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La solicitud del presidente de México al rey de España y al papa para que, en nombre de las instituciones que representan, pidan perdón por las masacres y violaciones de los más elementales derechos ocurridos durante la conquista de México invita a revisar las versiones de lo ocurrido en la Nueva Granada.
A la llegada de los españoles al territorio que hoy es Colombia vivían de tres a cuatro millones de habitantes, de los cuales solo sobrevivían del 15 al 20 % en el siglo XVII. Solamente a finales del siglo XIX la población de Colombia superó los cuatro millones. El empadronamiento de 1778 daba cuenta de 891.000 habitantes y el censo de 1905 registra 4,5 millones de personas. S. Kalmanovitz afirma: “las exigencias laborales impuestas por los españoles fueron, en efecto, devastadoras: jornadas de 14 horas o más en las minas, transporte a lomo humano, construcción de poblados e iglesias, producción agrícola que sustentara dicho esfuerzo y sostuviera el parasitismo de la mayor parte de los españoles”. Los desplazamientos masivos, la destrucción de las poblaciones indígenas y sus cultivos generaron hambrunas generalizadas. O. Melo dice que en 1540, en la región Cali-Popayán, los cronistas hablan de más de 100.000 muertos de hambre, aunque la cifra puede estar sobreestimada.
Hay un caso de canibalismo relatado por Gonzalo Fernández de Oviedo: “los españoles mataron un indio que tomaron, y asaron la asadura y lo comieron, y pusieron a cocer mucha parte del indio en una grande olla, para llevar qué comer en el batel”.
No toda esta catástrofe demográfica fue causada por la barbarie de los “civilizadores”, pues enfermedades como la viruela y el tifo eran desconocidas en el Nuevo Mundo y, por lo tanto, el sistema inmunológico de los nativos no había desarrollado anticuerpos para combatirlas.
El escritor Enrique Serrano presenta una visión diferente de la Conquista: “de esta manera se explica el hecho de que, aunque hubo alguna débil resistencia indígena, la asimilación de la hispanidad fue más bien pacífica y rápida, y el hecho —aún más importante— de que prácticamente no hubiese mestizaje cultural, sino racial en la mayor parte del territorio”.
La obra literaria de Serrano ha sido reconocida con el premio Juan Rulfo por su cuento “La marca de España”. García Márquez y Álvaro Mutis lo elogiaron como un gran escritor, pero los cronistas e historiadores se apartan de su visión romántica de la Conquista.
Para pedir perdón no existe la prescripción. En el año 2000 la Iglesia católica, tímidamente, lamentó haber quemado vivo a Giordano Bruno, 400 años después del crimen; sin embargo, no lo rehabilita y de alguna forma justifica a la Inquisición al afirmar que Bruno fue juzgado por un tribunal serio y ponderado. Giordano fue el precursor del pensamiento racionalista. Un parque en Bogotá con su busto recuerda su memoria.
Nota. Agradezco a Bernardo Mayorga por señalar algunas imprecisiones de mi columna “Omega”. He debido ser más explicito al decir que un conjunto ordenado, por la relación de inclusión, puede ser “menor” que otro y tener la misma cardinalidad. Propiedad de los conjuntos infinitos. Los números trascendentes computables son obviamente irracionales.
