Por: Julio Carrizosa Umaña

Pobreza, corrupción y ecología

En esta grave coyuntura nacional el problema ambiental de mayor importancia continúa creciendo en las dos selvas más importantes de nuestra biodiversidad, la del Pacífico y la del Amazonas. Ambos territorios, más de la mitad del país, están hoy y desde hace años en poder de varias bandas criminales; ideologías fracasadas y personajes extranjeros conforman partes importantes de sus liderazgos.

Las comunidades indígenas, afrodescendientes y de colonos que son sus habitantes están siendo avasallados, tratados nuevamente como esclavos hasta el punto que sus hijos adolescentes no encuentran otro futuro que convertirse en bandidos. Los mandos de estas bandas criminales, incluidos los extranjeros, son los que hoy deciden qué se hace en la mitad de nuestro territorio, si se deforesta, si se extrae oro, si se permiten los parques nacionales, si se pesca, si se quema o si se acepta la existencia de indígenas y afros.

El problema no es solo ecológico y político, tampoco puede resolverse desde el ambientalismo tradicional, porque la pobreza y la corrupción conforman un todo con la destrucción de sus ecosistemas. Es una situación integral en la cual lo político, lo cultural, lo social y, sobre todo, lo económico conforman con lo ecológico una situación extremadamente grave.

En columnas anteriores he tratado de explicar cómo las actuales políticas monetarias y fiscales forman parte del problema y por qué existe la posibilidad de modificarlas para que constituyan parte de la solución. Pero son muy pocos los que aceptan que es la presencia de enormes cantidades de dineros ilegales la que financia la destrucción de la selva y la que impide que tengan éxito todos los esfuerzos que se hacen para evitarla.

La mayoría de estos esfuerzos fracasan porque insisten en que es posible, en las condiciones económicas actuales, acelerar el crecimiento legal de las pequeñas economías de colonos y comunidades; tratan de aplicar el modelo neoliberal en medio del auge del narcotráfico y la minería ilegal.

Muchos de mis críticos insisten en que es imposible modificar las condiciones económicas ignorando que en esas circunstancias, guerras financiadas por el crimen, muchos países lo han logrado. Entiendo la situación como el resultado de nuestra santificación de la regla fiscal y de otras normas monetarias y fiscales. Como lo escriben los nobeles Duflo y Banerjee, en contra de las malas ideas, debemos resistir “la seducción de lo obvio …y tener paciencia con la complejidad”.

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