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hace 21 mins
Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Parques altitudinales y gente

Brigitte Baptiste, la directora del Instituto Humboldt —que tiene como misión la investigación en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la toma de decisiones— acaba de publicar un interesante artículo, “Parques innaturales” (Semana, 18/10/2017), que nos invita a repensar la estrategia de conservación en el proceso de construcción de paz.

El artículo hace referencia a un parque en Francia, creado en 1977, donde sus 177.000 habitantes son gestores y protagonistas en el propósito de conservación. Su gran aporte es la evidencia de que conservación, producción sostenible, cultura, educación, recreación y economía son naturalmente posibles.

Interpretando esa iniciativa, imaginemos convertidos en parque una carretera y su entorno. Por ejemplo, la vía que hoy aparece como un obstáculo para llegar a la reconocida región turística del café, la carretera de La Línea.

Sabemos que por el calentamiento global se está dando una migración altitudinal de especies de fauna y flora y que, por ello, más que parches protegidos de un mismo ecosistema, los parques naturales deben incluir corredores de conservación para disminuir el impacto del calentamiento global sobre la biodiversidad. Por ello, convertir la travesía de la poblada cordillera Central en un gran parque natural puede ser ejemplo y referencia global de adaptación al cambio climático.

Qué tal que al iniciar el ascenso a La Línea encontráramos un centro de educación ambiental, que nos ilustrara que a lo largo de la carretera se adelanta un proceso de restauración para crear un corredor biológico de 50 metros a lado y lado como parte de la estrategia de conservación de la vía y de la biodiversidad . Este, como eje de un parque natural, que además contribuye a estabilizar taludes para evitar derrumbes.

Los viajeros dispondrán de espacios de parqueo a lo largo de la vía para la observación de la biodiversidad y para disfrutar de los principales productos agropecuarios que van cambiando según el piso térmico, cerrando con la síntesis de la integración climática el agua de panela con queso paramuno.

Para los que tengan tiempo, habrá pequeños hostales de agro y ecoturismo, donde campesinos del área, como gestores productivos y ambientales, ilustrarán a los viajeros con los importantes aportes de sistemas productivos sostenibles a la conservación de la biodiversidad. En algunos casos, café orgánico asociado a sembrío biodiverso con producción de frutas, flores, miel de abejas, maderas y productos artesanales localmente elaborados. En otro parador, para quien quiere más que un buen café, habrá una buena bandeja paisa con fríjoles cultivados en las laderas con cuidadosas medidas de conservación de suelos. Otro será de productos lácteos provenientes de sistemas silvopastoriles, donde los árboles asociados a la alimentación del ganado ayudan a disminuir la erosión y aportan a la recuperación de la biodiversidad.

Para los conservacionistas profundos, que no quieren comer, habrá senderos dentro de un área de bosque nublado tropical donde bosque y neblina generan la llamada lluvia horizontal, cuando la vegetación atrapa agua de la nube. También un corredor biológico altitudinal alejado del ruido de los autos.

Una experiencia de Francia aplicada a la construcción de paz, que podemos replicar en muchas zonas de Colombia.

 

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