Por: Aura Lucía Mera

¡Páginas negras!

El horror que sentí al abrir algunos periódicos el martes 7 no lo puedo describir, porque ninguna palabra lo puede contener. Como lo dijo Piedad Bonnett el domingo pasado en su columna: esa página-pasquín “que nos recuerda las épocas más pavorosas de persecución política, no sólo falta a la ética sino a la estética: hay algo de macabro en su fondo negro, y en sus señaladores en rojo y amarillo, que si se miran bien parecen balas”.

Sentí una especie de amenaza torva. Como el planear de las águilas negras buscando carroña o escogiendo sus víctimas. Revolando en círculos concéntricos y dispuestas a caer en picada al menor descuido de la carnada.

No entiendo cómo periódicos regionales, que dan cabida en sus columnas de opinión a artículos de diversas ideologías, respetando así el sentir democrático y pluralista de sus colaboradores, aceptaron entregar una página entera teñida de negro-muerte, de contenido falaz y sesgado, precisamente el día en que el nuevo presidente de la República tomaba posesión del cargo y la capital recibía a las primeras autoridades de otros países. ¿Tal vez el dinero del Centro Democrático, firmante de esta vergüenza, logró convencerlos por un “puñado de dólares”? ¿Cómo fue la compraventa de la dignidad?

Este episodio, y valga el pleonasmo, es una de las páginas negras más vergonzosas de nuestra historia reciente. La tengo guardada para dar testimonio a mis descendientes de este atropello, ya que somos un país amnésico.

Me vinieron recuerdos que escuchaba en mi infancia y adolescencia... los cortes de franela, los titulares de las páginas rojas que mi papá trataba inútilmente de escondernos para que no nos enteráramos de esa guerra cruel, salvaje, sangrienta, basada en diferencias políticas, y que yo lograba sacar del tarro de la basura, arrugadas y sucias como su contenido.

Y la cereza del pastel, la diatriba veintejuliera sin sintaxis ni sustentación válida del hombre de trapo que, a base de argucias y componendas, logró ser el presidente del Congreso. Palabras llenas de babaza, de odio, lo más probable escritas por el patrón, calculadas fríamente para enlodar al presidente saliente y quitarle protagonismo al entrante. Una especie de “tatequieto” preventivo para que el nuevo mandatario no se atreva a salirse del guion.

Dios quiera que el presidente Duque, cuya primera semana de gobierno ha sido opacada, confusa, plena de mensajes dobles y amenazas solapadas, logre zafarse de una de “la pandilla”, o mejor dicho banda, que lo quiere someter y estrangular.

Somos millones de colombianos que le deseamos un buen gobierno. Tiene los elementos. Tiene las riendas en la mano. Quítese esa jáquima que le aprieta y suéltese. Hágalo ya, antes de que sea demasiado tarde y quede maniatado.

El patrón sabe de caballos, matreros y pateadores, rodeado de potrancas. Pero usted está montado en uno diferente que desea la libertad, correr por las praderas, beber agua de ríos cristalinos, veloz, abierto al horizonte, noble y valiente... Suéltele las riendas. Usted y nadie más es el jinete. No se lo deje manosear ni permita que se lo resabien. Ponga distancias. Ya no está en el picadero haciendo “dressage”. ¡Le llegó el momento de salir a campo abierto a galopar! Colombia está pendiente!

Posdata. Las páginas de Colombia jamás se volverán a teñir de negro ni de rojo. ¡Serán páginas en blanco para recibir ideas y proyectos!

 

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