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No patear la puerta multilateral

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Santiago Villa
01 de septiembre de 2015 - 07:21 p. m.
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A veces es Colombia, a veces Venezuela, a veces Ecuador, a veces Bolivia, pero generalmente algún Gobierno se lanza contra la conveniencia de tener a la Organización de Estados Americanos, cuando ésta no le da la razón.

Es muy fácil apoyar a una institución cuando nos da la razón, y también es muy fácil salir a cuestionar su utilidad y la legitimidad de sus decisiones cuando no nos da la razón. Es más difícil aceptar que hubo una derrota diplomática, revisar por qué y proceder a explorar rutas alternas.

A la canciller María Ángela Holguín se le fue la lengua cuando dijo: “hay que replantear para qué está la OEA, porque si no es capaz ni siquiera de hacer un foro en donde se violan los derechos humanos (…) pues ahí uno se pregunta esos foros multilaterales finalmente cómo es que logran tener decisiones que favorezcan a los países”.

La votación en la que perdió Colombia no es una falla en la forma como la OEA asume la defensa de los derechos humanos, sino el resultado de décadas de petrodiplomacia venezolana en América Latina, en especial la región Caribe, y de ausencia diplomática colombiana en esta misma región. Los países que se abstuvieron de la votación han sido en buena parte beneficiarios de planes de ayudas durante el gobierno de Hugo Chávez y el de Nicolás Maduro, y éstas obviamente serían reconocidas cuando se presentasen controversias.

Granada, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago, y Antigua y Barbuda, son países a los que el chavismo les ha hecho un larguísimo cortejo diplomático y que Colombia escasamente reconoce. Todos estos se abstuvieron de votar.

Es obvio que desde hace más de una década la región ha estado dividida, más o menos radicalmente, por los países de izquierda y los de derecha, por los socialistas y los liberales. Esto es, por supuesto, una simplificación que no da cuenta de puntos medios como Chile, pero en votaciones que enfrentan a un país del socialismo más populista, como Venezuela, con uno de derecha como Colombia, que es de los que más se asocia a la esfera de poder estadounidense, los extremos chocan.

Esto no tiene nada de malo. Por mucho daño que hayan hecho los Gobiernos socialistas de corte más populista a la estabilidad económica, institucional y jurídica de sus países, en otros los partidos socialistas han hecho importantes contribuciones y han logrado frenar el avance de los excesos liberales, especialmente en ámbitos como la salud y la educación. (Para no dejar un talón de Aquiles argumentativo, añado que también los extremos de la derecha colombiana, asociada al paramilitarismo, han hecho tanto o más daño al país que los Gobiernos populistas de izquierda a los suyos).

El problema, para retomar el punto, es que cuando hay un enfrentamiento entre países de cortes opuestos, los que no están ideológicamente identificados con uno u otro bando, pero son beneficiarios diplomáticos de uno de ellos, optarán por la falsa neutralidad: la abstención.

Es importante anotar, entonces, que así en la práctica la votación hubiese sido un fracaso total para Colombia, en la teoría fue un fracaso relativo, pues no hubo una división entre el “sí” y el “no”. El “no” fue derrotado 17 a 5. La diferencia la hizo el abstencionismo con 11 votos.

Lo que hay que cuestionar, entonces, no es el foro, no es la institución, sino el sistema de votación y la forma como se cuentan los votos. También la tolerancia con que una propuesta de esta importancia se hunda por abstenciones, y que no se repitieran las votaciones cuando la tercera parte de los miembros usan esta figura para no comprometerse.

A pesar de que países como Ecuador, Venezuela, Bolivia y Argentina, especialmente, han logrado hacer mucho para debilitar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y a la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, que son los órganos de la OEA que han tenido el mayor poder para atacar las violaciones de derechos humanos, estos siguen cumpliendo un importante papel en la región.

No hay que seguir el ejemplo de estos países al atacar una institución porque no nos gustan los resultados de sus decisiones.

@santiagovillach

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