Por: Andrés Hoyos

Pasos de animal grande

Sé que Iván Duque ha vivido los últimos años en un conjunto al norte de Bogotá porque un amigo tiene un apartamento allí. Me cuenta él que desde hace varios meses los vecinos del edificio empezaron a sentir pasos de animal grande.

En agosto Duque se muda al Palacio de Nariño, de modo que ahora será la gente de la Candelaria la que va a sentir esos pasos. Son los de los dinosaurios que han estado rondando al presidente electo. Hablo de Fernando Londoño Hoyos, José Obdulio Gaviria, José Félix Lafaurie, Rafael Nieto Loaiza, Luis Alfredo Ramos, Fabio Valencia Cossio, incluso uno muy feroz, recién llegado, de apellido Ordóñez. Y también hay dinosaurias: María Fernanda Cabal, Paloma Valencia o Alicia Arango, quien según los “Confidenciales” de Semana suena para el puesto de superministra, es decir, jefe de gabinete. Por si quedaban dudas, la señora Arango dijo la semana pasada en La W que “nuestro jefe” –se refería a ella misma y a Iván Duque– “es Álvaro Uribe”. Así que ya sabemos quién sería el primero en recibir los reportes que la señora Arango escribiría desde su despacho: el mismísimo Tiranosaurio Rex. Vaya uno a saber si el rey de la manada deja gobernar al joven aspirante o si no resiste las ganas de devorárselo.

Para mí no es indiferente, como sí para algunos, que se impongan los dinosaurios o que se forme un gobierno de centro derecha. Aunque este último no es ni por mucho el adecuado para adelantar la agenda reformista robusta que se requiere o para desmontar la bomba social que nos aqueja, por lo menos podría virar hacia la sensatez, mientras que los dinosaurios no quieren otra cosa que ser los dueños perennes del país, haya que hacer lo que haya que hacer.

Son, en efecto, dos gobiernos potencialmente distintos, así uno de centro derecha pueda incluir un par de dinosaurios de ministros, siempre y cuando no ocupen los puestos más sensibles. De darse la hegemonía de los dinosaurios en el gobierno de Duque, se impulsaría en la oposición una corriente populista radical, casi imposible de frenar, mientras que el predominio del centro derecha daría más espacio al centro y al centro izquierda para perfilarse como alternativas. Por si acaso, se ve difícil que en unas elecciones abiertas y justas la derecha vuelva a triunfar en 2022. Para ello Duque tendría que hacer un buen gobierno –aclaro, “buen gobierno” en sus propios términos– y mantener una alta popularidad, tanto propia como del régimen. Lo veo improbable.

El gabinete, por supuesto, será el signo crucial para definir la dirección que tome Duque. Ahí sabremos si en estos días el hombre compró unos resistentes pantalones de dril o se quedó en shorts y se va a dedicar a montar en dinosaurio mientras el país se estremece y se deteriora. El papel de la ciudadanía es central: si es pasiva, los dinosaurios saldrán con facilidad a hacer estragos; si es activa, dicha cacería se hará más difícil y sus consecuencias se atenuarán. Es lo que le está pasando a Trump: es dueño del Congreso, pero la ciudadanía lo tiene al rojo. Pese a que el Congreso será el foro para opositores de peso, entre ellos Antanas Mockus, Gustavo Petro, Jorge Enrique Robledo y el resto de las bancadas verde, del Polo y de Compromiso Ciudadano, no hay allí suficiente representación para trancar ninguna de las prioridades del gobierno. De modo que la batalla por la opinión será crucial. Eso quiere decir la batalla por usted, estimado lector.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

 

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