Por: Columnista invitado

¿Ideología de género?

Intensa polémica se ha desatado en los últimos días con respecto al Decreto 1965 que reglamenta la Ley 1620 de 2013, ratificada por la Corte Constitucional mediante sentencia T478 de 2015.

Por: Adolfo León Atehortúa Cruz
Rector Universidad Pedagógica Nacional
 
Lamentable, sin embargo, que al debate se asista con falacias e intereses partidarios, electorales, con desinformación sobre los propósitos de la norma, y no siempre con el ánimo e intención de defender una adecuada educación para la sexualidad, la prevención y la mitigación de la violencia escolar en nuestros niños, niñas e instituciones formadoras.  
 
La labor del Ministerio de Educación Nacional, en este caso, se ha situado en el marco de la ley y la Constitución. Pero, sobre todo, con particular respeto por la autonomía escolar y el reconocimiento que se debe a los ‘comités escolares de convivencia’ de los establecimientos educativos. Dichos comités, por cierto, cuentan con la participación de padres y maestros y actúan como órganos encargados de apoyar la labor de promoción y seguimiento a la convivencia escolar y a la educación para el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos.
 
Deplorables, frente a todo ello, las expresiones de odio y las acciones de discriminación fundadas en prejuicios negativos, en posturas absolutas contra identidades de género y orientaciones sexuales cuya única incorrección es que son distintas a la considerada hegemónica.  
 
Ni la familia ‘tradicional’ ni la heterosexualidad son amenazadas porque existan diferentes configuraciones familiares o diversas elecciones vitales respecto al ejercicio de la sexualidad. Múltiples investigaciones científicas y la genética misma dan cuenta de ello. Alentar una sensación de miedo y rechazo frente a quienes detentan la diferencia es actuar en contra de la convivencia pacífica y desconocer el necesario respeto por los derechos de todos. Daño real han proporcionado a la familia, en cambio, la pedofilia y los abusos sexuales en contra de la inocencia infantil, que no pocos han patrocinado con su silencio cómplice o la impunidad garantizada. 
 
La cruzada contra aquello que ha sido denominado ‘ideología de género’ (y no perspectiva de género, como se conoce en el mundo académico) contiene en sí mismo una paradoja, que consiste en prescribir, juzgar y condenar visiones diversas, amplias, flexibles del género y la sexualidad desde una postura categórica y absoluta que reduce lo primero a las características del cuerpo-sexo (masculino y femenino), y lo segundo a un intercambio heterosexual orientado principalmente a la procreación. En suma, se convierte exactamente en lo que denuncia, esto es, en una ‘ideología de género’, en una visión del mundo o, más preciso, de la sexualidad, que, para el caso, además, es dogmática.
 
La existencia y el funcionamiento de manuales de convivencia arbitrarios, prejuiciosos, discriminatorios, así como de mecanismos de administración de justicia en la escuela consecuentes con este tipo de orientaciones han propiciado casos como el de Sergio Urrego, ampliamente conocido, en el cual la escuela incurrió en actos comprobados de discriminación y persecución sistemática por razones de identidad de género y orientación sexual.
 
En orilla diferente se ubica la lucha contra toda forma de discriminación y vulneración de los derechos de todos y cada uno de los miembros de las comunidades educativas del país, la defensa del Estado Social de Derecho, de nuestra Constitución Política, y de las aspiraciones a vivir en una sociedad en paz, más educada y más justa. Antes que expresiones airadas e intolerantes, Colombia necesita diálogo, comprensión, respeto. Colombia exige que nos sentemos a pensar y a discutir en serio, con amor y sin distingo alguno, sobre la educación y formación de nuestros niños, niñas y jóvenes.
 
Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado