Por: Jorge Gómez Pinilla

Petro o Fajardo: ¿Claudia entre dos amores?

Pese a que la arena política nacional muestra dos tendencias antagónicas —el uribismo y los demás—, en la orilla antiuribista hay una pelotera tan enconada entre sus dirigentes que en la práctica responde complaciente a la consigna “divide y vencerás”, atribuida al emperador romano Julio César: divide et impera.

 
Gustavo Petro, Claudia López y Sergio Fajardo
Fotos: Archivo El Espectador

De todos modos, la consigna pareciera más bien del orden maquiavélico, pues resume la estrategia con la que muchos líderes o gobernantes logran imponerse sobre sus rivales, consistente en indisponer a los unos contra los otros.

Maquiavélico es, por ejemplo, el lanzamiento precoz de Jorge Robledo como candidato a la Presidencia, a tres años de la elección, porque no lo abriga propósito diferente al de ahondar la división en las filas de la centroizquierda, justo cuando acaba de mostrarse partidario de la salida de Uber de Colombia, en sorprendente coincidencia con el gobierno de Iván Duque.

Robledo no da puntada sin dedal, pues del mismo modo que Duque saca a Uber del mercado para que el gremio de los taxistas no se una al paro, a Robledo le sirven esos votos en sus aspiraciones futuras, sea una eventual reelección al Senado o su candidatura presidencial, que de todos modos nació en modo coitus interruptus. (Ver video de Robledo con taxistas).

Pero ahí no paran las coincidencias con el uribismo, porque su aspiración Robledo la bautizó con el rimbombante nombre de Gran Pacto Nacional, lo cual de inmediato nos remite a la Gran Conversación Nacional que Duque se inventó para embolatar las exigencias del Comité del Paro. Coincidente con el uribismo fue también su rechazo en 2016 al impuesto a las bebidas azucaradas, tan llamativo que Semana tituló Gaseosas logran lo imposible: poner de acuerdo a Robledo y Duque. (Ver noticia).

Para entender por qué la candidatura de Robledo encarna ante todo un propósito divisionista, basta aplicar regla de tres: Robledo apoyó a Claudia López a la Alcaldía de Bogotá, quien a su vez apoyó (y sigue apoyando) a Sergio Fajardo a la Presidencia; de otro lado, el mismo Robledo en 2018 declinó su candidatura para apoyar a Fajardo, y en la segunda vuelta coincidió con este en lo del voto en blanco. ¿Por qué entonces ahora pretende atravesársele a Fajardo e ir en contravía de su “socia” política, quien el día de su lanzamiento a la Alcaldía —acompañada de Robledo— alzó el brazo de Fajardo para señalarlo como “el futuro presidente de Colombia”?

Porque quiere sembrar más división de la que ya hay, porque necesita producir un fuerte ruido mediático que perjudique la aspiración de Petro, porque pone su granito de arena para impedir que Petro hacia 2022 siga creciendo, como en efecto ocurre gracias a que el creciente desprestigio del subpresidente Duque terminó por darle la razón al programa de gobierno que el candidato de la Colombia Humana expuso durante su campaña. Programa que, si Fajardo con sus votos hubiera decidido apoyar, habría impedido el regreso de la bestia; pero prefirió ser egoísta y mezquino (como hoy Robledo) y gran parte de sus votos se fueron para Duque.

Hablando de la división que ya hay en el ala antiuribista, genera cierto desconcierto la oposición radical que el petrismo ha desatado contra la recién posesionada Claudia López, pues tiende a concederles la razón a quienes creen que para Petro todo el que no está con él… es uribista. (Ver trino de Daniel Coronell al respecto).

Como ya se sabe —hasta la saciedad—, hoy el eje del desacuerdo entre Claudia López y Petro es el metro. En este contexto cito a una pluma lúcida, la de Enrique Santos Molano (ESM), cuando pone así los puntos sobre las íes: “Como López ganó la elección, y la suma de los tres candidatos (Claudia, Galán y Uribe) que apoyaron en sus programas el metro elevado (ME) arrojó el 81,25% contra el 13% del candidato Morris, defensor del subte, podría decirse que una gran mayoría de ciudadanos se mostró favorable al ME”. (Ver columna).

Luego trae a cuento la abstención, superior al 50%, con la que quizá trata de equilibrar las cargas hacia el petrismo, pero lo que hay en el fondo es la invitación a Petro y a Claudia, de parte de un hombre sensato y ecuánime, a bajarle a la beligerancia mutua (“a Petro y a Hollman no les gusta el metro elevado porque no es el de ellos”), convencido él de que “deponer las animosidades entre dirigentes, afines por su sentido progresista de la política y por su humanismo, marcará el inicio de una nueva era de prosperidad y progreso en la capital”.

En lo atinente al tema específico del metro, el columnista considera que “incluir a la ciudadanía, bien informada en la decisión de cuál es el metro que debemos construir, sería lo que corresponde en una sociedad democrática”. Pero el mensaje subyacente es a que se tiendan lazos de acercamiento entre Claudia y Petro, no de confrontación, y entre los considerandos estaría que en la segunda vuelta la hoy alcaldesa de Bogotá, contrariando al tibio Sergio Fajardo y al sectario Jorge Robledo de su misma alianza, despreció el voto en blanco y prefirió adherir a Petro.

Como ya se dijo aquí en columna anterior, “es Fajardo y no Petro el verdadero elemento tóxico frente a una eventual coalición de fuerzas de la centroizquierda hacia 2022”. (Ver columna). Ya que la candidatura precoz de Robledo obligó a abordar el tema, se requiere para marzo de ese año la convocatoria a una consulta amplia de la centroizquierda, a la que con toda seguridad Fajardo habrá de hacerle el quite, pero a la que se espera puedan concurrir figuras del calibre de un Humberto de la Calle, un Petro o un Camilo Romero, inclusive un Jorge Robledo. 

Espero estar equivocado si digo que a esta Robledo también le haría el feo, porque sabe que lleva las de perder, pero lo definitivo aquí es saber qué decisión tomaría Claudia si Petro depusiera su artillería opositora y decidiera apoyarla, en aras de la convivencia democrática y la reconciliación nacional. ¿Acaso ella se vería de nuevo obligada a decidir entre dos amores, si Fajardo o Petro…?

Llegados a este punto, ya nos tocaría parodiar al gran maestro Klim: Di, Claudia, ¿a quién preferirías?

DE REMATE. Podría parecer monotemático, pero al propósito instructivo de esta columna le casa otra de ESM, titulada “Yo Claudia, una paradoja”, donde dice cosas como esta: “Yo no voté por ella, pero creo que aún no es tiempo de atacarla ni de ahogarla en críticas. (…) La ratificación del antiguo gerente de la EMB tiene sentido si el propósito es el de que responda por las irregularidades en su gestión, como las que ya encontró la Contraloría General”. (Ver columna).

En Twitter: @Jorgomezpinilla

http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/

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