Por: Catalina Ruiz-Navarro

Noticias falsas disfrazadas de ciencia

Mucho antes de que el tema de las fake news llegara a las agendas de los medios de comunicación, la comunidad médica y científica se ha tenido que enfrentar con noticias falsas, que usan la legitimidad del lenguaje de la ciencia para inventar síndromes, efectos secundarios y enfermedades que no son aceptadas por la comunidad médica y científica, pero que encuentran comunidades y personas dispuestas a difundir información falsa que rápidamente empieza a ser aceptada como cultura general, y de ahí salta a tener impactos, muchas veces nocivos y peligrosos, en la vida de la gente.

Uno de los ejemplos más peligrosos tiene que ver con los mitos en contra de las vacunas, que han logrado nuevos brotes de enfermedades que se consideraban extintas en todo el mundo. Según Tatiana Andia y Juliana Sánchez, en Razón Pública, “aunque en 2014 el Comité Internacional de Expertos (CIE) de la OMS certificó a Colombia como país libre de sarampión, rubéola y síndrome de rubéola congénita, los casos han vuelto a aparecer en el último año. El Instituto Nacional de Salud ha confirmado 280 casos de sarampión entre marzo de 2018 y marzo de 2019. La mayoría de esos casos han llegado desde Venezuela y son el resultado del deterioro de las condiciones de salud en el país vecino, que están poniendo a prueba el grado de inmunización de Colombia”.

La situación venezolana es crítica, pues hay un desabastecimiento de vacunas que pone en riesgo la salud y vida de la población. La llegada de los refugiados venezolanos a Colombia exige que estemos preparados para frenar posibles brotes de enfermedades infecciosas. Esto significa que la población tiene que estar vacunada. Sin embargo, la noticia falsa de que las vacunas pueden causar graves efectos secundarios (desde autismo hasta tendencias suicidas) ha logrado que la gente deje de vacunar a sus hijos, lo cual significa que cada vez hay más personas que no son inmunes a estas enfermedades infecciosas y las pueden transmitir.

Otro ejemplo es el invento del “síndrome de alienación parental”, un término que suena muy serio, pero jamás ha sido admitido por la comunidad médica, es rechazado por el DSM-V de la Asociación Americana de Psiquiatría y el ICE-10 de la Organización Mundial de la Salud. El supuesto síndrome consiste en que cuando una pareja de padres se separa, quien quede con la custodia de los hijos, usualmente la madre, “manipula” a su hijo para enemistarlo con el padre y convencerlo de decir que es víctima de abuso sexual. Y, aunque parezca plausible, el invento, en la práctica, sirve para excusar agresores y revictimizar a los niños que denuncian a padres abusadores. Al llegar a afirmar cosas como que “se puede implantar una memoria”, lo que se hace es poner en duda los testimonios de los menores, que son las víctimas, y quitarles agencia y criterio a los testimonios de la niñez. Según la doctora Isabel Cuadros Ferré, directora de la Asociación Afecto, “uno no puede implantar una memoria de abuso, porque los niños cuentan datos perceptuales como a qué huele el semen. Esto es una realidad y está demostrado a nivel mundial”. Y no solo no se pueden implantar memorias, los niños no son tontos, ciegos ni sordos, lo normal es que entiendan lo que pasa a pesar de lo que les digan los adultos y saquen sus propias conclusiones. Si un niño rechaza a uno de sus padres o guardianes hay que escuchar, es una señal contundente de que puede haber una situación de abuso.

La información médica y científica se somete a estándares internacionales como la Organización Mundial de la Salud y el DSM, que no son estándares perfectos, pero son la autoridad indiscutible para la comunidad no médica y no científica, y nada nos exime de la responsabilidad ética de difundir información falsa o dudosa que pueda poner en peligro la salud y la vida de las personas en nuestra comunidad.

849779

2019-04-11T00:00:51-05:00

column

2019-04-11T00:15:01-05:00

[email protected]

none

Noticias falsas disfrazadas de ciencia

39

4006

4045

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Catalina Ruiz-Navarro

Amigotes machiprogres

Locura y violencia

Perreo combativo

Marchar por la tierra

Campos de concentración