Por: Augusto Trujillo Muñoz

También hubo héroes

Cuando el país recuerda la tragedia del Palacio de Justicia acierta al evocar sus mártires, pero yerra al ignorar sus héroes.

Treinta años después la herida sigue abierta. No es fácil decir qué fue más absurdo, si la decisión guerrillera de tomarse el Palacio o la decisión militar de recuperarlo en esa forma. La sede de la justicia se convirtió en un campo de batalla. Definitivamente la guerra no resuelve problemas políticos, los agudiza. El gobierno del momento, tal vez el más pacifista de la historia reciente, quedó con las manos atadas pues, a todo parecer, los militares no se tomaron la molestia de consultar oportunamente al jefe del Estado.

La Comisión de la Verdad que investigó el suceso puso de presente que el asalto era conocido por el Gobierno, por el Ejército y por la misma opinión pública. La toma fue demencial pero la reacción militar, según el informe, desbordó sus potestades. Las audacias del M-19 en operaciones anteriores se volvieron enajenación y locura. Sin embargo, la respuesta militar se volvió ilegítima por el abuso. De acuerdo, eran otros tiempos, era otra guerrilla y era otro Ejército. Pero todo aquello fue irracional.

Infringió un duro golpe al Estado de Derecho que, por fortuna, fue recuperado por la Constituyente un lustro después. La gran virtud de una asamblea constituyente es esa: tiene capacidad de relegitimación. Vale la pena recordarlo hoy. Pero lo que deseo subrayar ahora es que, en estos días, el país está evocando, con toda justicia, la memoria ilustre de los mártires de aquel holocausto, y guarda silencio frente a una heroica actitud que, por cierto, es muy poco conocida. De seguro, por esa misma razón no la evoca.

Fanny González Franco, nacida en Pensilvania, Caldas, y abogada de la Universidad Pontifica Bolivariana de Medellín era, en ese momento, la única mujer —y la primera en la historia— que desempeñaba una magistratura de la Corte Suprema de Justicia. Cuando fue contactada por su familia, en medio de la toma guerrillera, les expresó las siguientes palabras, recogidas por el diario El Tiempo en su editorial del 28 de julio de 1986:

“Por voluntad de Dios y autoridad de la Ley, vine a la Corte a administrar justicia, en nombre de la República de Colombia...no a llorar ni a pedir clemencia. Dios está conmigo y me ayudará a conservar mi dignidad de magistrada. Si es designio de Dios que yo muera, para que se conserven inmaculadas las instituciones jurídicas y vuelva la paz a Colombia, entonces que Dios, el presidente y las Fuerzas Armadas salven la Patria. Muero pero no me doblego”.

Fanny González Franco es una auténtica heroína. Como Antonia Santos o Manuela Beltrán. Simboliza la dignidad y la grandeza, el coraje y el decoro personales. Es la representación más nítida y trascendente de la majestad de la justicia en medio de la sinrazón y de las más descabelladas expresiones de barbarie. Su memoria merece un homenaje nacional.

 

* Exsenador, profesor universitario.

@inefable1

 

 

 

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