Por: Salomón Kalmanovitz

La enorme concentración de la tierra

Los conflictos armados han propiciado una gran concentración de la tierra en la historia de Colombia.

 

Las luchas agrarias de los años 30 del siglo XX desconcentraron las haciendas explotadas por arrendatarios bajo condiciones de servidumbre, pero La Violencia de los años 50 revirtió el proceso.

Se calcula que durante la guerra civil desatada por la extrema derecha en el Gobierno fueron desplazadas unas dos millones de personas, contra las más de cinco millones que está expulsando el conflicto actual. En términos productivos, se abandonaron recientemente unos 700.000 predios que se labraban intensivamente, contra unos 400.000 durante La Violencia.

En la víspera y postrimería de la reforma agraria del Frente Nacional se hicieron dos censos agropecuarios que mostraron que la propiedad rural estaba bastante concentrada con un Gini de 0,86. Un Gini de cero significa una distribución equitativa y si alcanza uno es el paroxismo de la concentración. Según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, se observa “una tendencia a la desconcentración entre 1960-1984 y una reversión en la tendencia entre 1984-1996. También se confirma la tendencia de la concentración por regiones, en especial en el piedemonte llanero, el occidente y la costa Atlántica. Entre los factores de apropiación de la tierra en manos de grandes fortunas está el narcotráfico, la acumulación de rentas institucionales o de la valorización sin contar con un mecanismo de tributación sobre la propiedad que frenase la concentración, [además del] despojo violento a pequeños y medianos propietarios por el control territorial de grupos alzados en armas”.

El coeficiente Gini en 1988 descendió a 0,84, quizá correspondiendo a las conmociones sociales que originó el movimiento liderado por la Asociación de Usuarios Campesinos (ANUC) de 1967 en adelante, que provocó que grandes latifundios se dividieran o vendieran. Sin embargo, en medio de la contraofensiva paramilitar se hizo una medición que arroja un Gini de 0,88 en 1996 y hay incluso un cálculo que le asigna un valor de 0,91. Aunque el Censo Agropecuario de 2014 no ha sido dado a conocer por el DANE en forma rigurosa y completa, el grado de concentración que hemos calculado preliminarmente es enorme: el Gini sin territorios étnicos me dio 0,95. Ana María Ibañez ha mostrado cómo hubo un gran desplazamiento de propiedades medianas en los años 90, lo que dio lugar a una pérdida de crecimiento notable del sector y a la caída en la pobreza extrema de los obligados a migrar.

Hoy más que nunca se requiere que la propiedad rural pague impuestos. Los latifundios esperan que el Estado les valorice sus tierras y mientras tanto evaden sus obligaciones tributarias. Más de dos puntos del PIB anual se han dedicado a la guerra contra la insurgencia, que los ha beneficiado en especial. La subvaluación de los predios rurales en el catastro actual es notoria: están entre 10 y 30% de sus valores comerciales y no se sabe en qué anda el nuevo catastro prometido por el Gobierno hace ya tres años. Según Luis H. Barreto, si las diez millones de explotaciones rurales pagaran prediales sobre el 80% de su valor comercial, aún con las bajas tarifas actuales, el recaudo sería del orden de $12.3 billones (1.5% del PIB), que bien invertido le podría dar un impulso importante al desarrollo rural.

 

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