Por: Héctor Abad Faciolince

Novena de la derrota

1. ASÍ HA SIDO SIEMPRE: AL que recomiendo, pierde. No importa: “de derrota en derrota hasta la victoria final”. Yo también sueño, como Martin Luther King, “en el día en que el bien derrotado vencerá al mal triunfante”.

 2. Valiente triunfo el del mal. Ya Rasguño les aguó la fiesta a dos triunfadores del pasado domingo: Dilian Francisca Toro y Sammy Merheg. En las elecciones de 2006 —declaró el mafioso— les financió sus campañas políticas. Si hubiera algo de dignidad en este país, la justicia no debería permitir siquiera que se posesionaran.

 3. Si “el arte de vencer se aprende en las derrotas”, según Bolívar; si “la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”, como dijo Borges, entonces es posible, en este momento de amargura, no hundirse en la desesperanza.

 4. Los liberales acusan al PIN de fraude en el Valle; Cambio Radical acusa a los liberales de fraude en la Costa; el Polo acusa a los conservadores de fraude en Bello y en Medellín; el Partido de la U acusa al Polo de clientelismo en Bogotá; el Polo acusa al Partido de la U de tener candidatos untados de paramilitarismo; los liberales acusan a Cambio Radical de clientelismo en Barranquilla. Todos tienen razón. Despejen uno por uno los elementos de este fuego cruzado: no queda títere con cabeza, todos hacen trampa.

 5. Sesenta congresistas de la anterior legislatura están en la cárcel por parapolítica o nexos con el narcotráfico. Antes de entrar la nueva camada de senadores y representantes, ya hay unos 30 cuestionados en su ética pública. Compran votos, usan coacción contra los electores. La Fiscalía tendría que intervenir incluso antes de que se posesionen, para evitar que estos traficantes de la democracia adquieran inmunidad parlamentaria y alarguen sus procesos. Cuando los condenen, será tarde: robando, habrán recuperado la inversión.

6. El mismo Partido Verde de Mockus, supuesto triunfador de los independientes, ya tiene un senador que no se puede posesionar. Cometió actos indebidos en Boyacá y está inhabilitado. El que lo reemplaza, Romero, dicen en Santander, es mucho peor. Y la senadora que más votos sacó, de los Verdes, es una fanática: ganó gracias a una campaña absurda por la cadena perpetua de violadores. Tocó la fibra de los niños, una fibra fácil, teñida de populismo.

 7. Lo bueno de la derrota —dice Saramago— es que no es definitiva. Y lo malo de la victoria —añade— es que tampoco lo es. Vean: Uribito celebraba hace ocho días; hoy llora.

 8. En el escenario más sucio de la política, el de las elecciones parlamentarias, perdieron los que juegan limpio y ganaron los que se mueven con habilidad en la suciedad. Ganaron, sí, pero ¿qué ganaron? Ganaron otras elecciones teñidas de compra de votos. No hay nada que celebrar.

 9. Un cambio real y limpio todavía es posible en las presidenciales: Fajardo no está muerto. Derrotado por los sucios, más limpio se ve. Y su primera acción debería ser convocar a una Constituyente para revocar este nuevo Congreso Admirable, otra vez infectado por hampones.

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