich.

Sin embargo, hay que insistir en que Santrich, si no ha salido del país, para lo cual requiere autorización de la JEP, todavía no ha entrado en falta, pues no hay contra él una orden de captura.

Pero si este martes no cumple su cita para rendir indagatoria ante la Corte Suprema de Justicia, quedará convertido en prófugo de la justicia, le caerá todo el peso de la ley y, lo que es peor, habrá faltado a su palabra, habrá perdido su credibilidad; habrá defraudado a la institucionalidad, que lo ha rodeado de garantías; les habrá fallado a las víctimas, a quienes les debe verdad, y a su partido, al que le debe lealtad, y les habrá dado a los enemigos del Acuerdo de Paz toda clase de argumentos para atacarlo.

No obstante, como Santrich no es la paz, los partidarios del Acuerdo haremos lo necesario para defenderlo. Por eso saldremos a las calles el próximo 26 de julio para gritar al unísono: ¡no más asesinatos de líderes sociales! ¡Adelante la paz!

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa#NoMasGuerra

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