Por: Carolina Botero Cabrera

En defensa del cifrado

Los ataques terroristas son una gran excusa para impulsar leyes restrictivas, por ejemplo, el Acto Patriota aprobado tras la caída de las torres gemelas.

Seguramente, el ataque del Estado Islámico a París traerá su oleada de nuevas excusas. ¿Cuánto apostamos a que uno de los damnificados será la tecnología de cifrado? (también conocida con el anglicismo de encriptación). Cuando se estaba intentando entender cómo había sucedido el ataque, el New York Times publicó un artículo en el que la inteligencia francesa afirmaba que los terroristas usaban herramientas para comunicación cifrada. Además, se apresuraron a culpar a Edward Snowden porque dio los tips para evadir a las agencias de inteligencia, como si el cifrado no fuera una práctica extendida y necesaria para muchos grupos, incluso sirve para juegos infantiles.

El cifrado es una herramienta no exclusiva del crimen. Es indispensable para las transacciones bancarias que todos usamos. Herramientas como TOR se crearon para ser usadas por defensores de derechos humanos y periodistas aunque están al alcance de cualquiera. El cifrado es como un cuchillo: la herramienta en sí misma no es letal, depende del uso que se le dé. Se dice que el EI usa Telegram en sus comunicaciones, pero la investigación del caso concreto de París está mostrando que la célula responsable de estos ataques no usaba cifrado. Por tanto, tampoco puede decirse que es la única forma en que lo hacen. Los datos que han permitido avanzar en las investigaciones de este caso se tomaron de un teléfono que tenía mapas, contactos, todo a la vista. Con base en esa información, pudieron hacer las conexiones necesarias para identificar al cerebro de la operación, quien, por cierto, ya tenía sus comunicaciones interceptadas.

Francia desde hace pocos meses tiene una ley de inteligencia que incluye facultades de vigilancia masiva draconianas. Sin embargo, no les bastó para evitar el desastre. ¿Será que por andar mirando el bosque no logran ver los árboles? El problema es que la labor de inteligencia es una tarea complicada y falible. Debilitar la seguridad de todos en Internet no es la panacea que nos van a vender. Lo que sí hará de seguro es afectar la seguridad de todos.

 

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