Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Pinky y Cerebro

El lector quizás esté familiarizado con Pinky y Cerebro, dos simpáticos personajes de Warner Bros. y Spielberg. Cerebro vive urdiendo planes para dominar al mundo. Pinky trabaja apasionadamente para él.

Volviendo a nuestro país: yo estoy de acuerdo con los que dicen que Iván Duque no ha hecho muchas cosas malas. También es verdad que no conocemos casi nada sobre sus logros positivos, salvo unas sedicentes maestrías en Harvard. Ambas carencias, y cierta bonachona amabilidad que a mí me parece completamente artificial pero que muchos encuentran atractiva, le dan un aire de familia con Pinky. Como en la caricatura. Y justo como en ella, en realidad lo peor de Pinky es Cerebro: es decir, Uribe. Pero hay tres diferencias importantes. Primero, al Cerebro colombiano la mayoría de los planes le salen bien. Uno de ellos, por ejemplo —el de garantizarse la impunidad gracias al acceso a la Presidencia de Pinky—, está a punto de fructificar. Segundo, tanto Cerebro como Pinky han estado rodeados de matones y asesinos. Tercero, esta es la vida real, no una caricatura.

Y como se trata de la vida real, estamos hablando de apuestas altas. Altísimas. Pinky, por ser quien es y por depender de Cerebro, trata de disimularlo. Por lo tanto, tiene que mentir de manera impenitente. A propósito: he pasado años sosteniendo y explicando que a todas las personas —incluyendo a los políticos, o más bien comenzando por ellos— hay que darles el beneficio de la duda, y considerar por lo menos una vez en serio la manera en que se autojustifican. Pero con Pinky no se puede. Voy a dar dos ejemplos entre los muchos posibles. Primero, Pinky dice que no va a hacer trizas el Acuerdo de Paz. Que sólo le va a hacer unos pequeños cambios. Esta es la misma mentira descarada que sacaron los uribistas durante el plebiscito. Para evaluar su plausibilidad, hago aquí un reto público. Cojan todas las declaraciones de Cerebro, por la prensa o por Twitter, junto con las de la bancada del Centro Democrático, y encuentren UNA declaración positiva sobre el proceso de paz, un momento en que se hayan alegrado por sus logros obvios o se hayan preocupado por las dificultades en que se encontraba. Mi apuesta: no encontrarán ninguna. Ni una solita. Sólo mala fe y veneno. Imposible creerle a Pinky, pues, en este particular. Segundo: que los cambios que le harán al proceso están pensados para favorecer a las víctimas. ¿Lo creen verosímil? Pero si el Centro Democrático ha adelantado una actividad parlamentaria incluso contra esa política de elemental decencia que es la restitución. A propósito: ¿por qué nunca le preguntan a Pinky si acabará o no con ella? Pues pesos pesados de su coalición anunciaron ya hace rato que quieren destruirla. Recuerden que Lafaurie y Ordóñez le declararon la guerra desde el corazón de lo que fuera territorio paramilitar en el departamento del Magdalena. El Centro Democrático ha desarrollado también alguna actividad parlamentaria contra ella. Y Pinky ha usado su lenguaje en código (“respeto de la propiedad privada”, “estabilidad jurídica”) para alinearse en eso con sus asociados. Lenguaje que también es de embustero: pues la defensa de la expropiación a sangre y fuego de cientos de miles de campesinos como un hecho cumplido es una violación de muchos derechos, entre ellos los mismos de propiedad que dice defender, sólo que de la propiedad de las víctimas, no de los victimarios.

En fin: el plan de gobierno de Cerebro, que Pinky implementará, es brutal. Siendo francos: es que le toca. Hay demasiadas apuestas vitales en juego para su coalición. Precisamente por eso no hay voto perdido por Petro. Si éste no gana es muy importante que Cerebro y los suyos sepan que tienen frente a ellos una oposición grande y vigorosa dispuesta a defender los derechos de los colombianos.

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