Por: Julio Carrizosa Umaña

Plata para la guerra

La tragedia de Tumaco, los exguerrilleros que vuelven a las guerras, las ineficiencias en la ejecución de los acuerdos, son en buena parte resultados de la escasez de moneda legal y de la abundancia de fondos para actividades ilegales. La paradoja es que todos esos fondos ilegales se generan en las calles de las capitales de los países que nos exigen que se acabe el narcotráfico.

En la revista Dinero, una importante columnista publicó hace unas semanas sus cálculos acerca de la magnitud de esos fondos generados por la venta de la cocaína producida en la última cosecha, la de las 180.000 hectáreas. Según estos cálculos, es posible que el dinero ilegal producido sea del orden de 35.000 millones de dólares, muchísimo más que todo lo que puede aportar el gobierno colombiano para implementar la pazsi continúa siguiendo las reglas fiscales impuestas por las ideas monetaristas.

Es así como la situación socioeconómica y cultural reinante en los países más ricos, la que genera la demanda de psicoactivos, se convierte en el instrumento que revive la guerra en Colombia. Esa plata para la guerra y la corrupción la pagan en EE.UU. y en Europa los que no pueden resistir sin cocaína su situación personal; la pagan los ricos y los pobres que no aguantan en lo que se ha convertido la vida humana en los países más poderosos, más adelantados, más maravillosos en la historia del planeta.

Esa contradicción fundamental entre la riqueza y el buen vivir ha sido generada por las ideas de las corrientes principales del pensamiento económico y político de la derecha y de la izquierda; la destrucción de la nación colombiana es sólo uno de los ejemplos de las consecuencias de los errores fundamentales contenidos en las “manos invisibles” y las “revoluciones”.

Afortunadamente ya se están iniciando en muchos círculos académicos rebeliones en contra del predominio de las interpretaciones tradicionales de las ideas de Smith y de Marx. Al darle los Nobel de Economía a los pensadores que descubren las falacias del modelo neoclásico y del modelo marxista-leninista, los suecos están tratando de aclarar que las ciencias económicas y las políticas son apenas opiniones, elegantes ilusiones de personas importantes que vivieron hace más de cien años en Europa y en Estados Unidos. Sería bueno que el gobierno colombiano actual, o el siguiente, en lugar de seguir aplicando las verdades institucionales ya fracasadas, les pidiera ayuda a esos pensadores rebeldes para tratar de construir la paz.

•Miembro de Paz Querida

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