Por: Armando Montenegro

Paliza de PISA

Los resultados de las pruebas PISA de 2018 —que comparan la calidad de la educación y miden también su desempeño en cada país a lo largo del tiempo— siguen mostrando que la situación de Colombia es dramática. Tres datos lo dicen todo: la mitad de los estudiantes colombianos de 15 años, a punto de salir al mercado de trabajo o de comenzar estudios de educación superior, no pueden entender un texto básico, es decir, son analfabetos funcionales; ese mismo porcentaje del 50 % no ha aprendido los rudimentos de la ciencia y el 65 % no puede hacer las operaciones matemáticas más elementales, necesarias para su desempeño en la vida moderna.

Dado que el objetivo de PISA es precisamente determinar si los jóvenes han adquirido el conocimiento y las capacidades necesarias para participar con éxito en la sociedad, los resultados que hoy lamentamos nos siguen diciendo que más de la mitad de los muchachos colombianos no reciben del sistema educativo la formación mínima para moverse en forma adecuada en el mundo de hoy. Este es un monumental fracaso de la sociedad colombiana.

Cuando se observan los resultados de las cuatro pruebas PISA que han medido la educación en Colombia desde 2006, se observa, sin embargo, que sí se ha producido alguna mejoría, pero no lo suficiente como para poder afirmar que nuestro sistema educativo ha dejado de ser un fiasco.

Uno de los hechos más negativos se encontró en el área de comprensión de lectura, donde se registró una caída absoluta de las calificaciones entre 2015 y 2018: de 425 a 412 puntos (los resultados de 2018, de todas formas, fueron superiores a los de 2006, que apenas llegaron a 385 puntos).

Los análisis de PISA muestran que, en Colombia, al igual que en la gran mayoría de los demás países, los resultados educativos están fuertemente correlacionados con la situación socioeconómica de las familias. La pobreza es el principal predictor de una educación deficiente, un hecho que contribuye a la reproducción y perpetuación de la misma pobreza (las personas de altos ingresos, y también algunos destacados líderes de la izquierda y ciertos dirigentes sindicales, envían a sus hijos a escuelas privadas de buena calidad y alto rendimiento).

En materia de equidad de género, las niñas colombianas, como en otras latitudes, presentaron mejores resultados que los niños en lectura y ciencia, pero en menor proporción que en los países más avanzados. Por otra parte, tuvieron una mayor desventaja en el área de las matemáticas (en la cual los niños muestran usualmente mejores puntajes).

Aunque se sabe que el sistema educativo de un país no puede mejorarse dramáticamente en cuestión de unos pocos años, el escaso progreso de Colombia a lo largo de casi tres lustros es una poderosa señal de que, a pesar del genuino interés y los esfuerzos de los distintos gobiernos, lo que se ha hecho ha resultado insuficiente y en algunas áreas, probablemente, desenfocado.

Es necesario revisar, a la luz de las experiencias de otros países y las enseñanzas de los mejores estudios académicos, lo que se ha hecho, pero, sobre todo, lo que se ha dejado de hacer en el campo de la formación, selección, evaluación y estímulo de maestros, elementos claves para el mejoramiento de la calidad de la educación. Como siempre se dice cuando se aborda este tema, de esto depende, literalmente, el futuro del país.

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2019-12-08T00:00:45-05:00

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