Por: Columnistas elespectador.com

Un año de decisiones polémicas

El 2016 pasará a la historia como un año en el que se tomaron decisiones políticas inesperadas en varios países y en circunstancias muy diferentes.

El brexit, en Reino Unido, demostró que, a pesar de que los medios de comunicación y el Gobierno hicieron todo el lobby posible para evitar su salida de la Unión Europea, el pueblo fue quien tomó la decisión.

También y de manera inesperada, a pesar de que todo estaba dado para que el plebiscito en Colombia decidiera el futuro del proceso de paz entre el Gobierno y las Farc, la gente dijo No, dándole la espalda a un proceso que contaba con todo el respaldo de la maquinaria política del país cafetero.

Para finalizar un año de sorpresas, sólo faltaba que Donald Trump, polémico candidato republicano, ganara las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Nadie, ni siquiera su coalición, daba un peso por él; era considerado para el mundo político e incluso para su mismo partido como un outsider o un “intruso” pero, nuevamente para sorpresa de muchos, el magnate neoyorquino terminó imponiéndose en las elecciones al recoger la voluntad popular, que quería oponerse a un modelo de Gobierno que, si bien había generado muchísima aceptación con Barack Obama, generaba mucha resistencia.

Su contraparte, Hillary Clinton, nunca logró conectarse con el pueblo. Por el contrario, siempre fue vista como una persona con posturas libertarias radicales, pero no lo suficientemente radicales para por lo menos copar todo ese sector que habían dejado los periodos anteriores. Tal vez no se tomaron el tiempo suficiente para organizar una campaña que les permitiera llegar a Estados, que los demócratas consideraban como ganados y que, en definitiva, terminaron siendo claves para Donald Trump. Ejemplo, Wisconsin, donde se esperaba que el Partido Demócrata ganara todos sus votos electorales, pero al final se impuso Trump.

El brexit, el voto por el No en el plebiscito y la elección de Donald Trump tienen que cuestionar a muchos sectores de la sociedad. La postura crítica de los gobiernos es fundamental porque, si bien hicieron un mandato claro, a la hora de ejecutarlo con posturas definidas, no contaron con el apoyo popular. David Cameron no tuvo el respaldo de los votantes en el brexit ni Santos durante el plebiscito y tampoco contó con éste Obama que, con su apoyo y respaldo, daba por hecho que Clinton lo iba a reemplazar en la Casa Blanca.

También perdieron las redes sociales y los medios de comunicación. Cada día son menos influyentes en la opinión pública y fueron incapaces de mover las masas para que se inclinaran por tres medidas que, por su fracaso, hoy hacen tambalear al mundo.

Director de la maestría en Derecho Internacional. U. de La Sabana

 

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