Perdón, Jineth Bedoya

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No se sabe qué es peor: si el secuestro y las torturas que sufrió la periodista Jineth Bedoya a las puertas de la cárcel La Modelo y la violación masiva de que fue víctima después, el 25 de mayo del 2000, o el empeño del Estado colombiano en ocultar su responsabilidad en el caso, para lo cual, el pasado lunes, Camilo Gómez, director de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, recusó por supuesta parcialidad a los jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que apenas habían interrogado a la periodista.

El testimonio de Jineth ante la Corte fue conmovedor y lo único que hicieron los jueces fue expresarle su empatía como personas: con lágrimas, ella contó cómo, luego de recibir amenazas por sus informes sobre tráfico de armas y compra y venta de secuestrados en la cárcel La Modelo de Bogotá, por recomendación de funcionarios de Inteligencia de la Policía acudió a la prisión en compañía de un fotógrafo y de Jorge Cardona, editor de este diario, donde ella trabajaba en ese momento, para hablar con el jefe paramilitar de la cárcel y ver si era posible que cesaran las amenazas. (Para entonces, ella y su madre ya habían sido víctimas de un atentado). No obstante que la boleta de ingreso estuvo lista, la entrevista no se dio porque, mientras Cardona fue a buscar al fotógrafo para entrar a La Modelo, Jineth fue abordada por un hombre y una mujer y encañonada con una pistola 9 mm. Luego de pasar frente a una patrulla de Policía, fue llevada a un sitio cercano, golpeada y, después de una larga travesía en la que afrontó toda clase de torturas, violada masivamente en un lugar donde había uniformados. Después fue abandonada, casi muerta, en una carretera. En el trayecto, le repitieron que todo eso se lo hacían para que la prensa escarmentara, “porque los periodistas se metían donde no debían”.

Interrogada sobre las investigaciones realizadas al respecto por la justicia colombiana, Jineth contó que, inicialmente, los periodistas allegaron pruebas e hicieron grabaciones a autores materiales en compañía del CTI de la Fiscalía. Pero después se perdió parte del expediente y el proceso estuvo paralizado 11 años. La investigación solo se reactivó cuando la Fundación para la Libertad de Prensa denunció el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Muchos años después, gracias a investigaciones periodísticas y declaraciones de paramilitares, se estableció que quien les habría pedido a esos delincuentes que secuestraran a Jineth habría sido un exgeneral de la Policía. Sin embargo, después de semejante inculpación, nada pasó: la investigación siguió congelada. Ahora que la asumió la Corte Interamericana, el Estado colombiano, en lugar de pedirle perdón a Jineth y brindarle una reparación, recusó a los jueces, se retiró de la audiencia y optó por encubrir semejante atrocidad que atentó no solo contra Jineth, sino contra toda la prensa.

Con esos hechos del 25 de mayo del 2000, como ella lo dijo, a Jineth Bedoya le acabaron la vida. Y con la actuación, el pasado 15 de marzo, de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, a Colombia le acabaron la dignidad.

Nota. Felicitaciones al director de la Policía, general Jorge Luis Vargas, a quien respeto y en quien confío, por la reforma que planea para la institución: educar a los policías en derechos humanos y ponerles microcámaras que filmen permanentemente sus actuaciones hará la diferencia. ¡Gracias, general!

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

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