COVID-19: ¿Cuáles son las acciones adelantadas por el Gobierno para enfrentar la pandemia?

hace 11 horas
Por: Jorge Gómez Pinilla

Petro debería reinventarse

A Gustavo Petro la derecha está tratando de crecerlo, y en esa tarea cumplen eficaz papel la periodista uribista Vicky Dávila y sus jefes de Semana: mientras en lo editorial la revista le da palo (ver ilustración), ella le hace condescendientes entrevistas con una frecuencia que ya se torna sospechosa.

 
Gustavo Petro
Archivo

¿Por qué hacen algo que parecería contrario a sus intereses? Porque están convencidos de que Petro es portador de un alto grado de toxicidad, y en tal medida lo alientan como elemento disociador, papel que él mismo contribuye a fortalecer con su discurso beligerante, profundizando así la brecha cada día más irreconciliable entre el centro y las fuerzas de izquierda: en una orilla Petro, en la otra todos los demás: Claudia López, Fajardo, Robledo (Jorge y Ángela), Sanguino, Navarro, Lucho Garzón, De Roux, Angélica Lozano, Goebertus, etc.

En medio de tan enrevesado panorama, las viandas quedan servidas para que de nuevo se cuele la derecha siniestra, la cual por un lado practica “el divide y vencerás” y por otro perfila como su más seguro “servidor” al pintoresco y dinámico Álex Char, conspicuo representante del poderoso clan Char de la alegre Curramba.

Así las cosas, la derecha sigue empeñada en que a Petro se le identifique como un nuevo Álvaro Gómez Hurtado, tres veces infructuoso candidato a la Presidencia, por quien solo votaban los conservadores y el resto del país votaba contra él.

(Y aquí un paréntesis: a Gómez Hurtado lo mataron sus aliados cuando dejó de serles útil y se convirtió en un hombre que sabía demasiado, como explico en el libro que lanzaré en la Filbo 2020, Los secretos del asesinato de Álvaro Gómez).

Volviendo a Petro, podríamos aplicarle el refrán según el cual “al árbol que da más frutos es al que le tiran piedras”. No creo incurrir en error si afirmo que el suyo es el mejor programa de gobierno, y el subpresidente Duque con sus permanentes torpezas no hace sino proyectar sobre su más enconado rival todos los reflectores. Ahora bien, Petro a su vez pareciera incurrir en error cuando se le ve dedicado más a restar que a sumar fuerzas, cazando peleas con todo el que se le atraviese, en plan de ¡muera yo con los filisteos!, como le pasó a Sansón.

Cuando digo desde el título de esta columna que Petro debería reinventarse, sugiero que en lugar de andar de picapleitos podría estar tendiendo lazos de unión, en armonía con los vientos de paz y reconciliación que afloraron desde que las Farc depusieron sus armas. Contrario a esta tendencia, se le ve aplicando la consigna marxista de agudizar las contradicciones, pero ya no con el enemigo de clase sino con quienes en apariencia deberían ser sus aliados, como los recién posesionados alcaldes de Medellín y Bogotá, quizá “apostándole al fracaso de las opciones independientes que han surgido en las elecciones territoriales, a que esas expectativas se frustren y agudicen la polarización que vive el país”, según interesante criterio del abogado y politólogo Ernesto Borda.

A título personal diría que me gustaría ver a Gustavo Petro convertido en presidente, pues creo que él encarna el verdadero cambio o revolcón estructural que requiere el país. En alguna columna anterior dije que “entiendo el temor de (Daniel) Coronell a una eventual presidencia de Petro por los desaciertos que mostró como ‘gerente’ de Bogotá, mientras que mi temor es por su dificultad para trabajar en equipo. Pero, a diferencia de Coronell, yo sí estaría dispuesto a jugármela por Petro frente a Duque, luego de elevar mis oraciones al Altísimo para que haya superado su síndrome de caudillo y entienda que hay gente dispuesta a aportarle, y si acepta que él también puede equivocarse”. (Ver columna).

No es posible olvidar que Petro fue alcalde de Bogotá gracias a la coalición de la que formaron parte amigos suyos como Antonio Navarro, Carlos Vicente de Roux, Daniel García-Peña o Guillermo Alfonso Jaramillo, pero ya posesionado no pudo entenderse con ninguno de ellos. Eso es lo que quienes queremos verlo de presidente esperaríamos que ya hubiera superado. Inclusive nos tomaríamos el atrevimiento de sugerirle que tuviera su propio J.J. Rendón (o sea, un asesor estratégico de imagen) que le recomiende desde cosas en apariencia baladíes como usar una vestimenta más atractiva para el grueso público, o mirar a su interlocutor a los ojos antes que de soslayo, hasta mejorar la redacción de sus trinos.

Gustavo Petro Urrego es al día presente el legítimo poseedor de los 8’040.449 votos que obtuvo en la segunda vuelta, mientras que a Duque no le deben quedar ni tres millones de los 10’398.689 que obtuvo en esa misma elección.

Lo deseable entonces sería que, en lugar de dilapidar tan importante capital político en reyertas improductivas y desgastantes, Petro se dedicara a cuidar esos ‘ahorritos’. En otras palabras, que si de verdad quiere ser el próximo presidente de la República y no quedarse en el papel de eterno opositor respondón, se impusiera como tarea mostrar más talla de estadista que de rufián de esquina.

DE REMATE. Más dudas que certezas quedan tras la grave denuncia que publicó El Espectador el lunes 27 de enero, de donde parece colegirse que los exguerrilleros que fueron abatidos por la policía, porque supuestamente iban a atentar contra Timochenko, habrían sido previamente torturados y asesinados en circunstancias de lugar y tiempo diferentes, para luego presentar sus muertes como el resultado de un exitoso —aunque en realidad falso— positivo. (Ver denuncia).

En Twitter e Instagram: @Jorgomezpinilla

http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/

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