Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

Periodismo para la democracia (I)

En el ejercicio de mi labor periodística, he buscado facilitar el surgimiento del pensamiento crítico y abrir la esperanza en una sociedad más humana, en paz y en vías de institucionalizar un desarrollo sostenible. Hoy, no tengo duda: escribir es un camino para aprender a pensar, a decidir y a comprometerse, para servir, cocrear y ser.

En las siguientes tres columnas pongo a consideración del lector -para su análisis y conciencia crítica- un extracto de la Introducción a mi texto: Periodismo para la Democracia. 50 años de periodismo humanista. Procuraduría General de la Nación, Universidad de Medellín, Esap, Compensar, CPB, Acofade, Domopaz, y Redunipaz. Impreso por el Grupo Editorial Ibáñez. Bogotá. Iniciemos.

Periodismo humanista. Después de trasegar paulatinamente durante 50 años como periodista de opinión, he tomado distancia sobre el contenido de lo escrito y concluyo que, en mis 28 libros, las preocupaciones sustantivas han estado centradas en lo más significante de lo humano; de ahí el subtítulo del texto. Así que entiendo que el periodismo humanista es la vocación y actividad que se ocupa sistemáticamente del estudio de la complejidad de lo humano, mediante el desarrollo de la labor informativa crítica, desempeñada por comunicadores, escritores y publicistas, a través de los diferentes medios de comunicación. Tengamos en cuenta que, en el ejercicio de mi labor, he aprendido a sembrar la esperanza en una sociedad más humana, en paz y en vías de institucionalizar un desarrollo sostenible. Desearía adicionar que, examinando retrospectivamente mi experiencia con los ensayos periodísticos iniciales, las entrevistas y el contenido de las columnas, existe una constante: mi preocupación por la complejidad de lo humano y sus implicaciones.

Recordemos que cultivo el arte de escribir periodísticamente, para posibilitar la reflexión sincera y ansiosa de compromiso con los valores e instituciones que los colombianos hemos construido con tanto esfuerzo; y porque es necesario actuar creativamente frente a la injusticia histórico-estructural. No olvidemos que el ejercicio profundo de la labor periodística nos invita a ejercer un oficio que requiere: constancia, dedicación, cuidado, conciencia crítica y búsqueda permanente de nuevos aspectos de la realidad.

Con las palabras escritas, espero contribuir a “no dejar la humanidad en brazos de la muerte”[i], sino a plasmar reflexiones en torno a los procesos históricos, a nuestra evolución, contradicciones, avances y logros, con una gran esperanza en que los colombianos vamos a ser capaces de profundizar las instituciones democráticas y construir nuevas culturas de paz. Recuerdo ahora que Alberto Lleras nos enseñó -y lo confirmó con su práctica política, ética y periodística- que: “Democracia sin prensa libre no es democracia”.

Han transcurrido 59 años desde que ejercí –por primera vez- mis derechos y deberes como ciudadano y hoy visualizo que, para una Nación con las características históricas de Colombia, la mejor forma de gobierno, es la que quedó plasmada en la Constitución del 91[ii]. Así mismo, la revisión incisiva del intervalo 1970 – 2019 nos indica que –en los tiempos presentes- de la América Latina, soplan vientos que amenazan la institucionalización de la democracia. El desarrollo de las situaciones venezolana y nicaragüense; la elección del señor presidente Bolsonaro en Brasil; del presidente Trump en Estados Unidos, y los avatares político – estructurales contemporáneos de Colombia (21N), nos indican que existen peligros reales para el desenvolvimiento creativo de nuestra democracia.

Complementariamente, pensando en la caracterización de la política colombiana actual, tenemos que: Es notable la falta de presencia del Estado en algunos sectores y regiones del país, “tenemos más territorio que Estado”; existe desorganización y descoordinación intra e interministerios e institutos descentralizados; es notable la configuración elitista del proceso de toma de decisiones políticas, sin participación adecuada de los sectores mayoritarios de la Nación; los partidos políticos tradicionales se encuentran desinstitucionalizados, organizados para contiendas electorales y dirigidos primordialmente por gamonales regionales, deshonestos, astutos e ineptos para la realización de grandes proyectos.

Son otras manifestaciones de la crisis política: falta de líderes con propuestas que congreguen amplios sectores de la opinión nacional; existe deficiente participación política electoral, especialmente en los sectores populares[iii]; algunos grupos de presión, sin conciencia política y responsabilidad histórica con el país; ausencia de formación política en las universidades, excepto en las facultades donde se enseña ciencia política; y reducida participación de la juventud en el proceso político. Y algo realmente nuevo: estamos invitados a pensar en torno a las marchas, los paros, los cacerolazos, especialmente en Bogotá, a partir del 21N.

