Esta semana fueron pocos los errores, pero hubo mucha reflexión. Tomamos la decisión de no publicar una información sobre un posible suicidio, porque, en general, requiere un manejo responsable y etiquetarle una especie de causalidad como parte de una pelea política resultaba sumamente irresponsable. Además, nos dimos cuenta de que una persona decía escribir para El Espectador y no era cierto. Tomó una columna del escritor Martín Caparrós, cuyo texto aparecía idéntico en nuestras plataformas casi un mes después, pero firmado por él.