Por: Andrés Hoyos

Ojalá

LA HISTORIA ES CONOCIDA: UN VIEJO seductor se cansa de jugar al fornicio con nenas de variado pelambre y sienta cabeza.

Su promesa de no reincidir en los viejos escarceos es más creíble si proviene de la convicción de que las muchas nenas implican una paradójica repetición de lo mismo, no de algún fracaso doloroso que lo haya dejado vapuleado. Pero la combinación de ambas razones también sirve.

La semana pasada tres reputados seductores políticos colombianos —Peñalosa, Mockus y Garzón—, vapuleados todos recientemente, se le midieron a fundar un partido político, como quien dice a sentar cabeza de la manera más dramática. Eso de partido político se dice fácil, pero para que nos entendamos, en la historia de Colombia la fundación del tercer partido ha sido el gran imposible. Tanto, que ni siquiera fraguó tras la impresionante degradación de los dos partidos de origen decimonónico, muy en particular del Partido Liberal, mayoritario a lo largo del siglo XX. El último intento de reforma de algún partido a fondo lo llevó a cabo Luis Carlos Galán en los años ochenta, y ya sabemos cómo terminó.

A veces me pregunto por qué ha sido tan difícil fundar el tercer partido y no tengo una respuesta. Los intentos previos murieron de males variados: la impaciencia (el Unir de Gaitán), el oportunismo más crudo (el MRL), la inconsistencia doctrinaria (la Anapo, el M-19 y el actual Polo), la angurria sectaria (el Partido Comunista, el Moir, aunque también el Partido Nacional de Núñez), el personalismo exacerbado (casi todos). Así es que uno les desea a los Trillizos suerte y espera, cruzando los dedos, que no sucumban a una combinación de los males mencionados.

Dado que aún no conocemos el programa y la estrategia del partido para poderlos analizar, pasemos breve revista a los fundadores. Enrique Peñalosa ha sido un visionario brillante, pero al mismo tiempo es terco a morir y su desprecio por la política nunca le permitió ejercerla con provecho. Esto tuvo una consecuencia que me sigue pareciendo increíble: lo matricularon en la derecha, pese a que sus ideas incluyen varias claves para una izquierda posterior a la caída del Muro de Berlín. Antanas Mockus es otro visionario de diferente vertiente y un hombre ético. Al verlo en una reunión no hace mucho yo me decía: qué lástima que un tipo tan dotado sea químicamente incapaz de pertenecer a una organización que no se centre a su alrededor. Y Lucho Garzón, un hombre hecho a pulso, se volvió primero un sindicalista radical, afiliado al Partido Comunista, hasta que un buen día arrancó por la senda de la sofisticación política con un bagaje incompleto y con una impaciencia tan grande que más de una vez lo llevó a caer en el oportunismo abierto. No obstante, Lucho es un símbolo poderoso.

Sobra decir que si el partido ha de ser partido, tendrá que reclutar a mucha gente sin que los Trillizos presuman de primogenituras exageradas. Conviene discutir a fondo los programas, al tiempo que se participa en la coyuntura política, aplazando la propia fundación del partido hasta que éste tenga una estructura, una estrategia y un programa, todos sólidos y aceptados por un número muy amplio de gentes. Y, ojo, que el que no esté de acuerdo con los fundamentos del partido no entre. Supongo que la reciente calamidad del Polo está demasiado tibia como para que esta lección no se haya aprendido.

El tema obviamente amerita recurrencias.

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