Reflexionando en torno al conjunto de estos planteamientos, deseo hacer énfasis en que en nuestro país –mas no solo en Él- es indispensable retomar el papel estratégico que el periodismo debe desempeñar para consolidar la democracia e impedir -en la práctica histórica- cualquier forma de dictadura. Ellas han sido nefastas para nuestros pueblos y su desarrollo institucional, produciendo heridas que demoran decenios en sanar[iv].

Frente a la actual crisis del periodismo debemos ser cuidadosos; no hay que ocultarla. Bien sostuvo Javier Darío Restrepo: “Cuán útil que un periódico llegue a ser más importante que el pan. En las crisis, la gente puede vivir sin pan, pero no sin esperanza”. Conviene tener un inmenso cuidado frente al poder seductor del dinero y del poder político; qué constructivo atrapar las historias ocultas de Menem, Fujimori y compañía...

¿Y, en relación con el futuro de los medios de comunicación, qué? Es pertinente hacer críticas constructivas a los poderosos. Los trabajos de los periodistas deben contribuir a crear ciudadanos y a fortalecer la existencia de equilibrio entre conocimiento y técnica. Recordemos a Alma Guillermo Prieto: “Hay que hacer un periodismo vivo, que entusiasme; usarlo con herramientas éticas. Después de prepararse, escribir con palabras motivadoras para mejorar el futuro; él nos debe pertenecer”.

Pensando en el periodismo democrático, se me presenta conveniente tener en cuenta las características que sobre él, señaló José Alejandro Cortés: “Independiente, justo, exacto, honesto, responsable y digno”[v].

¿Cómo surgió mi vocación periodística? Han transcurrido 50 años desde que Javier Darío Restrepo –Director de la Revista La Hora- publicó en los números 59 y 60 mis primeros dos artículos periodísticos sobre: Las revoluciones en América Latina: México 1910; Bolivia 1952; y Cuba 1959. Para aquella época (1969), me encontraba estudiando en Santiago de Chile en la Escuela Latinoamericana de Ciencia Política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en el contexto de un proceso apasionante de transición del gobierno de la democracia cristiana, presidido por Eduardo Frey M. (1964-70), al del Presidente de la Unidad Popular, el socialista Salvador Allende G. (1970-73). En medio de un aprendizaje académico e investigativo -disciplinado e intenso- tuve la oportunidad de ver en la práctica, la lucha política, por la vía democrática, de la evolución del modelo propuesto por la democracia cristiana (Revolución en Libertad) a la vía socialista liderada por la Unidad Popular que presidiría Salvador Allende, a partir de septiembre de 1970.

Así que la recepción de los dos artículos mencionados, fue muy satisfactoria y me recordaron la inmensa tarea que, en diversas instancias, tenía pendiente al regresar a Colombia. Mas también, esas publicaciones me impulsaron adicionalmente hacia la práctica futura de las artes y los oficios de leer y escribir y, sobre todo, a devenir paulatinamente en columnista de opinión.

Regresé a Colombia, retomé mis labores profesionales, académicas e investigativas y, en 1971, me trasladé a Santiago nuevamente, para realizar mi primera entrevista internacional con el señor viceministro de Justicia José Antonio Viera-Gallo[vi], con el título: “La muerte de la imaginación impide el cambio”, que fue publicada el 14 de febrero, en las Lecturas Dominicales de El Tiempo, codirigidas por Enrique Santos Calderón.

Ulteriormente, ante la crisis de los partidos políticos colombianos y su papel frente a la juventud universitaria, preparé un segundo artículo para las Lecturas Dominicales sobre: “Los jóvenes, los partidos y el país”, que fue publicado el 11 de abril del mismo año. El artículo recibió un magnífico apoyo y difusión[vii] y, el momento político en que fue publicado, me hizo reflexionar en la gran responsabilidad de los periodistas de opinión.

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Referencias

[i] Elías Canetti. La conciencia de las palabras, 1981.

[ii] Reléanse cuidadosamente los alcances del Preámbulo de nuestra Constitución vigente.

[iii] Obsérvese la gravedad que, para la democracia colombiana, significó la participación política para refrendar los Acuerdos de Paz en el Referendo del 2 de octubre de 2016.

[iv] Para citar solo un caso, examínense las graves consecuencias que, en diversas instancias, produjo la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, a partir de 1973.

[v] Véase intervención de Gonzalo Celorio en la versión número 34 del Premio Simón Bolívar.

[vi] Viceministro de Justicia del Presidente Allende; Presidente del Congreso de Chile; Ministro de la Presidencia de Michelle Bachelet; y Director del ProyectAmérica.

[vii] Fue carátula de la Revista Universitaria Campus No. 1. Noviembre, 1970.

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